Acercamiento al corazón de Córdoba

El Paseo Sobremonte

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No sé por dónde comenzar. La sinceridad brutal de una hoja en blanco que se quiere quedar a dormir. Por cuál punta se empieza a comer el pan francés. Por cuál costado una mujer deja descarrilar el cuerpo de un amor sin afeitar. Por dónde se empieza a tocar el día. Con cuál parte del cuerpo lo besamos. Cuán invencibles pueden ser los recuerdos que aún no conoces. Cómo empiezo a escribir/describir al Paseo Sobremonte.

Una de las mañanas de febrero, por el calor, me refugié en la oscura generosidad de una sombra mientras mi perro Uriel corrió, saltó y se metió en el agua de la fuente. Cuando lo rescaté de la calle, hace un par de años, mi vecina me dijo “llevalo a la plaza de los perros”. Ante mi consulta sobre la ubicación exacta de ese lugar me señaló lo que alguna vez fue el paseo “La Alameda”.

Ese espacio fue mandado a construir por el ex gobernador- intendente Don Rafael Núñez Castillo (más conocido como Marqués de Sobremonte) en 1783, con el propósito de regular la distribución del agua para riego de las quintas conlindates.

“El espacio elegido para la construcción fue una cuadra de 150 varas, ubicado frente a la Quinta de Don Pedro Lucas de Allende, donde Sobremonte hizo excavar el terreno para almacenar el agua con el objetivo de distribuirla metódicamente… Y para contener la tierra sacada de la excavación dispuso levantar paredes de material en sus cuatro frentes”, indica el relato oficial.

Como dijo Domingo Faustino Sarmiento en su famoso libro “Facundo” el lugar era “una prisión encantada”. Desde sus comienzos hasta el día de hoy, caminar hacia su centro es como ir descendiendo paulatinamente hacia el amor.

Pibes en un rincón. En otro rincón. En aquel rincón. Y en este rincón. Donde haya pibes hay amor. Donde haya pibes hay juventud y futuro. La definición sobre “qué es” ser un pibe excede la cuestión generacional o etaria. Ser pibe es entregar con una sonrisa. Ser pibe es abrazar a los géneros y hacerlo uno solo. Ser pibe es andar con una certeza: todo está aquí y todo está por conquistarse. Ser pibe es cambiar los colores de los ojos para siempre mirar distinto. Ser pibe es desayunar con los huesos y besar con el corazón. Ser pibe es solidaridad. Ser pibe es escupir a los tormentos guapos con una tremenda carcajada.

Entonces, ¿”la plaza de los perros” puede transformarse en la “plaza de los pibes”? Entrar en la confinación de un término para la descripción de este lugar histórico sería un error. Por lo pronto se encuentran mascotas, pibes, mates, gente que toma sol, otros que pasan la noche en finos o en improvisados colchones y hasta algunos que aprovechan sus espacios verdes para una “siestita”. La variedad hace a la excelencia de lo inigualable.

Ni el clima ni el horario pueden interferir en una relación que se construye en el primer minuto que pisás su césped, armás tu espacio para el picnic, soltás al “Bobi”, y hasta te encontrás con artesanos y músicos que se acercan con mucha soltura a entregar sus conocimientos, su pasión, su arte a cambio de atención, y claro, una ayuda nunca viene mal. No obstante, si te olvidaste de la comida siempre te encontrás con vendedores que salen con su heladera, bolso y/o bicicleta ofreciendo distintas variades gastronómicas para el mate.

El Paseo Sobremonte es una atracción turística: un espacio obligatorio para aquel que no conoce la ciudad capitalina. Ya sea ingresando por 27 de Abril, Cañada, Caseros o Arturo M. Bas su encanto se hace presente, a pesar de algunas de sus deficiencias que pueden interferir momentáneamente en el enamoramiento a primera vista. Sin embargo, para cruzar a Córdoba y su corazón siempre tenes que cortar camino por este lugar.

Matías Díaz (locutor nacional / periodista)