Crisis cambiaria y el impacto en Cambiemos

Los últimos estudios de opinión pública dan cuenta del agotamiento del discurso de la “pesada herencia”: ante la consulta por la responsabilidad de la crisis económica, la mayoría cree que la culpa es del gobierno.

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El pasado 16 de mayo, el presidente Mauricio Macri anunciaba el fin de la crisis cambiaria, con un dólar a $ 24,80. Poco más de un mes después, con una pérdida de reservas de 15 mil millones de dólares, la salida de Federico Sturzenegger del BCRA y el dólar por arriba de $ 28 y buscando todavía su techo, Macri sigue buscando su piso en las encuestas y cambiando ministros.

El impacto de la crisis cambiaria en Cambiemos es evidente y agrega desgaste al que ya venía provocando el “issue” FMI: según un estudio nacional de la consultora D´alessio IROL/Berensztein, para el 65% de los electores argentinos la corrida cambiaria afecta la imagen del gobierno en gran medida; para el 29% la afecta en alguna medida, y sólo para el 5% no hay afectación (un 1% ns/nc).

En tanto, un estudio realizado en provincia de Buenos Aires en mayo por la consultora Analogías detectó que casi el 58% (56,7%) de los bonaerenses no creía que el gobierno lograría parar la corrida cambiaria, contra casi un 26% (25,8%) que sí (un 17,5% respondió que no sabe). Así, el desgaste de la corrida cambiaria se acumula con el generado por el tema FMI.

Según encuesta de la consultora Taquion/3puntozero en mayo, para casi un 48% de los electores argentinos el anuncio del pedido de ayuda al FMI hizo empeorar su imagen del gobierno, contra apenas un 13,2% de mejora; en el restante 39% no hubo cambios.

Ante la duda si la crisis económica puede impactar (o no) en la vida cotidiana, sólo un 4,3% cree que no le impactará en su economía familiar.

Un 83,4 % cree que la crisis le afectará mucho o algo, con un 62,2% inclinándose por la posición más extrema. Además, un 8,8% cree que la crisis “le afectará algo”. El estudio de la consultora se realizó entre el 8 y 10 de mayo, mientras los alcances del acuerdo con el organismo internacional aún no conocían.

En esa semana, el jefe de la cartera de Hacienda, Nicolás Dujovne, aseguró que “el Fondo Monetario Internacional no es el mismo que hace 20 años”, afirmación que tampoco tuvo una gran aceptación: más de la mitad (51,1%) estuvo en desacuerdo con Dujovne, que logró sólo un 23,4% de acuerdo.

Otro dato clave. Ese estudio también confirmaba el agotamiento del discurso de la “pesada herencia”: ante la consulta por la responsabilidad de la crisis económica, un 53,3% cree que la culpa es del gobierno nacional; mientras que sólo un 12,4% le achaca la responsabilidad a la oposición. Sólo un 9,8% culpa a la “herencia recibida”. Además, hay un 15% que cree que la responsabilidad es de “otros” y un 9% “no sabe de quién es la culpa.

Por su parte, profundizando en esa línea interpretativa, el estudio de la consultora Marketing y Estadística registró que el 51,2% de los argentinos cree que estaba mejor económicamente con la gestión anterior de CFK, contra un 26% que se siente mejor con la gestión actual: es decir, casi el doble se inclinó por el gobierno que terminó en diciembre de 2015. Lo más destacado es que dentro de los electores cercanos a Cambiemos, casi un cuarto (24,3%) se inclinó por la gestión CFK antes que por la de Macri.

La consultora Ricardo Rouvier y Asociados detectó en mayo que la gestión del gobierno superó el 60% de imagen negativa, con una positiva de casi 34%. Eso implicaba el piso de valoración favorable y el techo de desfavorable en la serie evolutiva. También, las expectativas económicas negativas duplicaban a las positivas: 50,2% a 24,3%

Asi, los datos confirman el desgaste del “mayo negro” en el oficialismo.

Norman Berra, consultor @berranorm20

Otra vez en manos del FMI

Para cobrar dimensión del “salvataje” anunciado por el gobierno, cabe señalar que el mismo equivale al 77% de los préstamos del FMI a la Argentina en casi cuatro décadas. Medido en dólares constantes de 2017, entre 1980 y 2017 los desembolsos del FMI acumularon U$S 65.058 millones de dólares.

Los condicionamientos que se imponenen se pueden resumir en dos palabras: más ajuste. En efecto, las principales metas consisten en el acortamiento del plazo y la profundización de la reducción del déficit fiscal, que en el contexto de previsible enfriamiento de la economía solo puede significar reducción del gasto público. Esto se traduce en menos obra pública (y menor actividad en los sectores vinculados), menos transferencias a las provincias (con las resultantes dificultades para cubrir los gastos de educación, salud y administración), menores gastos salariales y menor empleo público. Todo esto se monta, además, sobre los aumentos en los servicios públicos y de transporte que ya están impactando sobre el bolsillo de las familias. Se añade, además, el explícito abandono de las políticas monetarias tendientes a contener el valor del dólar (lo cual garantiza una divisa aún más cara y, por lo tanto, mayores presiones sobre los precios internos) y de la política de metas de inflación.

Además de explicitar la ausencia de metas de política, el Banco Central adelantó que las expectativas de aumentos de precios para el próximo año ya no son del 10% sino del 17%, cuando en realidad se espera un piso de 30% dee inflación, muy inferior a las negociaciones paritarias cerradas hasta el momento.

Informe de coyuntura nacional / Analogías, Investigación y Estrategia