Canadá y los Hip

Homenaje al rock canadiense: un estudio sobre el federalismo de ese noble país, una novedad de Netflix y la banda de Kingston, Ontario, The Tragically Hip.

Buscar Por

h

Hace años, por encargo del querido Raúl Hermida, realicé un estudio sobre el federalismo canadiense que apareció en alguna edición del Balance de la Economía Argentina (que publica anualmente la Bolsa de Comercio de Córdoba). El paper me ayudó a interiorizarme sobre aquel noble país, que comparte con la Argentina el erigirse en extremo continental, y con el cual algunos se empecinan en encontrar puntos de encuentro sociohistóricos y aún económicos o geopolíticos.

Desde entonces seguí con más interés el devenir de la otrora “Provincia del Canadá”, en sus diversos ámbitos; y así me entregué con entusiasmo a una novedad de Netflix para la temporada 2018: el filme Long Time Running (13+, 1:35 m), estrenado en las salas de América del Norte durante setiembre de 2017, que recorre la gira 2016 de la reconocida banda de Kingston (Ontario) The Tragically Hip.

The Hip, como habitualmente se los conoce, comenzó su andar hacia 1984. Mezcló amistades y relaciones universitarias en un combo adolescente y suburbano que se afirmó tocando covers, adoptando su integración definitiva, jamás alterada, en 1986. Eran buenos tiempos para el metal, con Scorpions, Saxon o Judas, pero también sonaban U2, The Cure, TheSmiths, Def Leppard o MidnightOil. De todos parecen abrevar los Hip.

Tras un EP intrascendente (The Tragically Hip, 1987), alcanzan el éxito en Canadá con Up to Here (1989); logrando una faena formidable, con 14 álbumes de estudio (el último de ellos es Man Machine Poem, 2016), nueve de los cuales debutaron en las listas alcanzando el puesto número uno del ranking nacional. Dos discos en vivo, varias películas, 14 premios Juno (otorgado por la Academia de Música canadiense), el ingreso al Salón de la Fama del Rock en su país y sellos postales en su honor, son parte de su vasta cosecha.

Pero semejante récord, en un país que pesea su prestigio e inserción global y vasta geografía (segundo territorio soberano del mundo), no es un gran mercado discográfico (posee alrededor de treinta millones de habitantes), le dice poco al mainstream.

The-Tragically-Hip-long-time-running-blog-header-photo-courtesy-of-thetragicallyhip-(Instagram) Última gira.

¿Cómo es que The Hip no siguió el camino del NAFTA? Muchos son los canadienses que conquistaron el mercado norteamericano, atravesando la blanda frontera: figuras como Paul Anka, personalidades de la envergadura de Leonard Cohen, leyendas como The Band o Rush, solistas célebres y diversas como Celine Dion, Joni Mitchell o Alanis Morrisette, ídolos pop como Brian Adams o Justin Bieber, héroes de la guitarra como Neil Young, o bandas modernas como Arcade Fire.

La película, nos ayuda a entenderlo.

El film

Su comienzo, ilustra la secuencia más dramática en la historia de los Hip. Envidia del guionista más consumado, entregada por la más pura realidad. En una conferencia de prensa, seguida en vilo por miles de fans desde sus laptops o celulares, un tenso jefe de servicio médico confirma la dolorosa noticia: Gord Downie, frontman de los Hip, 52 años, padece cáncer cerebral. Terminal. Anuncia el galeno que pese a ello, el grupo -por expresa iniciativa de Downie- hará una gira de despedida.

Los primeros en mostrar su reparo son los compañeros del vocalista. Conociendo los entretelones del oscuro camino transitado por su colega en la fase previa al diagnóstico, los avatares de la cirugía y terapias específicas para el padecimiento neoplásico -de hecho su compinche Paul Langlois (guitarrista rítmico de Hip) es puro dolor recordando aquellos días-, el grupo estaba aterrado por un desvanecimiento, caída o algo peor en pleno escenario, retratado y enviado al ciberespacio en un segundo por miles de celulares, difuminando el grueso volumen de una intachable trayectoria artística notablemente lograda.

Pero el tesón de Downie, principal autor y compositor de Hip, su amplia disposición y esfuerzo para reaprender cientos de partituras, encontrar ritmo en la interpretación y alternativas para suplir una memoria que se fue -con un importante pedazo de su cerebro enfermo-, en la última cirugía, finalmente tuercen el brazo.

Downie y otro famoso canadiense, Neil Young

La banda ensaya. Tímidamente esboza ritmos otorgando espacio a Gord. La batería de Johnny Fay y el bajo de Gord Sinclair sólo sugieren, respetuosos de la desesperada búsqueda del cantante. Las eficaces guitarras de Langlois y Rob Baker aportan un respaldo mullido, y el pelado sale de la oscuridad, empieza a acertar, se va poniendo en forma. Está achicharrado por los rayos y la quimio. Pero embiste, una y otra vez. Sus amigos apoyan.

Un grupo del nivel de Hip, original sin desesperar por la novedad, productivo sin sobre ofertar y afecto a las giras pero teniendo qué decir, no dejará detalles librados al azar. Se ensaya rigurosamente cada pieza, de una lista muy amplia que recorrerá todos los discos. Cada concierto será cuidadosamente preparado, en todos los aspectos. Downie utilizará seis teleprompters para repasar las letras en vivo, más un servicio de seguridad y emergencia ante la mínima descompensación. Bajo la tutela del cirujano que autorizó la participación de Gord en los conciertos; sin el protagonismo del recordado sicólogo de los Metallica en el film Some Kind of Monstes (2003) pero presente como el ojo que todo lo ve.

