Subdivide y gobernarás

Tras asumir en 1783/84 como gobernador intendente de Córdoba del Tucumán, el Marqués Rafael de Sobremonte “zonifica” la aldea y designa alcaldes barriales y les fija sus funciones. Fue el primer descentralizador de la ciudad.

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Renuevo mis caminatas por aquella, digámosle ciudad de 1784. Y escucho por ahí, alrededor del Cabildo, sede del gobierno, comentarios de que ha asumido un tal Rafael de Sobremonte, inaugurando un nuevo ciclo de gobierno en Córdoba.

En efecto, con este noble español oriundo de Sevilla, se abre un modelo denominado Gobernación – Intendencia; es decir, que le corresponde intervenir y tomar decisiones en el ámbito de la aldea y en el resto de la geografía provincial.

Apenas toma posesión del mando, Sobremonte pone sobre la mesa un paquete de medidas con la cuales aspira a darles un nuevo impulso a las setenta manzanas.

Pensaba el futuro virrey de Buenos Aires que había que “decorarla y distinguirla como merecen sus circunstancias y proporciones, y tal como corresponde a una capital de toda la provincia de su nombre”.

La “gestión Sobremonte” se extendió durante trece años. Dos años antes de su llegada, Córdoba ya no iba a depender mas de Santiago del Estero, o sea del Perú, sino que iba a pertenecer al Virreinato del Río de La Plata con el nombre de “Córdoba del Tucumán”.

Cuentan las páginas históricas que Sobremonte también insidió notablemente en la tasa de natalidad, pues durante su gestión nacieron siete de los doce hijos que tuvo con Juana de Larrazábal y Quintana, una joven veinte años menor que él. Estos eran los fundamentos de Sobremonte al delinear los alcances de sus flamantes ordenanzas:

Es la casa más antigua de la ciudad de Córdoba y uno de los pocos exponentes en el país de la construcción del siglo XVIII. Durante sus 14 años de mandato como Gobernador-Intendente, Don Rafael Núñez, Marqués de Sobremonte, habitó esta casa de 5 patios y 26 habitaciones.

“… La limpieza de sus calles, la igualación de sus bordos que se forman por las aceras, y otras varias prevenciones contenidas en el bando (decreto) que mandé a publicar con fecha de 1º de Diciembre del año pasado. Pero como la extensión que tiene el Pueblo y la dificultad que se presenta, de que los jueces que deben celarlo puedan descubrir los defectos é infracciones que se cometen; considerando por otra parte que ésta atención y la de los recursos frívolos que se presentan en los juzgados ordinarios, impiden el pronto despacho de los más interesantes.

Por lo tanto: deseando que todo lo dispuesto tenga su más puntual cumplimiento, y que dentro de cada barrio encuentren los vecinos de él a un sujeto autorizado a quien recurrir en aquellas materias que pueda componer verbalmente, he resuelto:

Dividir esta capital en seis cuarteles principales, ó barrios, poniendo cada uno al cuidado de un Alcalde o Comisario de él, en la misma forma que con conocidas utilidades se hallan establecidos en todas las ciudades principales de España, en la capital de Buenos Aires y otras de estos dominios.

 El primer barrio o cuartel será compuesto de las once cuadras, inclusas las quintas, divididas por la Carrera de San Jerónimo á la calle de San Rafael. (Nota del autor: La “Carrera de San Jerónimo” refiere a la actual calle del mismo nombre y 27 de abril. Debe ese nombre a las competencias ecuestres que allí se disputaban en eventos especiales).

 El segundo, toda la división del sur, desde las mismas esquinas de las calles referidas.

 El tercero, las nueve cuadras arrabales y quintas, desde dicha esquina de la calle de San Rafael, siguiendo la carrera de San Jerónimo hasta la calle de Belen al norte.

 El cuarto, el que divide la misma Carrera y Calle á la parte del sur, que se compone de once cuadras inclusive la Plaza y arrabales.

 El quinto, siguiendo la misma Carrera hasta la Cañada, nueve cuadras, sus quintas y arrabales, como se nota en las tarjetas que designan las calles.

