Don Navarro, el chino

Hoy (por el domingo) es un buen día para recordarlo. Mientras mis hijos hacen el almuerzo para agasajarme. Mi mayor dicha sería que me recordaran como yo a él. Salud Don Navarro, Chino, Jorge... Felíz Día viejo!!!

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En el pueblo (La Calera) le decían Don Navarro; su familia y sus amigos Jorge, y la mami (la “Nena” María Esther Almada) le decía chino, lo mismo que sus más íntimos. Se dijeron china y chino desde que se enamoraron y hasta que se despidieron de nosotros para siempre…

Era un tipo de pocas palabras para hablar y de una sola palabra cuando la daba… Era un tipo de mano tendida y fuertes convicciones. Un día de los años ’50 uno de sus amigos le dijo “Navarrito, afiliate y no habrá problemas” ¿Cómo se animaba a decirle semejante cosa sabiendo que era radical desde la cuna, lo mismo que mi abuelo que había trabajado en el vivero de la Provincia con Don Amadeo Sabattini. Lo mandó a la mierda y fue dejado cesante en Hidráulica “por razones de mejor servicio”.

Angeloz, noviembre 1984, visitando La Voz del Interior donde yo trabajaba.

Pero como también defendía las convicciones de los otros, nunca guardó rencor al peronismo y cuando murió, además de sus amigos, parientes y correligionarios y la bandera radical que cubría su cajón, muchos peronistas lo acompañaron entre esa mini multitud en La Calera donde había sido administrador de las canteras de Minetti por más de 30 años.

Se consideró amigo de don Arturo Illia (que visitaba casa) y fue un seguidor empedernido de Raúl Alfonsín (era de Renovación y Cambio, pero respetó a Eduardo Angeloz y a la Línea Córdoba). Fue ladero del senador Nicolás Sahade en el Departamento Colón).

Tres mujeres fueron los desvelos de su vida: mi abuela Débora, la China (mi madre) y mi hermana Silvita. Tenía en mi hermano Raúl, el Gringo, a su hijo preferido y a mí me permitió no sin rezongos (por aquello del respeto a las convicciones propias y ajenas) que fuera el rebelde de la familia y que me abriera camino por otros rumbos de los que él hubiese preferido.

María Esther Almada (China)

Cabalgaba con elegancia cuando recorría los puestos en las sierras de La Calera hacia el Pan de Azucar. Hacía riquísimos asados los domingos a los que no se debía llegar tarde. Iba al Club de Ajedrez casi todas las tardes y le gustaba tomar su ginebra Llave al anochecer de lunes a viernes mientras discutía de política con Américo Tatián, Florencio Spangerber y Casarín, sus médicos amigos.

Fue de esos tipos que a uno le marcan la vida, a pesar de las diferencias. “¿Hijo, no es peligroso tener esos libros?” preguntaba advirtiendo pero dejando hacer en tiempos de los milicos… O “Tengan cuidado” aconsejaba, cuando le llenaba de “subersivos” el comedor y el patio de casa sabiendo que era un lugar seguro donde no se iban a animar a entrar fácilmente…

Tenía un corazón más grande que una cantera, pero nadie le sacaba un sí fácilmente: cuando uno le pedía algo decía “ya vamos a ver”… o cuando a uno lo veía ansioso lo palmeaba agregando “tranquilo, a cada día su afán”…

Hermana y mis sobrinos Anto y Matías

Pasó la vida y en cada junio lo recordamos con Silvita. Como casi todos los padres, fue nuestro héroe. Mientras mis hijos hacen el almuerzo para agasajarme pienso que dicha hubiera sido que conociera a Felipe, mi nieto. Y que dicha sería que me recordaran como yo a él. Salud Don Navarro, Chino, Jorge. Feliz Día, viejo!

Jorge Navarro / Editor