El probable final de los ’70

Si algún punto en común entre décadas tuvieron los años ´70, además de la resistencia y de los dedos en vé, fue que había líderes y que esos líderes eran de carne y hueso. Las ideas tenían nombre propio, eran de alguien. Y ese alguien tenía nombre y apellido.

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Aunque haya sido de otra manera, tengo para mí que los años 70 en la Argentina comenzaron con la Revolución Cubana aquella madruga del primero de enero de 1959 cuando las tropas del Movimiento 26 de Julio, comandadas por Camilo Cienfuegos y Ernesto Che Guevara, entraron en La Habana mientras Fidel Castro hacía lo mismo en Santiago de Cuba declarándola capital provisional de la mayor isla de las Antillas donde nombró Presidente al magistrado Manuel Urrutia Lleó y recibió el reconocimiento de Estados Unidos.

Cabaret Tropicana – Cuba

Che Guevara y Camilo Cienfuegos

Hasta esa noche, mal que nos pese y sin dejar de tener en cuenta su cultura, Cuba había sido el prostíbulo de Estados Unidos. El cabaret de occidente. Un bulo de “mielda” para los ricachones blancos de bigotes tupidos, abdomen prominente, y cadenita de oro cruzándoles la panza. Esos tipos despreciables que aparecían en las fotos de familia con un rifle en la mano sonriendo al lado del cuerpo de un elefante, en lugar de ir a La Bodeguita del Medio a tomar un mojito o al Tropicana, se hacían llevar buen whisky o Don Perignon a la habitación y pagaban en dólares por acostarse con mulatitas de 12 años a las que desvirgaban después de someterlas a mal trato. Cumplida la faena, se quedaban roncando un soberbio pedo centroamericano.

Ernest Hemingway, premio Nobel de Literatura de 1954 que en su novela Por Quién Doblan Las Campanas (inspirada en la Guerra Civil Española) dice que “la pérdida de libertad en cualquier país del mundo pone en peligro la libertad de todos los países del mundo”, y que vivió en Cuba – solía contar entre amigos que cuando los ricachones gordos se dormían borrachos, las mulatitas los bolsiqueaban para sacarle algunos dólares más.Y estaba bien que así lo hicieran porque esos gordos asquerosos bolsiqueaban Latinoamérica.

Cuando Fidel y el Che les patearon el culo a esos fachos y a otros gordos más fachos y más gordos todavía, para generaciones enteras de adolescentes y jóvenes Cuba pasó a ser la dignidad de América, Fidel a ser Gardel, y el Che Guevara otro Gardel pero con guitarra eléctrica. Así estaban las cosas por entonces. No hablo de cronología sino de ideología.

Los años 70 no fueron una década sino un tiempo. Un mundo. Una forma de vida. A eso me refiero. Los hombres nos dejamos el pelo largo y las mujeres se acortaron las faldas dejando atrás la castración Victoriana, al menos en nuestro país nacido y criado al sur de la realidad que aunque por entonces no se le decía global igual nos llegaba a todos por más que no lo supiéramos o los gobiernos lo negaran.

Malcom X y Martin Luther King

John F. Kennedy y Robert Kennedy

Es verdad que la década del 60 fue histórica.Que la llamada Crisis de Los Misiles del ´62 entre Estados Unidos y la entonces Unión Soviética cuyo poder de fuego nuclear (el de cualquiera de los dos) alcanzaba para hacer desaparecer 30 veces el planeta Tierra, y que los asesinatos de John F. Kennedy, Malcom X, Martin Luther King, y Robert Kennedy agregaron más pánico a la incertidumbre y que la guerra fría estaba caliente. Pero para nosotros aquí bajo la línea de flotación del primer mundo (nosotros el pueblo, nosotros los trabajadores, nosotros los estudiantes y nosotros los don nadie) eso pasaba allá lejos.

Sábados Circulares de Mancera

El mundo contemplaba una gigantesca pulseada entre titanes y los mocitos acá abajo como si tal cosa, yendo a misa de once los domingos. Y cuando no íbamos a la iglesia gastábamos las horas mirando por la flamante televisión los Sábados Circulares de Mancera que tenían más rating que el que alguna vez tuvo Tinelli.

