Lula, los jóvenes y Latinoamérica

"Si lo conseguí sin diploma universitario, sin padre rico ¿por qué un joven debe desistir? Si cree que la política está mal, entre a la política y trate de ser el militante o dirigente político que sueña para Brasil".

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A cuántos jóvenes sacó de la pobreza? ¿A cuántos les brindó la posibilidad de estudiar un oficio ó una tecnicatura en los cientos de institutos de formación técnica que inauguró en ese país/continente en sus presidencias? ¿Cuántos jóvenes pobres y negros, sobre todo del norte olvidado y explotado, pudieron pisar por primera vez una Universidad y fueron los primeros profesionales, académicos o investigadores de sus familias? ¿Cuántos pudieron tener un salario digno, un trabajo estable, una vivienda, una puerta abierta hacia su progreso personal y familiar por primera vez en la historia de la quinta ó sexta economía del mundo?

Ese obrero metalúrgico que cuando niño no conoció el agua potable, que terminó siendo presidente de Brasil por 8 años, que se fue con el 80% de imagen positiva porque inauguró más escuelas y universidades que todos los otros juntos y sacó a 28 millones de la pobreza, hoy está preso.

Latinoamérica muestra síntomas de una enorme debilidad democrática. A pesar que sea utilizada por la derecha y las oligarquías locales para desestabilizar desde el llano ó profundizar la desigualdad desde el poder, es la única herramienta que tienen los pueblos para defender sus derechos. La cuestión es cómo radicalizan la democracia para que no se vuelva elitista y autoritaria.

En el 2008, Paraguay fue escenario del ensayo de una derecha que comenzaría a ganar terreno y daría un golpe parlamentario al entonces presidente Lugo de línea tercermundista. En 2010 la democracia de Ecuador parecía entrar en colapso por el fallido golpe de estado que el esfuerzo mancomunado de dirigentes regionales impidió. En Bolivia, Evo Morales fue víctima de varios intentos desestabilizadores, lo mismo ocurrió en nuestro país; y ni hablar de Venezuela y su situación de inestabilidad permanente acicateada desde el Norte para voltear la “revolución bolivariana”.

Brasil también está sufriendo las consecuencias de esta efectiva presión de las derechas que buscan detener los avances soberanos y de inclusión social de nuestra región y volver así a las economías y políticas dependientes de los grandes centros financieros del mundo. Desplazaron a Dilma con un golpe parlamentario y ahora quieren impedir que Lula vuelva a la Presidencia con un golpe judicial.

Sin embargo, a pesar de los retrocesos, no todo está perdido. Más allá de la necesidad que los partidos y movimientos populares de la región busquen estrategias comunes frente a la derechización de los gobiernos, la persecución a Lula y ahora su encarcelamiento han puesto en evidencia la resistencia y movilización de buena parte de la sociedad brasileña.

Ahora bien, quien fuera estrecho colaborador de Lula y dirigente del PT, José Dirceu, se pregunta desde la cárcel: “¿Tenemos fuerzas políticas y sociales para, en el corto plazo, retomar el gobierno y realizar las reformas estructurales que el país demanda para salir de la actual crisis sosteniendo democracia, soberanía nacional y Estado de bienestar social? ¿Y también sin retroceder a un pasado donde el crecimiento siempre fue sido sinónimo de concentración de la renta y aumento de la pobreza, del autoritarismo y conservadurismo?”.

Y sigue: “¿Cómo contrapesar y contraatacar la ofensiva liberal política, cultural e ideológica, a través de los medios de comunicación? ¿Qué perspectiva presentamos para la juventud movilizada y en la lucha, para las innúmeras iniciativas de diferentes sectores de la oposición fuera de nuestro espacio sindical y social, de la CUT, MST, MTST y tantos otros, como el Levante, la Consulta Popular, el Fora do Eixo, las Frentes Democráticas de Juristas y Abogados, las iniciativas culturales y el crecimiento del movimiento estudiantil anti-Temer y Golpe?”.

Desafíos que Lula ahora encarcelado y sus seguidores deberán enfrentar en este momento de desembozada actitud judicial proscriptiva, de contrareforma del “usurpador” Temer y de chantaje golpista por parte de algunos militares brasileños.

Fernando Haddad

Ciro Gomes

Si Lula es proscripto, las fuerzas de izquierda tienen algunas alternativas por dentro y fuera del PT. El ex alcalde de San Pablo, Fernando Haddad (55 años) y el senador Luiz Lindbergh Farias (48 años), aquel líder estudiantil del movimiento contra Fernando Collor de Mello, en las filas petistas. O el ex gobernador de Ceará, Ciro Gomes (60 años), ex ministro de Lula y actual candidato por el Partido Democrático Laborista (PDT).

Y dos candidatos emergentes que este sábado estuvieron junto a Lula en su último discurso desde el sindicato metalúrgico: el líder del Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST), Guilherme Boulos (de 35 años) del Partido Socialismo y Libertad (PSOL) y la legisladora de Río Grande Du Sul, Manuela d’Avila (36 años), candidata por el Partido Comunista de Brasil.

Guilherme Boulos

Manuela D’Avila

“Tengo 71 años y no quiero desistir. No desistí de sobrevivir al nacer en una región donde muchos niños mueren antes de completar cinco años. No desistí de organizar a los trabajadores durante la dictadura. Construí con mis compañeros el mayor partido político de América Latina y fui presidente del Brasil por dos mandatos. Si conseguí todo eso sin diploma universitario, sin padre rico, ¿por qué algún joven debe desistir? Si usted cree que la política está mal, entre a la política y trate de ser usted mismo el militante o dirigente político que sueña para Brasil”, expresó Lula.

“Aprendí que el pueblo brasileño es de una gran fuerza y una gran generosidad, y que no se puede gobernar el país desde Brasilia, desde la Avenida Paulista o desde la zona sur de Rio de Janeiro. Para alguien que vive en esas regiones, un programa como el Luz para Todos puede no significar nada. Pero llevó energía, trajo al siglo 21 a millones de brasileños. Sin luz, un joven no puede estudiar. Sin alimentarse, sin una buena merienda en la escuela, el joven no puede estudiar”, advirtió.

La última caravana de Lula se inició en la universidad de Unipampa en la provincia de Bagé, fronteriza con Uruguay. Lo acompañaron Pepe Mujica y Correa.

En la Universidad Estatal de Alagoas (UNEAL) le entregan el doctorado honoris causa (AL)

Y agregó: “Creamos el Programa de Adquisición de Alimentos, que apoya al agricultor local y refuerza la merienda con comida saludable, hoy eso está siendo destruido. El niño tiene que comer, pero también tiene que tener ropa para ir a la escuela. El [programa] Bolsa Familia exige que para recibir el beneficio, el niño frecuente el aula de clases. Sin transporte, un joven de la zona rural no puede estudiar. Creamos el programa Caminos a la Escuela, que llevó buses escolares por el interior de Brasil”.

“Sin agua, ¿cómo se puede vivir, todavía menos estudiar? Instalamos millones de cisternas en el sertão [región semiárida del nordeste brasileño]. Y si no tiene facultad próxima, ¿cómo estudiar? Ampliamos las universidades, los institutos federales de enseñanza, las escuelas técnicas, llevándolas para el interior. Fueron centenas de nuevas extensiones universitarias en todos los estados del país. Bahía tenía solo una universidad federal, hoy tiene cuatro”, acotó Lula, el metalúrgico que como Presidente creó más universidades que ninguno en Brasil.