Debemos actuar en defensa propia

La ayuda al prójimo que nos enseñaron en la parroquia, es una antigüedad. Las gauchadas de mi viejo en La Calera son una reliquia. La solidaridad es cosa de románticos. La lucha por la igualdad es catecismo de subversivos y la pelea por un mejor bienestar de las mayorías tufillo de populismo.

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A mí nadie me regaló nada. Todo lo hice con mi esfuerzo. Los que no laburan es porque no quieren. Si no tienen algo mejor es porque nunca fueron aspirantes. Si no estudiaron no tengo la culpa” Y al mismo tiempo: “No se puede salir a la calle. No se puede parar en las esquinas porque se abalanzan para limpiarte los vidrios. No se puede andar de noche. No se puede seguir alimentando vagos. No se puede entrar a algunos barrios de la ciudad. No se puede caminar a la tardecita por la plaza ó ir al quiosco de la esquina”

¿Entonces qué hacemos? ¿Nos vamos a vivir todos a un country, transitamos por calles exclusivas ó viajamos en diferenciales y compramos todo con entrega a domicilio? ¿Ó hacemos algo por los demás para que nuestro barrio, las escuelas y el club de nuestros hijos, los paseos públicos y nuestras ciudades en general sean más vivibles, con menos tensiones y diferencias?

Hace 12 años, en pleno menemismo, con Mariano Grondona y frente a Federico Pinedo (actual dirigente del PRO y presidente provicional del Senado), el cura Luis Farinello les enrostraba a los poderosos e interpelaba a la clase media: “¿Qué hacemos con los pobres? ¿Qué hacemos con nuestros hermanos? ¿Saben lo que es ser pobre? ¿Saben lo que es tener hambre? ¿Saben lo que es salir a buscar trabajo y no hay trabajo y no hay trabajo; que no hay plata para el colectivo y caminar y caminar y caminar?”

 

¿Cuál es la respuesta a la pregunta directa de Farinello, más actual que nunca en estos días con más del 32% de la población bajo la línea de pobreza y el 59% de los menores de 17 años en la misma condición?

Si las ideas neoliberales han calado hondo y el individualismo es parte de la vida cotidiana de parte de nuestra población, como dicen, por lo menos seamos inteligentes y actuemos en defensa propia. No lo hagamos por bondadosos. Seamos profundamente egoístas. Hagamos algo por los pobres si queremos sociedades más apacibles y amigables.

O volvamos a pensar en el otro, a darle una mano al más necesitado, ayudando a generar mejores condiciones de vida y laborales para cordobeses que sufren la exclusión social, como hace el cura Mariano Oberlín en barrio Müller.

“Una sociedad más equilibrada implica que los sectores más ricos estén dispuestos a resignar ganancias… que haya algunos que acepten “pagar por otros”, señala José Natanson en el Le Monde diplomatique – Edición Cono Sur.

“Somos más o menos semejantes y convivimos en un mismo espacio, que es territorial pero también simbólico, histórico, lingüístico y afectivo. Sin la idea de que compartimos un destino colectivo, de que nuestro futuro está de alguna manera enlazado al de los demás, es difícil que los grupos más favorecidos de la sociedad acepten el sacrificio que implica sostener a los que menos tienen” enfatiza el periodista. Y tiene razón…