“La ciencia occidental tiene un fuerte sesgo de género”

Dora Barrancos discute la "objetividad" científica y apunta que la ciencia occidental fue construida desde una visión androcéntrica que invisibilizó la participación de la mujer en la producción de conocimiento.

Buscar Por

h

Hoy Argentina se ubica entre los primeros países del mundo con mayor cantidad de investigadoras mujeres (53%), superando a Europa y Estados Unidos (32%). Pero Dora Barrancos advierte que esto no significa que se hayan alterado las relaciones de poder y ni quiénes ocupan los puestos decisorios. La necesidad de una mayor autoconciencia y organización entre las científicas, entre los temas abordados en esta entrevista.

Cuando Rosalind Franklin observó la estructura de doble hélice del ADN, hizo un enorme aporte al conocimiento del genoma humano y a la investigación genética. Pero el premio Nobel a los estudios pioneros del ADN no fue para ella, sino para James Dewey Watson y sus colegas varones. “Una omisión abyecta”, define la socióloga e historiadora feminista Dora Barrancos.

Que no se haya reconocido de la misma manera la decisiva contribución científica que realizó en este campo la inglesa Franklin, responde a una visión androcéntrica de la ciencia, para la cual los hombres constituyen el sujeto de referencia en el mundo, y las mujeres quedan excluidas.

La UNC distinguió con el título Honoris Causa a Dora Barrancos (socióloga de la UBA, doctora en Historia (Unicamp-Brasil) y directora del Conicet en representación de las Ciencias Sociales y Humanas). El título fue otorgado por el vicerrector de la UNC, Pedro Yanzi Ferreira; con la presencia de la ex rectora Carolina Scotto.

“La mujer ha contribuido tanto como el varón a la gestación de conocimiento y saberes, desde siempre, pero no hubo reconocimiento sino exclusión. Y esa exclusión se da porque los sentidos gravitantes de la ciencia están enrolados en la figura masculina”, asegura la intelectual feminista, quien visitó la Universidad Nacional de Córdoba para recibir el título de Doctora Honoris Causa y participar del Café Científico, organizado por la Secretaría de Ciencia y Tecnología de esta casa.

En ese marco, UNCiencia dialogó con la socióloga y actual directora del Conicet en representación de las ciencias sociales y humanas sobre la situación de las mujeres en el ámbito científico, la necesidad de repensar el campo de trabajo, y los principales desafíos a enfrentar.

– ¿Cuál es la participación actual de la mujer en la ciencia?

– Hoy hay muchas áreas de la ciencia con mayoría de presencia de mujeres, como medicina, biología y astronomía. Sin embargo, no son ellas las que dirigen los destinos de estas ciencias. La feminización de una profesión no significa que se hayan alterado las reglas de poder dentro. En el Conicet, por ejemplo, hay más mujeres que varones, pero ellas están en los grados básicos o intermedios, mientras que los puestos más altos están ocupados por hombres.

– ¿Qué les impide llegar a los lugares jerárquicos?

– Sencillamente, que las mujeres científicas, como la mayoría de las mujeres, aún tienen a su cargo todo el dominio de la vida doméstica y la crianza de los hijos. Otro dato es que en la vida científica también existe mucha homogamia, matrimonios entre científicos, pero generalmente la mujer acompaña al marido, y no al revés. Por lo tanto, ella es la que posterga su producción. Aquí la homogamia implica que ella se articula a la decisión de él.

– ¿En qué aspectos de la producción del conocimiento científico se evidencia que existe un sesgo de género?

– La construcción de la ciencia occidental es androcéntrica. La elección de individuos machos para los estudios de inteligencia en biología, por ejemplo, ha sido histórica. La explicación a esto todavía se basa en que “las hembras tienen ciclos” y en “el control endocrinológico”. Una postura ridícula. El supuesto básico es que vamos a encontrar más prístina condición de inteligencia en individuos machos que en hembras. Parece que ellas “alborotan” y “hacen confundir al observador”.

Dora Barrancos dialogando con Candela Ahumada y María José Villalba de la Redacción de UNCiencia ( unciencia@pci.unc.edu.ar )

Argentina, en el ranking mundial de mujeres

Pese al sesgo de género marcado por la socióloga feminista, las mujeres han alcanzado una presencia importante en el ámbito científico. Esto es particularmente visible en Argentina, uno de los países del mundo que concentra la mayor cantidad de mujeres en el sistema científico, ocupando los primeros puestos del ranking mundial de la Unesco.

