2019: hipótesis y cisnes negros

¿Existe un caldo de cultivo para la aparición de un “outsider” con chances de competir en las presidenciales? ¿La crisis de confianza y el pesimismo socio-económico lo capitalizará algún candidato de la política ó facilitirán el regreso del que "se vayan todos"?

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La actual crisis puede ser el caldo de cultivo para el surgimiento de un “outsider” capaz de transformarse en un candidato presidencial competitivo de cara al 2019. Sin embargo, esa posibilidad no tiene chance si no empalma con un proceso cuya secuencia sería más o menos la siguiente:

1) El pesimismo socioeconómico hoy dominante ya no se articularía con un escepticismo político como el que se detecta actualmente, sino con un pesimismo político manifiesto, generando así un escenario de doble pesimismo y cuádruple crisis rampante (de confianza, cambiaria, económica y política).

2) Para dar paso a un “cisne negro”, la crisis de confianza no debería ser suficientemente capitalizada por ninguna de las figuras políticas hoy existentes (todas ellas son “cisnes blancos” en términos teóricos).

3) Eso dejaría lugar a una demanda del tipo “Que se vayan todos”, similar a la crisis del 2001. Un doble consenso negativo (antimacrismo y antikirchnerismo) abriría la brecha para el surgimiento de una figura desde fuera de la política… Así, la “grieta” derivaría en un “vacío” en el que podría entrar este “outsider” (y “llenarlo”).

En la nota anterior (¿Viene un cisne negro?) citamos las opiniones de dos consultores, Juan Germano (Isonomía) y Juan Manuel Aurelio (Aresco), respecto a si están dadas las condiciones mínimas (el caldo de cultivo) para el surgimiento de un outsider. Agregamos ahora una tercera, la del director de la consultora Poliarquía, Alejandro Catterberg: “La imagen de los dirigentes peronistas no creció ninguna. Ha aumentado el descontento. Un tercio de los argentinos no puede mencionar a ningún político que le guste. Lo que ha ido creciendo con el descontento de las últimas semanas es un descontento hacia la clase política en general”.

Aunque este primer análisis sugiere que puede existir ese caldo de cultivo, el especialista también apunta: “Mientras la situación no se desmadre, la posibilidad de que un outsider pueda entrar es mucho menor”. Esto refuerza nuestra tesis de que las chances de una figura nueva requieren al menos el agravamiento de la actual crisis.

Respecto a eventuales candidaturas de Roberto Lavagna y Marcelo Tinelli, Catterberg señaló: “En nuestras encuestas no aparecen con fuerza ninguno de los dos”.

En el caso del ex ministro de Economía Lavagna, un sondeo de Sergio Berenztein realizado en junio lo ubicó como el político con mejor imagen de Argentina, con 55% de imagen positiva, en empate técnico con la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal (53%).

Según el informe, “la caída de la imagen de los principales dirigentes del oficialismo se contrapone con el crecimiento de un dirigente opositor con experiencia en el manejo de crisis”. Sin embargo, Lavagna no es exactamente un outsider, pues no sólo fue ministro de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner sino también candidato presidencial en 2007. Resultó tercero con 16,91% de los votos, detrás de Elisa Carrió (23,05%) y la presidenta electa, Cristina Fernández de Kirchner (45,28%). En cambio, el perfil de Tinelli sí se aproxima más al de un outsider.

En nuestro análisis anterior citamos tres estudios que sondearon la imagen de Tinelli y sus chances electorales (de Giacobbe, CK Consultores y Synopsis). Ahora podemos agregar una cuarta medición, realizada por las consultoras Taquion y 3 Punto Zero sobre una muestra de 2.275 casos, con un margen de error muestral de +- 2,05%. Según este estudio, que midió la variable “credibilidad”, Marcelo Tinelli obtuvo un 23,5%, contra un 56,8% de desconfianza.

