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8M : Entre la lucha popular y los sectarismos

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El Paro Internacional de Mujeres de este año ha dejado muchos puntos fuertes para destacar, como fue la magnífica y majestuosa participación de mujeres en la edición 2018. Quedó demostrado que la mujer logra dar disputas significativas al sistema capitalista y machista que la viene oprimiendo desde tiempos remotos. Por otro lado, el feminismo comienza a tener un grado de mayor participación política, como lo es el caso de Córdoba, en donde pese a la existencia de una estructura cultural machista y conservadora, la militancia femenina se multiplica y fortalece en la escena política.

Sin embargo, creo que hay que comenzar a poner la vista también en otras cuestiones que hacen a los límites que por lo menos para mí tenemos en la organización de acciones masivas del campo popular. Ya sé que puede parecer “políticamente incorrecto” que un hombre opine sobre la cuestión, pero hace tiempo decidí ejercer mi derecho a militar y opinar en la comunicación popular.

A diferencia de nuestra ciudad (donde la columna de dirigentes y militantes de las organizaciones sindicales prácticamente marchó al último) en la Provincia de Buenos Aires, el colectivo que organizó el paro nacional de mujeres, le reconoció el espacio y el rol que cumple, histórica y coyunturalmente, la rama femenina del sindicalismo.

Si lo ocurrido en Córdoba es producto de actitudes sectarias, que dividen, separan y alejan a las representantes de la clase trabajadora, todavía hay un trecho por recorrer en la lucha contra el sistema patriarcal y machista que sufren nuestras compañeras. Estas prácticas expresan -calculada y sutilmente- concepciones históricamente gorilas y especulaciones y mezquindades del antiperonismo progre/neofubista. Son la recurrente demostración de conductas funcionales al neoliberalismo y al imperio, que “aparatea” la legítima y dignísima lucha de las mujeres, en Córdoba, Argentina y el mundo.

En primer lugar, es importante viajar por la historia para comprender el rol fundamental de los y las trabajadoras/es organizados/as, unidos/as por un programa de Gobierno Nacional y Popular, peronista. Los hombres y mujeres trabajadores deben tener el reconocimiento y la valoración por el resto de la Comunidad. Ni hablar de los dirigentes gremiales, más allá de los y la/os traidores/as de siempre, ni de sus bases quienes ponen el cuerpo y a veces la cara para defender no solo el derecho de sus conducidos/as, sino, también, de muchas que se abrazan con pasión a demandas legítimas del movimiento feminista.

Desvalorizar y ningunear el trabajo y la representación de las mujeres gremialistas, es desconocer la historia de nuestro país; ya que la misma siempre estuvo arraigada en el movimiento obrero y consiguieron de la mano de una compañera como Eva Perón, ser el símbolo de auténticas luchadoras por los derechos de la mujer.

Aún existen actitudes soberbias, clasistas y sectarias, por parte de sectores identificados con ciertas expresiones universitarias de clase media que se auto-proclaman feministas y quieren imponer la propiedad privada de sus agendas de clase y el supuesto status de liderazgo del caso.

Insisto nuevamente, en que mi critica es política y que no busca resaltar alguna oposición a la movilización. Pero es necesario que se hablen estas cosas y se den lugares para discutir este tipo de situaciones, para avanzar, para mejorar y para realmente trabajar la unidad del movimiento como genuina expresión de las demandas de las mujeres y del pueblo.

Los medios de comunicación en complicidad directa o indirecta con sectores de izquierda -radicalizados en su postura anti sindicalismo- y el neoliberalismo, lograron desprestigiar la clase política y la clase obrera, más allá de las responsabilidades propias que nadie niega ni elude.

Los medios tratándolos de corruptos y la izquierda de burócratas, como en el Cordobazo, no solo a Elpidio Torres, sino, también, a Atilio López y al Gringo Tosco. Esto solo le es funcional al Imperio y la Oligarquía, porque confunde al pueblo y divide al Movimiento Nacional

En el sindicalismo de Córdoba cuando finalmente las mujeres logran ocupar espacios de dirección fundamentales para la construcción de poder popular, comienzan a ser desprestigiadas al principio para intentar desplazarlas del plano merecido que tienen en la vida política de la Provincia.

Un ejemplo es el de la dirigente sindical Ilda Bustos quien ha tomado una clara decisión política de estar del lado de los/as trabajadores/as, y que ha defendido los derechos de los/as mismos/as desde hace años; muchísimo antes que aquellas que se dicen dueñas de la verdad y que creen tener el poder de decidir quién es digno de encabezar o no una movilización popular.

Podría seguir citando ejemplos como en el caso de Mariana Mandakovic, primera representante sindical mujer en un gremio que defiende los derechos de trabajadores de la comunicación en el mundo liberal del periodismo.

Mariana Mandacovik (Cispren)

Ilda Bustos (Gráficos)

Lamento muchísimo saber que también la responsabilidad recae en aquellos formadores académicos que en vez de despertar o generar una conciencia de clase trabajadora , busca diferenciarse por encima de la misma . Sin embargo , la discusión sobre la Universidad y los contenidos con los que nutren a cientos de jóvenes amerita otra discusión y debate aparte.

Por ultimo , es necesario recalcar una auto critica que sirva para la construcción de nuevos consensos programáticos que contribuyan con la unidad de todo el Movimiento Nacional y Popular y en este caso , la unidad de las mujeres en la lucha contra el machismo

Misael Ilenich / Imágenes y video Mordisquito