El país tiene un 53% de investigadoras mujeres, superando ampliamente a Europa y Estados Unidos (32%), y por encima del promedio en América latina (45%). Según Dora Barrancos, esto fue posible gracias a que se implementó una política de expansión del sistema científico nacional. “La mejor distribución de mujeres en el sistema científico en este momento la tiene América latina, y Argentina es el país cabecera. Entre los lugares menos amigables para las mujeres se encuentran los laboratorios de Europa, donde la ciencia es más misógina”, apunta.

– ¿Cómo ha impactado esta mayor cantidad de mujeres científicas, en términos de nuevas perspectivas de investigación? ¿Qué sujetos, qué miradas y problemáticas hemos aportado a la ciencia?

– En las ciencias sociales, por ejemplo, significó una alteración completa del paradigma falocéntrico, y surgieron nuevas temáticas. Hoy, en el Conicet tenemos casi 200 proyectos de investigación relacionados con género, sexualidades disidentes y nuevas maternidades. También influyó en el derecho y en las ciencias políticas, y en determinados tópicos de la historia. Habría que ver qué pasó en campos como la química, la biología o la física. Pero es un registro que nos debemos, saber qué ha estado cambiando con la incorporación de las mujeres. Es muy buena la pregunta.

Desafíos y riesgos

En opinión de Barrancos, la distinción entre lo femenino y lo masculino no tendrá sentido dentro de 100 años, cuando marca que probablemente vivamos en un mundo mucho más andrógeno. “Hoy tiene sentido porque hay exclusión e inequidad, y porque es flagrantemente injusta la condición de posibilidad desigual entre varones y mujeres”.

– ¿Cuáles son los principales obstáculos a superar para lograr una mayor equidad de género en el ámbito de la ciencia?

– Lo que más se necesita es un estado de autoconciencia de la masa de científicas. Las mujeres tenemos que pedir que la evaluación sea racional: si alguien está apartado durante dos años por tener a un niño, seguro va a producir menos papers. Lo mismo vale para los hombres que cumplen su rol paterno. En el Conicet logramos que los informes a entregar por las investigadoras se posterguen un año después del parto, junto a una serie de medidas, como las licencias por maternidad para las becarias. Hay que implementar otros modos de evaluación, y además hay que realizar revoluciones sobre las bases bibliográficas, sobre los sesgos androcéntricos que tienen los textos de formación.

– La reducción del presupuesto nacional destinado a ciencia y tecnología, y el recorte realizado sobre la cantidad de ingresos al Conicet, ¿de algún modo podrían afectar más a las mujeres que a los varones que hacen ciencia?

– Puede ser que impacte más a las investigadoras, sobre todo, por los compromisos societales y obligaciones que aún persisten para las mujeres. Es probable que tengamos una alteración de los cuadros de representación de la mujer en la ciencia, y que disminuya el número de investigadoras. La aventura de esta expansión de la mujer en la ciencia argentina implicó sostenibilidades largas, fueron muchos años de formación que nos han beneficiado. Hay que ver qué pasa. Es conjeturable.

Breve perfil

Dora Beatriz Barrancos es socióloga (UBA), doctora en Historia (Unicamp-Brasil) y directora del Conicet en representación de las ciencias sociales y humanidades. Es además, una lúcida feminista argentina cuya producción ha servido al conocimiento de la historia de las mujeres, y una militante comprometida con las luchas por los derechos y la emancipación de la mujer en el país y Latinoamérica.

En 1977, durante su exilio en Brasil, Barrancos estudió el feminismo en sus diferentes formas, los conflictos y las revoluciones llevadas a cabo por las mujeres, los movimientos sociales de principios de siglo, los movimientos socialistas y anarquistas, y el rol de la educación en la historia argentina, entre otros temas.

Durante 2018 participó de los debates en torno a la legalización del aborto y se expresó en las audiencias a favor del proyecto de ley en el Senado de la Nación. ​Previamente apoyó la ley de identidad de género promovida en 2014.