¡Saquen una hoja!

Según la consultora Adecco (datos de 2016 publicados por La Nación) tenemos unos 4.400.000 jóvenes de entre 18 y 25 años; de los cuales 34.2% trabaja, 26.7% estudia, 10.3% trabaja y estudia y 3.3% estudia y busca trabajo. Un millón no estudia, no trabaja y no busca empleo.

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Los amargos conflictos suscitados en las últimas semanas en el ámbito universitario público, que no pueden escindirse de otros suscitados en los restantes tramos del sistema, nos muestra una vez más el costado oscuro del sistema educacional argentino.

Con dificultades para pensarse a largo plazo, gestionado desde un ministerio hoy conducido por un equipo que aún no termina de mostrar su plena competencia para asumir las trascendentes tareas que la constitución y la ley le asignan, posiblemente enmarcado dentro de una estrategia presidencial que por formación y perfil, tampoco lo comprende muy bien, seguirá manteniendo en la incertidumbre a un importante colectivo, compuesto no sólo por dirigentes de diversos estamentos y autoridades gubernamentales que chocan sus espadas día tras día, sino fundamentalmente por una comunidad educativa que hoy se encuentra a la intemperie.

Marcha en Córdoba – Fotos Andrés Oliva

Pareciera recrudecer hoy, desde algunos sectores más conservadores, un cuestionamiento sobre la vigencia de la educación pública universitaria como herramienta para el desarrollo social. Opinadores profesionales, algunos medios importantes, el ejército de trolls, presiona ahora sobre sectores medios y bajos que a veces dudan. Frente a esa postura, debiéramos preguntarnos si estamos dispuestos a aceptar que la educación ha dejado de ser el instrumento más eficaz para alcanzar la integración y la movilidad social ascendente.

La educación no ha perdido su prestigio o referencia social y las legislaciones mantienen la organización y estructura de un sistema; pero para comprender dónde estamos, es necesario recurrir a información dura. Como veremos, los indicadores nos hablan de un deterioro.

Se indaga también, sobre la pertinencia y efectividad de los sistemas y estrategias.

Los mejores sistemas educativos, se asientan sobre una accesibilidad garantizada, cobertura amplia y diversa, como así también en una sostenida calidad.

En ese contexto, los formatos, métodos y contenidos de la educación (para mejorar la interacción social) necesariamente deberán contrastarse con los resultados globales obtenidos por el sistema al efecto de cualquier evaluación, diagnóstico y plan de mejoramiento.

En un tejido social en el cual el acceso al trabajo sigue cumpliendo su rol de movilizador (y diferenciador) social, en un contexto institucional respetuoso del Estado de Derecho, la educación sigue incidiendo directamente en el tipo y características de las oportunidades laborales que alcanza cada persona y de su aptitud para la interacción sobre la base del respeto y la tolerancia.

La educación debe acompañar las expectativas y las demandas sociales, estimulando la formación general, la específica, las habilidades demandadas (razonamiento, comportamiento socioemocional, trabajo en equipo, creatividad y expresividad) y las “inteligencias múltiples”.

La educación debe acompañar las expectativas y las demandas sociales, estimulando la formación general, la específica, las habilidades demandadas (razonamiento, comportamiento socioemocional, trabajo en equipo, creatividad y expresividad) y las “inteligencias múltiples”.

Pero un examen de ciertos datos en Argentina, nos demuestra que es necesario prestar atención a ciertas señales.

El deterioro de la perfomance educativa

En el nivel primario, los niveles de cobertura son relativamente aceptables comparados con la media regional, pero los indicadores de repitencia y sobre-edad se han incrementado (con brechas que se multiplican por 4 entre las jurisdicciones de mejor y peor perfomance).

Asimismo, se ha incumplido la meta de lograr la extensión horaria en el 30 % de las escuelas (sólo se alcanzó el 17%, objetivo que incluye una cobertura más completa de alumnos en situación de vulnerabilidad y con más problemas de aprendizaje, como también el desarrollo de habilidades complementarias o “inteligencias múltiples”). Los datos son del informe de diagnóstico utilizado para “Argentina 2030”.

En el nivel secundario, cuyo cursado completo es crucial para una adecuada integración social y laboral de la persona en su comunidad, se muestran los peores resultados de este detrimento señalado. Conforme el informe citado más arriba, que aproximadamente la mitad de las personas que inician el secundario no lo terminan (sin perjuicio de que algunas lo completen tardíamente).

