Cosquín, el festival de todos

Desde siempre, uno de los más importantes festivales de América fue el lugar donde todos nos sentimos parte y no el botín de unos pocos. Más allá de su excelente programación y puesta en el escenario Atahualpa Yupanqui, una serie de hechos desdibujaron esa matriz y no hay que naturalizarlo.

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Normalmente para quienes vivimos en Cosquín enero es el mes que nos reúne a todos, donde las diferencias pasan a un segundo plano y nos fundimos en una canción. Pero este año -quizás por primera vez- me costó percibirlo así. Me dio la impresión de que hubo menos espacio para lo diverso, lo rupturista, para aquello que desafía el orden que a las cosas les quieren dar quienes nos gobiernan.

En definitiva el Festiva comenzó así. Un grupo de vecinos, que sabían que les negarían la autorización para cortar la Ruta Nacional 38, asentaron sobre ella un tablado, invitaron a que cada cual traiga su silla y dieron inicio al que hoy se llama simbólicamente el festival mayor de América.

Pero en este enero las cosas no fueron así; se trató de aplacar lo diverso, silenciar las críticas, controlar los discursos, acallar los reclamos. ¿Quizás  el gobierno municipal se cree dueño del festival, de las calles, de las palabras, de los patios?

El derrotero de este año se inició cuando se le negó a Radio Inédita transmitir la edición 58° del Festival. Ni credenciales ni cabina. Una verdadera situación inédita en los siete años de existencia de la emisora, la única de la ciudad que lo transmite. El 3 de enero la emisora lanzó un comunicado:

“El Pre Cosquín no sonará por Inédita ni tampoco por el aire de muchas emisoras que desde 2012 tomaron la transmisión. Aunque hicimos el pedido de acreditaciones y cabina correspondiente, la Comisión Municipal de Folclore no nos habilitó para realizar un trabajo al que siempre le pusimos mucho compromiso y dedicación”.

Luego me tocó ver como en el desfile inaugural le retiraban a un grupo de vecinos un cartel en defensa del monte. ¿Qué nos pasa que no podemos aceptar que dos personas se expresen en defensa de nuestras sierras?

También por primera vez en 7 años no se pudo realizar el “Festival por el Agua, la Tierra y la Vida” porque le impidieron a los organizadores utilizar el predio conocido como “El Tanque”. Impresionante que en la ciudad gobernada por el Socialismo haya espacio para recibir a los dirigentes políticos que están de campaña anticipada pero no para decirles a esos mismos dirigentes que el progreso debe ser con responsabilidad ambiental.

A ello podemos agregarle que los Manseros Santiagueños fueron retirados de la grilla por haber tocado en una ciudad vecina, que después de muchos años se dejó de realizar la tradicional Feria del Libro, que hubo coscoínos a los que se les negó participar en las Exposiciones Culturales, etc.

@ECOSCordoba

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Y finalmente el último domingo del Festival recibimos la noticia de que la policía allanó el Patio de la Pirincha. Se trató del último embate después de una catarata de multas y de la negativa del gobierno a declararlo de interés cultural. Es evidente que la incapacidad de resolver un conflicto de intereses trató de ser solapada con autoritarismo. El “Patio de la Pirincha” es una manifestación cultural diversa que como tal también debe tener su espacio durante el desarrollo de nuestro mayor evento turístico.

Claro que hubo cosas para destacar en esta edición: la programación que se lució sobre el escenario Atahualpa Yupanqui, la puesta en escena en cada una de las noches festivaleras, el trabajo técnico de sonido y luz y la apuesta por artistas a los que antes se les había negado la posibilidad de tocar sobre ese escenario.

Pero la verdad es que no quiero naturalizar que los que gobiernan se crean dueños de todo. Vivimos en una sociedad cada vez más compleja, donde necesitamos caminos que nos unan pero también bosques que nos den agua y aire; donde hay opiniones variadas que tienen que ser igualmente respetadas; donde la diversidad cultural tiene que ser vista como un valor y no como una amenaza; donde se comprenda que la creatividad nace de la libertad de imaginar lo que otros no hicieron.

Cuando un gobierno tiene que recurrir a la censura para eliminar aquello que le molesta es porque se siente incapaz de lograr un gran consenso que nos permita crecer a todos como comunidad. No hay por qué negar que somos diferentes. Tiene que haber espacio para todos y esos espacios se consiguen aceptando al otro como viene y con la convicción de que incluirlo es más valioso que censurarlo. Por eso rechazo todos los actos de autoritarismo de este enero y deseo que nunca más vuelvan a pasar. El Festival tiene que seguir siendo ese lugar donde todos nos sentimos parte y no el botín de unos pocos.

Lisandro Lícari, Concejal PSol de Cosquín y Comunicador Cooperativo

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