La envidia puede ser inspiradora

Un estudio -con estudiantes de 18 a 25 años de la Facultad de Psicología de la UNC- indica que la envidia puede ser motivo para mejorar. "Envidia benigna y maligna. Experiencia, patrones valorativos, e influencia en la toma de decisiones estratégicas", tesis de Débora Mola.

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En muchas ocasiones, las personas que nos rodean tienen mejor desempeño que nosotros. Un compañero de equipo puede ser mejor jugando al básquet, un colega puede recibir una promoción que anhelabas o una compañera obtener una mejor calificación. Estas comparaciones ascendentes, a menudo, conducen a la experiencia emocional de la envidia.

La envidia ha sido definida como una práctica hedónicamente desagradableque la mayoría de las personas tienen la capacidad de sentir,aun en diferentes culturas. Se trata de una emoción negativa, caracterizada por el anhelo de que la persona envidiada se vea perjudicada.

Sin embargo, estudios científicos recientes realizados en otros países, evidencian la existencia de una envidia cualitativamente distinta, denominada “benigna”. En este marco se inscribe la investigación “Envidia benigna y maligna. Experiencia y patrones valorativos, e influencia en la toma de decisiones estratégicas”, que desarrolló Débora Mola para su tesis de licenciatura en Psicología.

“La idea fue discutir el posicionamiento clásico que define la envidia como una emoción social siempre negativa”, sostiene Mola y explica que en Argentina aún falta una descripción fiableacerca de los dos tipos de envidia y la bibliografía es escasa, razones por las cuales comenzaron a desarrollar esta línea de trabajo.

“En muchas ocasiones, en nuestro país, encontramos expresiones como envidia de la buena, o envidia sana, lo cual supone una diferenciación categórica entre las mismas y nos resultó interesante evaluar, entonces, esta emoción en el contexto local”, completa la psicóloga.

En efecto, el estudio evidenció que, a nivel local, las personas describieron diferentes tipos de envidia cuando reportaron las emociones que experimentaron.

Frustración vs inspiración

La investigación propuso evaluar el contenido experiencial (placer, frustración, inspiración o sentimientos de inferioridad) y el patrón valorativo (cómo se valora esa experiencia, por ejemplo, merecimiento o poder de control de la situación) asociado a los dos tipos de envidia. “La descripción de las experiencias así como el aspecto valorativo, son factores muy importantes a la hora de distinguir las emociones”, indica Débora Mola.

La muestra estuvo compuesta por 54 estudiantes universitarios de entre 18 y 25 años, de ambos sexos, que cursaban en las distintas facultades de la Universidad Nacional de Córdoba. En el estudio se utilizaron dos tipos de escalas psicométricas para medir la tendencia a sentir envidia.

Además, Mola explica que utilizó el método de reconstrucción del día para recabar información sobre la envidia. Así, los participantes indicaron, durante 15 días consecutivos, si habían experimentado envidia durante la jornada. Si la respuesta era afirmativa, debían describir brevemente su experiencia y responder una serie de preguntas respecto a la intensidad, facilidad para recordar dicha experiencia y el contenido de esas experiencias y aspectos valorativos, entre otros.

Algunos de los ítems abordados fueron: “Lo sentí placentero; me sentí inspirado/a por la persona a la que envidié; me sentí distante de la persona que envidié; lo sentí frustrante; me esforcé por lograr mis objetivos o esperé que le fuera mal a la persona que envidié”.

“En sintonía con los resultados encontrados en otros países –señala Mola– el estudio evidenció que en el contexto local las personas describieron diferentes tipos de envidia cuando afirmaron haber sentido esta emoción, pero esas envidias tenían diferencias marcadas por las experiencias y la valoración de esas situaciones”.

La investigación demostró que cuando los participantes experimentaron envidia maligna se sintieron más distantes de las personas a las que envidiaban y vivieron la experiencia como más frustrante. Los participantes que experimentaron envidia benigna se sintieron más inspirados por la persona a la que envidiaron y sintieron necesidad de felicitar al envidiado.

En cuanto al aspecto valorativo, el estudio mostró que cuando las personas experimentaban envidia benigna sentían que el evento generador de esa envidia los ayudaría a mejorar. Además, sintieron que tenían mayor poder sobre esa situación y que merecían ese evento que había generado la emoción. “Para decirlo con otras palabras, cuando la persona siente envidia benigna cree que merece sentir eso, mientras que cuando siente envidia maligna piensa que no merece estar pasando por esa situación”, esclarece la investigadora.

Economía comportamental y toma de decisiones

Las diferencias al momento de valorar las experiencias de envidia impulsaron el inicio de una segunda etapa de investigación. “La envidia es una experiencia emocional que surge a partir de la valoración de la ventaja del otro como inmerecida o merecida. Entonces, resultó interesante indagar sobre las respuestas que puede desencadenar esa valoración en situaciones de interacción estratégica”, explica Mola.

Esta segunda etapa está relacionada con la economía comportamental, que pone en debate el principio de la racionalidad económica e indaga el efecto de variables psicológicas como las emociones en el proceso de toma de decisiones.

Cecilia Reyna es directora del Equipo de Economía del Comportamiento del Instituto de Investigaciones Psicológicas (IIPsi), en la UNC y una de las directoras de la tesis de Débora Mola.

“El trabajo de Mola fue uno de los primeros en esta línea teórica”, cuenta Reyna y agrega que abordar la envidia como “una emoción heterogénea, que tiene dos facetas y su rol en la toma de decisiones cooperativas, es un aspecto muy interesante que da cuenta de las múltiples aplicaciones de este campo”.

Bibliografía científica sobre la envidia y estudios llevados adelante en otros países, afirman que cuando alguien es envidiado de manera maligna, trata de realizar acciones para que la otra persona deje de sentir envidia. “Una vez que comprobamos en el contexto local la existencia de dos tipos de envidia, nos resultó interesante la reacción de la persona envidiada y la transformación de esa reacción en un comportamiento prosocial y cooperativo”, afirma Mola.

De este modo, tal como se evidenció en otros contextos, los investigadores pudieron observar una relación significativa entre la preocupación por ser envidiado y determinados comportamientos prosociales, aunque también destacaron la necesidad de aportar mayor evidencia empírica que permita explicar esos comportamientos que podrían ser desencadenados por la preocupación por ser envidiado.

María José Villalba
Redacción UNCiencia
maria.jose.villalba@unc.edu.ar