Misión de los alcaldes poli-funcionales

Al definir las obligaciones de las nuevas autoridades zonales, el siguiente es el papel que les correspondía según texto oficial:

“Celarán por:

  • Que no se usen las armas prohibidas ni los juegos que lo están, bajo las penas que se impusieron en el citado bando del 1º de diciembre de 1784, con advertencia de una para la exacción de las multas y penas impuestas, hecha la aprehensión del delincuente y remitido a la cárcel, dará inmediatamente parte a cualquiera de los jueces ordinarios de esta capital, con noticia de los sujetos que presenciasen el delito: y los mismos generalmente en los demás que se explicarán.
  • Que después de las once en invierno, y las doce en el verano, ande persona alguna por las calles, sin precisión y sin luz, que no se galope a caballo, ni de noche vayan montados, a no ser que en aquellas horas entren o salgan los viajantes.
  • Tendrá una exacta noticia de los vecinos de su barrio; no se mudarán ni vendrán a él sin darle aviso. Celará y dará cuenta a los jueces ordinarios de los transeúntes que se alojen en su pertenencia, para saber si existen con las licencias necesarias, o si son extranjeras, vagos, delincuentes, mujeres de mala vida, o ausentes de su marido o al contrario.
  • Cuidará que no se arrojen basuras ni inmundicias a las calles, con pretexto alguno, ni los escombros ni fragmento de las obras, sino que precisamente se saquen para arrojarlos al borde de La Cañada los de la mitad de la ciudad al Oeste o poniente, y los del Este o naciente, a la Barranca de la quinta de Castro, bajo las multas impuestas.
  • Que se maten los perros dañinos, se levanten las tapias, se cerquen las rancherías, corrales y solares, como está mandado; se igualen los bordos y calzados, en lo posible se arranquen las malezas que se crían en las calles públicas y en ninguna de ellas se haga muladar; dando avisos a los jueces de la infracción para la exacción de la multa impuesta, y mandándolo a ejecutar desde luego los vecinos.
  • Que las carretas y carretillas no se atraviesen en las calles, ni los desunan los bueyes para dejarlas de noche en ellas, ni tampoco los coches, bajo las penas establecidas.
  • Que ninguna obra se levante sin que le conste haberse dado cuenta al gobierno para que reconozca el modo como se hace el edificio sin deformidad a la calle ni desigualdad. Que todos los tenderos, sin excepción, tengan farol, desde la oración, en las noches que no hay luna, y que las horas se cierren a la hora acostumbrada.
  • Que los vecinos den cuenta de las heridas y muertes que suceden, para proceder a la prisión del delincuente y lo mismo de los que mueren con calentura ética para que los jueces ordinarios dispongan se queme las ropas y muebles que le sirvieron inmediatamente.
  • Además, celará que en su barrio no se pida limosna sino los “verdaderos pobres” que tengan licencia del Gobierno, con la advertencia de que para cualquiera otra demanda, se necesita además, la del señor Obispo, y si alguno de los primeros no se hallare impedido de trabajar, lo arrestará como “vago” y enviará a la cárcel dando cuenta a los jueces.
  • También ha de rondar su pertenencia, para celar cuanto va prevenido, evitar las quimeras, los robos y escándalos con facultad de aprehender a los delincuentes y remitirlos a los juzgados ordinarios; y si hubiese herida grave, podrá tomar la primera declaración al paciente ante dos testigos en el defecto de Escribano.
  • Ha de vigilar que no haya en su pertenencia niños de uno u otro sexo abandonados, cuidando muy escrupulosamente de recogerlos para que con conocimiento de las justicias se pongan a aprender el oficio a que mejor se inclinaren consignándolos con los maestros del Pueblo, que deben responder de ellos, y si fuera posible, dentro de su propio barrio para que los pueda tener siempre a la vista; dando cuenta al Gobierno de los que destina , y en donde, para que en asunto de tanta importancia, consten los efectos de esta providencia y el celo del Comisario.
  • “Y a fin de que puedan entrar al uso y ejercicio de las expresadas funciones, mandé a expedir este título, firmado de mi mano, sellado con el sello de mis armas y refrendado por el Secretario de este Gobierno e Intendencia, en la Ciudad de Córdoba a 12 de febrero de 1785”.

Firma: José de Elías, Secretario.

Esta narración integra un extenso repertorio de crónicas cordobesas que habrán de componer un libro de próxima aparición. Su autor, Horacio López das Eiras, adelanta un texto referido a las primeras medidas adoptadas por el Márques Rafael de Sobremonte, al asumir como Intendente – Gobernador.

El valioso relato fue “capturado” de una vieja y ya extinguida publicación “Las Comunas”, fundada en 1939 y dirigida por nuestro conocido reformista, el doctor Deodoro Roca.