La tasa de matriculación, es de poco más del 56% (Chile 62% y Uruguay 82%). La tasa de abandono es de aproximadamente 10% por cada año. Asimismo, un tercio de los alumnos tiene sobre-edad. Sólo el 40% lo completa en tiempo y forma.

La tasa de matriculación, es de poco más del 56% (Chile está en el 62% y Uruguay en el 82%). La tasa de abandono es de aproximadamente 10% por cada año. Asimismo, un tercio de los alumnos tiene sobre-edad. Sólo el 40% lo completa en tiempo y forma.

Por otra parte, siempre en el nivel secundario, la calidad también muestra indicadores preocupantes. Por caso, las pruebas PISA mostraron que, en matemática, los alumnos argentinos se encuentran entre los 8 peores sobre una muestra de 62 países; aproximadamente dos tercios de ese grupo, no alcanzó los niveles mínimos.

En materia de lectura y ciencia, un 50 % no alcanzó el piso. Pero también advertimos la desigualdad cuando analizamos cómo esas probabilidades de culminación del secundario, o de lograr niveles aceptables de rendimiento, decrecen si hablamos de alumnos de las jurisdicciones con mejor desempeño o las de peor perfomance. También se destaca la migración de alumnos del sistema estatal al privado, que en algunas provincias ha crecido hasta en un 37%.

Entre las debilidades estructurales que generan esta pendiente, los antecedentes citados y otros trabajos señalan: formación y disponibilidad del plantel docente, falta de incentivos, debilidad de los formadores, insuficiente y dispersa oferta de capacitación, agotamiento de la función directiva, carencia de información, escasa digitalización, etc.

En materia de educación superior, el sistema mantiene tasas altas de “enrolamiento” (naturalmente respecto al 40% que egresa del secundario); aproximadamente un tercio de los argentinos de entre 18 a 65 años poseen algún estudio post-secundario completo o incompleto.

Para poner otro ejemplo, Argentina posee un 30% de estudiantes universitarios más que España, que tiene un 8% más de población que nuestro país (Guadagni, 2017, publicado por Infobae). Pero las tasas de graduación son bajas. Según datos de 2014, 28 habitantes de cada 10.000 se gradúa en alguna carrera; medidos en término alumno/graduado, la relación es 17/1 (Centro de Estudios de Educación Argentina -CEA-, publicados por el portal Universia). Conforme información de 2012 (Guadagni, publicada por Clarín), Brasil gradúa un 100% más de estudiantes y Chile un 61% que la Argentina, agregando que España gradúa el 80% más (Guadagni, 2017, Infobae)

Las tasas de deserción universitaria, mayores que en cualquier país del continente, se pueden analizar de diversas maneras. Es bueno partir en cualquier análisis de un dato crucial, que también expone la crisis del nivel secundario y la inexistente articulación entre los niveles medio y superior. La mayoría de las deserciones se dan durante el primer año.

Sólo para tomar uno de muchos datos, una encuesta realizada en 2012 por el portal Interuniversidades.com, publicada por Clarín, nos muestra que en un estudio realizado entre 5000 jóvenes de todo el país, un 58,2% abandona la carrera elegida durante el primer año. El portal amplía que el 73% de este colectivo, es de universidades públicas, y el 27 de privadas. Informa también que en un estudio realizado en más de mil estudiantes del nivel secundario, el 64% de los ellos desconoce qué carrera estudiará en la Universidad, mientras que un 26% tiene dudas entre distintas carreras y un 10% está seguro sobre la opción. Otro artículo de Clarín de 2012 indica que de los 70.000 alumnos que iniciaron el CBC en ese año, 25.000 eran alumnos del año anterior que debían materias.

También en el nivel superior, la educación privada le gana terreno a los servicios prestados por el Estado: mientras en el período 2002/2012 ésta última creció un 13,2%, la educación privada creció un 77,6% (CEA, 2012).

En materia de educación superior no universitaria, las tasas no mejoran: 12 graduados por cada 100 estudiantes (CEA, 2012). Lejos de países como Chile o México (19), la mitad que Panamá (23) y un cuarto de los graduados en Cuba (46) o España (más de 40), conforme datos de Unesco relvados por Guadagni (2015).