Aunque el resultado no es favorable para el conductor, la investigación en rigor muestra un bajo nivel de credibilidad y confianza generalizado entre los argentinos: casi 7 de diez argentinos manifiesta ser desconfiado cuando recién conoce a una persona y un 62,7% considera que el argentino es desconfiado. Asimismo, dentro de ese nivel de desconfianza generalizado hacia las figuras y los partidos políticos, al gobierno no le va mejor: un 55,6% dijo que “no le cree” a Macri cuando habla (contra 34,4% que “sí le cree”).

En esa línea, 58,1% no le cree al gobierno “cuando dice que trabaja para mejorar el futuro de los argentinos”, confirmando la crisis de confianza que atraviesa el oficialismo. En términos comparativos, sale relativamente mejor parada la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, que se ubica primera entre los dirigentes políticos medidos y supera a Tinelli y también a Mirtha Legrand.

Sin embargo, esa medición no registra el impacto del issue “aportantes truchos” en la imagen de Vidal, que, por otro lado, ya venía siendo arrastrada por la caída de Macri y el envejecimiento general de la marca Cambiemos.

De ahí que hoy el oficialismo no tenga claro quién es plan A y quién B entre Vidal y Macri, algo que también se entiende en el marco de datos como el que arrojó Poliarquía en julio, donde Macri alcanza el 15% y Vidal el 18%. Esa diferencia de 3 puntos porcentuales no puede considerarse estadísticamente significativa.

No obstante, para el oficialismo no es ese el principal problema, sino la persistencia y agravamiento del malestar socioeconómico, que ya lleva un semestre completo y no remite. Según el más reciente estudio de la consultora Opinaia, sobre una muestra de 3.108 casos de todo el país con un margen de error de +-1,5%, sigue creciendo el pesimismo respecto a cómo estará la situación económica dentro de un año: el 45% cree que empeorará, 15 puntos porcentuales más que en noviembre.

Peor todavía, en ese trabajo también se detecta un fuerte el descontento entre los seguidores de Cambiemos: aunque por poco, son más los que creen que la situación actual del país es entre “mala y muy mala” (28%) que los que la consideran “buena y muy buena” (26%).

En la misma línea, el más reciente trabajo de Gustavo Córdoba & Asociados, sobre una muestra nacional de 1.200 casos con un margen de error de 2,83%, muestra que persiste el pesimismo respecto de la marcha de la economía a futuro: un 47,4% de electores argentinos cree que dentro de un año la situación de la economía va a empeorar, casi un 17% cree que seguirá igual de mal que ahora, sólo un 20,3% cree que estará mejor y casi un 4% que seguirá igual de bien que ahora.

En ese marco en el que el pesimismo trepa al 64,3%, la gestión del presidente Macri mantiene altos niveles de rechazo (60%).

De persistir este panorama, no puede descartarse que surjan cisnes negros de otra naturaleza: en la columna dominical de La Voz del Interior del 22 de julio, el periodista Julián Cañas escribió: “El gobernador viajó a París el martes pasado, de donde regresó ayer, con un inquietante rumor que le llegó desde el Congreso nacional.

El senador Miguel Pichetto y los diputados que responden a Sergio Massa manejan la versión de que en la Casa Rosada analizaron un escenario de adelanto de las elecciones presidenciales para abril o mayo del año próximo, si no le encuentran la vuelta a la crisis financiera”. Esto supondría un escenario de crisis de gobernabilidad lo suficientemente agudo como para que el gobierno recurriera a un adelantamiento del calendario electoral 2019.

En esas condiciones, tanto puede darse la hipótesis expuesta por Poliarquía y otros analistas (una crisis en “L” que favoreciera el retorno de CFK al poder) como eventuales cisnes negros: un outsider que capitalizara el vacío que sobrevendría después de “la grieta”, una salida anticipada del poder de Cambiemos negociada con el PJ “racional” para obturar las posibilidades de que CFK pueda regresar a la presidencia, o una crisis sistémica más amplia, en la cual una eventual deriva autoritaria del oficialismo precipitara en un país que pasaría de la grieta al abismo.

Norman Berra

consultor @berranorman