El correo de Felipe IV

Qué no daría yo por leer un relato de Borges sobre una mujer que mientras escribía y pintaba se prostituía y compartía su cama con los más grandes espías de la CIA y la KGB durante la Guerra Fría: Grisélidis Réal, su nueva vecina en el Cementerio de los Reyes (Por Alejandro Gonzalez Dago)

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Hola Felipe. Apelo a tu discreción y reserva para este correo. Si vas a comentarlo con alguien, que sea con tu abuelo Jorge Arturo ya que esta vez se trata de un correo con algunas cosas de hombres.

En el número 10 de la rue des Rois, en uno de los lugares más bellos de la ciudad de Ginebra, en Suiza, está ubicado el Cementerio de Los Reyes al que la gente común, los plebeyos de a pie, le llama Plainpalais, pero los reyes le dicen Nuestro Cementerio.

Como imaginarás Felipe, el lugar es toda una paquetería, y entre algunos reyes de distintos reinos, allí también están los restos de personalidades destacadas como Jean Piaget (epistemólogo, psicólogo, biólogo, considerado el padre de la epistemología genética, su aporte al estudio de la infancia es único y su Teoría Constructiva del Desarrollo de la Inteligencia también, gran curda bebedor de whisky sin hielo), Jean Calvino (el más grande reformador del cristianismo), Robert Musil (autor de Tres Mujeres), otros reyes de otros reinos difíciles de pronunciar de escribir y de describir, y sólo dos nativos del continente americano.

Para regocijo del inmenso ego que supimos conseguir y de nuestra argentinidad al palo, en tan bello sitio de Suiza donde ni los pájaros con sus píos son capaces de alterar la armonía de las bucólicas mañanas, esos dos nativos son de acá: sí, son argentinos.

Uno de ellos es el maestro Alberto Ginastera, autor de grandes obras como Malambo, Bomarzo, Enigma de Mujer, y Don Rodrigo… Y el otro es Jorge Luis Borges, padre nuestro que estás en las letras. Sobre una lápida de piedra blanca no muy blanca sino más bien de un blanco tiza, bajo un árbol que florece sólo en años impares, está la tumba de Borges.

 

Según un jardinero del cementerio que no quiso dar su nombre, en los últimos tiempos en ese lugar estuvieron pasando cosas raras igual que pasaban en los conciertos del Negro Rada. La primera cosa rara que sucedió, como si hubiese sido una larga metáfora del insomnio, fue la aparición de un avioncito de papel que después de volar quedó incrustado en las ramas de uno de los majestuosos árboles del lugar. Tenía una inscripción: “No corra papá” y estaba firmado por un tal Funes, el memorioso.

Pocos días después de tamaña ironía charrúa, fue visto en las inmediaciones del cementerio un tipo que vestía guayabera amarilla con flores rojas florecidas, zapatos blancos, pantalón blanco, anteojos negros bien chévere, y sombrero de paja levemente inclinado hacia adelante para ocultar la cara. Tenía dos dientes de oro y dos Rolex Presidente, uno en cada muñeca. Cuando le preguntaron quién era y qué andaba haciendo por el lugar, el tipo en cuestión, que era más bien morenito, dijo ser un allegado a Diego y que necesitaba saber si en los últimos días había pasado por allí una tal Claudia averiguando precio por una parcela.

Otro jardinero del lugar, algo más suelto de cuerpo y de lengua que el anterior, de extraño acento al hablar que además se comía las uñas, se quejó de la situación diciendo que el Cementerio de los Reyes ya no era lo que había sido antes porque ahora se había convertido en un bulo; así dijo, un bulo.

El sujeto en cuestión, aunque flojito de papeles identificado como Calixto Medina, contó ante una cámara oculta que de un tiempo a esta parte tan magnífico sitio había pasado de cementerio a ser un aguantadero del reviente allá por el año 2005 cuando al lado de la tumba del autor de El Aleph enterraron a una puta. ¿Qué es una puta, te preguntarás Felipe? Recuerda que te dije que ciertas cosas de la vida las hablaras con tu abuelo. Ahora continúa con el correo.

Según puede leerse en una plaquita de bronce que huele a Channel N°5 y que está empotrada en la lápida de la nueva vecina, se trataría nada más y nada menos que de Grisélidis Réal, la conocida pintora y escritora suiza que entre papeles y pinceles le hacía a la calle sin moverse del bulín porque iba con el primero que le golpeara la puerta.

Nacida en Lausana, Suiza, y criada en Grecia, Grisélidis trabajó de puta en un burdel alemán llamado Shawabing, en la ciudad de Múnich que en alemán se escribe München pero en austro-bávaro se escribe Minga.

Durante los interminables años de la también interminable guerra fría, a ese cotorro baviero acudía la flor y nata del espionaje norteamericano y soviético. Para que no se le mezclara la hacienda y se armara una balacera, Grisélidis aplicaba su ingenio y siempre se hacía negar hasta que dejaba de hacerlo.

Calixto Medina, calificó de arte supremo el poder mutante de la escritora/artista plástica/puta, al asegurar que a los clientes los hacía de goma (sic).

Una fuente que pidió no ser identificada, aseguró que la mujer adelantada al buchonesco oficio de Fariña, reveló algunos de los secretos que sobre sus pechos erectos confesaban los espías. A cambio de la buchoneada considerada servicios prestados a la patria, Griselda, como le llamó Calixto Medina, pidió ser sepultada en El Cementerio de los Reyes de por muerte. El gobierno suizo dijo que sí y allí comenzó el problema con ribetes propios de los ocupas.

Grisélidis Réal, en Ginebra 1993, por Jean Bosserdet

Como todo el mundo sabe, Borges murió en 1986 y desde entonces permanece sepultado en el Cementerio de los Reyes, pero la rubia murió en el 2005, por lo que Medina la calificó como nueva en el condominio (sic).

Según el servicio de inteligencia suizo, el tal Calixto Medina sería un sudaca margineta originario de una ciudad conocida como La Ciudad de Los Pasos Perdidos y Los Grandes Secretos donde Nada es lo que parece.

Su participación como actor de reparto en esta noticia ahumada con acento cordobés, es apenas un velo para cubrir la verdadera razón de una frustración de quién te escribe, Felipe. Qué no daría yo por leer un relato de Borges sobre una mujer que mientras escribía y pintaba se prostituía y compartía su cama con los más grandes espías de la CIA y la KGB durante la Guerra Fría.

Que no daría yo por tan solo hojear un borrador de él acerca del destino de una mujer que aunque ejerciera de puta nunca dejó de soñar con escribir historias como escritora y el hado la premió permitiéndole compartir una medianera de árboles y pájaros con Borges en el Cementerio de los Reyes.

Qué tanta belleza de la narrativa habrá perdido la literatura universal con la partida de aquel que como nadie contó historias de malevos y cuchillos sin jamás haberse envuelto el brazo izquierdo con un poncho para con la derecha sostener el acero.

Ahora que terminó la Feria del Libro en Córdoba con record de ventas en libros porque al parecer la gente está volviendo a leer, el fantasma de Borges anda rondando la plaza San Martín. Y desde el Sorocabana, Salzano lo ve. Imposible no evocar lo bueno que estuvo la Feria del Libro este año. Y sabes qué Felipe: prefiero hacerlo de esta manera y no con una selfie de la Feria tomada con mi celular.