El peso del malestar

Si continúa el deterioro de la situación socioeconómica, otros temas de la agenda pública - como los cuadernos de Centeno - no lograrán modificar las proporciones de los segmentos electorales y la caída de la imagen del gobierno.

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Los efectos socioeconómicos de la gestión Cambiemos vienen generando un malestar manifiesto desde fines de 2017. La encuesta más reciente de la consultora Delfos en provincia de Córdoba, distrito que en el ballotage del 2015 se volcó por Mauricio Macri con 70% de los votos y que en las legislativas de 2017 lo acompañó con el 48%, detectó en julio pasado que la actual situación del país genera un 66% de sentimientos negativos, contra apenas 25% de sentimientos positivos.

Se trata del pico de pesimismo en la serie evolutiva desde marzo de 2017, y el piso de optimismo.

El malestar socioeconómico hace que la agenda de preocupaciones esté dominada por problemas de esa índole, como se pone de manifiesto en encuestas nacionales como la realizada por la consultora Synopsis en julio pasado.

Se trata de una muestra de 1400 casos, a través consultas telefónicas y cuestionarios estructurados, en numerosas ciudades, como La Plata, Mar del Plata, Bahía Blanca, Salta, Mendoza, Corrientes, Santa Fe, Córdoba, Neuquén, Corrientes y Comodoro Rivadavia.

Se destaca que la preocupación por la inflación subió 5,3 puntos en julio y llegó al 40,7%, el pico más alto de todo el ciclo Macri. Junto al incremento de la preocupación por el desempleo, las preocupaciones económicas hicieron un pico de 58,7%, dominando las percepciones de los electores.

Con una inflación mensual de 3,7% en junio y una interanual de 29,5%, está claro por qué el aumento sostenido de precios se ubicó al tope de los problemas en esa medición. La preocupación por la inflación pegó un salto de 5,3 puntos porcentuales en julio, con lo cual ese problema rompió por primera vez en la serie evolutiva el umbral del 40% y llegó a su valor pico, seguido por el desempleo, que se acerca al 20%.

Por otro lado, en línea con el aumento del desempleo como problema mencionado, vale destacar que la percepción social sobre la situación laboral empeoró considerablemente en junio pasado: casi 7 de cada 10 argentinos consideraron que tienen menos posibilidades de encontrar trabajo que un año atrás (67,6%, 11 puntos más que en marzo pasado), según un informe del Centro de Estudios CETyD (Universidad Nacional de San Martín).

En este marco, de acuerdo al estudio de Synopsis, en líneas generales el 46% de los argentinos cree que el rumbo económico que tomó el actual gobierno no es el correcto. Asimismo, más del 52% se manifestó en desacuerdo con la decisión del gobierno de acudir al FMI en busca de financiamiento, lo que implica que se mantiene como una alternativa mayoritariamente rechazada.

El estudio de Synopsis también ratifica que el malestar socioeconómico permea en la imagen de gestión: luego de haber perforado en mayo el umbral del 30% de respuestas positivas, se mantiene por debajo de ese nivel (28,8%), mientras que la negativa roza la mitad: 48,5%, con 20,7% de respuestas regulares.

En la medida en que los efectos socioeconómicos de la gestión Cambiemos sigan generando un malestar predominante, aunque en la agenda compitan con otros temas como los ligados a la corrupción (Cuadernos de Centeno), es poco probable que veamos desplazamientos significativos en las proporciones de segmentos político-electorales preexistentes a los temas de coyuntura.

Existe un consenso bastante general en que esa distribución es un 30% de antimacrismo, un 35% de antiperonismo/antikirchnerismo y un 35%-40% de “franja del medio”, según Poliarquía.

A esos guarismos podríamos ajustarlos teniendo en cuenta el margen de error muestral y la evolución de las tendencias en el tiempo, pero está claro que hay dos núcleos duros fuertes, Cambiemos y Kirchnerismo, con alrededor del 30% cada uno, y otro tercio que se aleja o se acerca más a cada polo, en función de lo cual se construye la primera minoría.

Esa “franja del medio” no prospera como alternativa políticamente, precisamente porque su posición es más lábil: mientras cambiemitas y kirchneristas tienen convicciones más fuertes acerca de su rival, el segmento teóricamente equidistante termina cediendo en favor de una dinámica polarizadora, con lo cual cualquier candidato de esa franja se ubica, en el mejor de los casos, como tercero en discordia, quedando fuera de la pelea decisiva (es lo que le pasó a Sergio Massa a nivel nacional en 2015 y en provincia de Buenos Aires en 2017).

Incluso a nivel de agregados nacionales en una elección legislativa como la de 2017 (que por ser de medio término suelen favorecer la dispersión electoral), fue visible que crecieron los dos núcleos principales a costa de las terceras posiciones: entre las PASO de agosto y las generales de octubre de 2017, Cambiemos pasó del 36% al 42% de los votos, en tanto que Unidad Ciudadana creció del 21,1% al 23,5%. En cambio, la alianza del massismo y Margarita Stolbizer cayó del 8,8% al 5,9% y el justicialismo no K del 10,1% al 9,5%.

Hoy, para el oficialismo resulta clave frenar el repliegue del apoyo hacia el núcleo duro: de la primera minoría del 42% obtenida en octubre del 2017, hoy la imagen positiva oscila en torno al 30% y en algunas mediciones el acompañamiento electoral incluso perfora el umbral del 30%, como sucede con la imagen en el estudio citado de Synopsis.

En la misma línea, según Udesa, en julio ese acompañamiento se situó en 27%; esto es, 15 puntos porcentuales por debajo del caudal obtenido por Cambiemos en octubre de 2017 y a medio camino entre el voto de Macri en las PASO de 2015 (24,5%) y el resultado acumulado de Cambiemos en la misma instancia (30,12%). Esa merma de 15 pp da cuenta del desgaste producido, aunque a favor del gobierno hay que decir que tiene un año para remontar esa tendencia.

Norman Berra / consultor @berranorman

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