La recorrida es extenuante, pero triunfal. Y su trama musical, que es la historia de millones de canadienses de a pie, se entremezcla en las imágenes, entre retazos de shows, reflexiones de músicos y crew, y la propia confesión de Downie (quien falleció en octubre de 2017).

El público los adora. Porque Gord respira Canadá en cada estrofa. Escribe y canta en clave canadiense. Su voz recorre territorios destemplados, motiva a francófonos y anglófonos a pensarse integrados, evoca dramas de la Canadá intolerante e insensible frente a las primeras naciones (nuestros pueblos originarios), ancla en asuntos entrañables, profundos, locales.

Se recrea con el surf y el hockey. Se enamora en ciudades del interior y se preocupa por los territorios del aterido norte. Y entonces se entiende que los miles que siguieron esos conciertos, los millones que vieron en todo el país, la presentación final televisada desde Kingston por la cadena nacional -con la presencia del premier Justin Trudeau, fan de los Hip-, estaban cerrando, junto a Gord y el grupo, un sensible y extenso capítulo de sus propias vidas.

Recital – Kingston – Ontario (AP)

Como si la electricidad y el vértigo no nos hubieran arrancado en una de tantas noches caraqueñas a Cerati. Como si la oscuridad y el asfalto cualunque no se hubieran llevado de sopetón al Carpo. Como si aquel maldito cáncer le hubiera dado una ventana de oportunidad al Flaco. Y hubiésemos tenido la oportunidad de planificar, junto a ellos, términos y códigos para poder decirnos hola, gracias y adiós.

Rock e identidad

En un país que estrenó bandera hace poco más de cincuenta años, diseñado federal aunque parlamentarista y súbdito del Commonwealth por una potencia hegemónica que no quería volver a sufrir con sus colonias de América del Norte. Que albergó problemas de convivencia que rozaron el separatismo -resuelto democráticamente en los ‘90-, que en medio del confort se sabe tan aislada como sola, el sonido Hip le aporta identidad nacional a Canadá.

Parte del hemisferio Stone, aunque en sus discos agrega capas y pinceladas de blues, rock, country y aún del pop sofisticado que bien llevaban en la época INXS o REM; dos guitarras para disfrutar y una base rítmica de alta escuela, se amalgaman con la voz raspada y fermentada de Gord; que arranca en los ´80 con melenita mod pero alopecia mediante va adoptando un look muy Corgan – frontman de The Smashing Pumpkins – o Garrett -aquel de MidnightOil-, convergencia que en ambos casos va más allá de la apariencia.

Hay muchas canciones: Courage (la más conocida: “la tragedia humana / consiste en la necesidad / de vivir con las consecuencias / bajo presión), Bobycageon, Nauticaldesaster, No threat, Blow at high Doug (“tienes que recordar que cuanto más inteligente sea / más inteligente irá”), Grace Too (muy celebrada en vivo: “las reglas secretas del conflicto son difíciles de respaldar / cuando la aparición del conflicto se encuentra con la aparición de la fuerza ), Gift Shop (la hermosa calma del peligroso tirón / que nos hace sentir pequeños / y después de un vistazo en la cima / el resto del mundo se convierte en una tienda de regalos), Aheadby a century, Fieddls Green, New Orleans issinging, Fully Completelly, Long time running (el meteorólogo mojó los dedos en el cielo / los asoma, los saca / no sabe por qué) … Canciones para un país joven que busca su identidad entre atavismos británicos, contradicciones francófonas y un vecino todopoderoso de asfixiante potencia.

Finalmente aquel viejo rock and roll pudo ser absorbido, primero por Inglaterra y luego por el resto, como un lenguaje planetario, del cual cada país tomó lo que pudo, con puntos altos y bajos. En ese proceso, los Hip hicieron, sin duda, un gran trabajo. Entre tantos elogios que recuperamos mediante la red, nos quedamos con la expresión del historiador musical Alan Cross -citada por el diario El País- que dirá que a cada ciudadano que jura la bandera canadiense se le debe entregar un disco de The Hip. O la del especialista mexicano Wenceslao Bruciaga, quien afirmará que “la música de los Tragically posee los acordes perfectos para sobrevivir a las causas perdidas”.

Downie con el premier canadiense Justin Trudeau

En los conciertos finales, la banda se las arregla, se amuchan en el escenario como en los primeros shows, cuando los escenarios eran muy pequeños. A Gord no le sobra nada. Cantará que nació sin el genio del mal, y por tanto es un hombre común, que se consume minuto a minuto. Las secuencias finales del show en Kingston conmueven sinceramente.

Se quedará solo frente a la multitud que no lo quiere dejar ir, por largos minutos. Y finalmente sentenciará que la noche se está yendo; aunque intenten captarla en miles de aparatos, indefectiblementese irá, y está bien que así sea. Sonreirá el bajista Sinclair y dirá que como en el matrimonio, para estar juntos simplemente no hay que separarse. Afirmará el virtuoso Rob Baker que al último compás, siguió el inexorable vacío del final.

Desde aquella noche de Kingston, los Hip fueron homenajeados en muchas oportunidades, incluso por el Estado canadiense; siendo votados como mejor grupo de rock y disco del año en 2017, por la Academia de Música nacional. Al fallecer Downie, Justin Trudeau expresó oficialmente y con acierto: “somos menos país sin él”. Evocando, muy emocionado, los trazos de su poesía y sus preocupaciones sociales.

Sin duda, al viejo paper sobre el federalismo canadiense, aunque honesto, le faltaba letra (y música) por consultar. Salud, inolvidables The Hip.

José Emilio Ortega (Profesor U.N.C.)