Pero no perdamos de vista, como lo hacen alguno de los autores citados, que nuestra mayor fortaleza sigue intacta: contamos con un sistema muy extendido, consolidado, valorado internacionalmente, en el cual lejos de buscar recortes hay que imaginar alternativas para integrarlo, mejorarlo, optimizarlo a partir de los recursos con que ya cuenta.

Algunos, los ha discutido el sistema, a partir de las propuestas del presidente del Consejo Interuniversiario Nacional, Hugo Juri. Implementar los sistemas de créditos, que permitirían notable movilidad, incorporando tramos realizados de una carrera a otra (inclusive entre sectores terciarios y universitarios), seguir adelante con la idea de los bachilleratos universitarios (que permiten una graduación en competencias específicas) y promover (porque las capacidades instaladas ya existen) la educación a distancia en el sector público, mejorando su organización (todos cuentan con plataformas de acceso libre, hay que profundizar su utilización y admitirla reglamentariamente), son caminos viables, accesibles y en los cuales podemos tomar medidas inmediatas.

Problemas serios, y pocas respuestas

Confirmando datos relevados y consignados en la primera parte, de un total de 36.609.397 personas mayores de 5 años, 24.542.780 asistió a un establecimiento educativo. De ese colectivo, 3.155.465 no terminó el primario, 4.063.343 no terminó el secundario, 473.832 no terminó el superior no universitario, 992.231 no terminó el nivel universitario y 22.669 no terminó el nivel post universitario -elaboración propia sobre Censo 2010-.

Examinamos además algunos segmentos con mayor vulnerabilidad. Respecto a la población en viviendas particulares con dificultad o limitación permanente, tenemos que de un total de 7.853.177 personas, 3.272.945 poseen problema visual, 945.163 auditivo, 881.199 dificultad motora superior, 1.929.458 dificultad motora inferior, 824.407 cognitiva.

La población con más de 3 años de edad, es 5.061.609 personas. Asisten a un establecimiento educativo, 727.551, 71.334 a educación especial y 656.217 educación común. El enorme segmento que no asiste, nos confirma que el colectivo presenta limitaciones serias para incorporarse al sistema formal. Para relacionar algunos datos, la encuesta de consumos culturales de 2013 nos indica que alrededor de un 10% de las personas que han dejado de leer en el último año, lo han hecho debido a impedimento físico (pérdida de visión, dificultades en la concentración, etc.).

Si volvemos a causas probables de los marcados niveles de deserción en escuela media y superior, examinemos lo que se denomina “contexto adverso”. Según datos oficiales del INDEC, entre los jóvenes menores de 18 años se observa que: el 27% tiene al menos uno de los padres con educación superior a secundaria; otro 25% tiene al menos un padre con educación secundaria completa; el 48 restante tiene ambos padres con estudios inferiores a secundaria completa (en este último caso reseñados por el Instituto para el Desarrollo Social Argentino -IDESA-).

Finalmente, la combinación de todos estos factores adversos genera un importante colectivo de personas sin expectativas, en particular en la juventud. Según datos de 2016 publicados por La Nación (relevados por la consultora Adecco), en la República Argentina tenemos 4.400.000 (aproximadamente) jóvenes de entre 18 y 25 años, de los cuales 34.2% trabaja, 26.7% estudia, 10.3% trabaja y estudia y 3.3% estudia y busca trabajo.

Pero además existe un 24.6% que no busca empleo (y dentro de este tramo, el 17.3% no estudia, no trabaja y además no busca empleo). Alrededor de un millón de personas. Entre los ocupados, siempre según la misma encuesta, el 52% no trabaja en aquello que estudió.

Si el sistema tradicional, que no se ha actualizado, sigue mostrando valores preocupantes en cuando a graduación, también es cierto que los números en cuando a enrolamiento demuestran que la consideración social de la educación como pivot de un sistema se mantienen altos, como también que su rol como agente social sigue siendo trascendente e inclusive requerida su urgente intervención en ciertas instancias y segmentos; más que emplear una tijera de podar y procurar amedrentar con gestos duros, es necesario imaginar caminos de replanteo de metas y acciones a ejecutar. Pero cuando necesitamos esa inyección de confianza, de mística, de ideas, nos encontramos con una actitud gubernamental intransigente.

Por eso señores: saquen una hoja, y empiecen a pensar. No están solos: muchos queremos y podemos ayudar.

José Emilio Ortega / Docente Universitario

Sus columnas sobre situación internacional, los domingos de 9 a 12 hs Córdoba Primero Radio por Radio Gen FM 107.5