Aquello de allá era un asunto lejano, un problema ajeno que nunca nos iba a llegar porque éramos el mejor país del mundo y al mejor país del mundo nunca podrían caerle misiles del cielo y muchos menos pasar hambre, no señor: Dios era argentino. Y como crecimos con ese zumbido en el oído, el de mejor país del mundo, y eso fue lo que nos enseñaron, era lógico que viviéramos en un paraíso aunque no fuera cierto y que ante cualquier problema social y comunitario nos laváramos las manos recitando aquel versito que nos hizo asquerosamente odiados en muchos países del mundo y en especial en los países vecinos. El versito en cuestión decía: – Ah no sé che, arreglátelas solo: yo, argentino.

Esa prosa también nos llevó a dónde ahora estamos.

Siempre fuimos así. Tal vez porque nuestro útero fueron los barcos.

Cuando en 1966 fue derrocado el Presidente Arturo Ilia por uno de los hermanos Alsogaray por orden de los poderosos laboratorios medicinales y de un grupo de civiles que usaban gemelos de oro hasta para dormir, casi que ni hubo resistencia del pueblo. Del radicalismo y del peronismo tampoco. Algún que otro correligionario gritó por ahí: “Que se rompa, pero que no se doble”, mientras que algún que otro compañero exhibía la tapa de la revista Tía Vicenta donde salía una caricatura del Presidente Illia con cuerpo de tortuga. Pero la mayoría de la gente ni siquiera supo que para irse a su casa don Arturo se tomó un taxi.

Después vino el Mayo Francés del 68 y aquí en el interior del país, concretamente en Córdoba, los que todavía teníamos granitos en la cara pero ya leíamos y escribíamos de corrido, hasta vimos cierto glamour en esa resistencia estudiantil y empezamos a usar boinas negras chanfleadas para el lado del corazón como les enfants de la patrie. Y para que las vergüenzas que nos quedaron desde el ´18 no siguieran siendo las libertades que nos faltaron entonces, empezamos a leerlo a Sartre y a Marx y una gran mayoría a mirar al cielo para ver si de una vez por todas venía el bendito avión que traía de regreso a Perón para que Perón se hiciera cargo del gobierno y sobre todo nos devolviera el cuerpo de Evita.

Entonces conocimos al gringo Tosco. Y al negro Atilio. Y a René Salamanca. Y al Cordobazo para que Onganía se fuera de una vez. Y para bien o para mal, de puros guapos que éramos le pusimos el pechito argentino a la burguesía, fumábamos marihuana, escuchábamos rock nacional y hasta teníamos sexo sin preservativos porque nosotros los jóvenes de los años ´70 no sólo crecimos en la rebeldía, en la protesta y en el enfrentamiento, sino que por haber nacido en el mejor país del mundo no había venérea que nos hiciera daño ni chancro o ladilla que sobreviviera a un buen jabón Guereño.

Atilio López y Agustín Tosco

El regreso de Perón

Así fue.

Así nos fue.

Más acá en el tiempo, la vida nos puso en frente la traición de la Iglesia, la de muchos dirigentes, muchísimos civiles, y muchos militares.

Después vino lo que vino, aquella maldita noche.

Si algún punto en común entre décadas tuvieron los años ´70, además de la resistencia y de los dedos en vé, fue que había líderes y que esos líderes eran de carne y hueso. Las ideas tenían nombre propio, eran de alguien. Y ese alguien tenía nombre y apellido.Y en lugar de ostentar autos importados y preciosas minas de boquitas pintadas, derramaban dignidad. Entonces discutir una idea, pelear por ella, o resistir, era algo natural que tenía respaldo de un líder.

Cristina Fernández de Kirchner, que nació en 1953 en otra ciudad de estudiantes como La Plata, tal vez represente la última resistencia de los años ´70. También están los gordos de la CGT y de los gremios y sus hijos que no son gordos sino más bien flaquitos y bronceados que se mueven en autos alemanes o viajan en primera, pero a ellos, a los gordos y a los flaquitos, no les interesan las ideas sino la plata. Van por la plata. También van por la plata. Por eso si Cristina llegara a ir presa por corrupción, por la plata, quedará apagada del todo la última llamita de la década del ´70. La desilusión será grande. Tan grande como que Donal Trump tenga en la casa blanca un retrato del Che Guevara. No hablo de si Cristina robó o no robó. Hablo de la probable muerte de una ilusión, de una forma de vida. Hasta es posible que sea decretada la muerte de la militancia y de las utopías.

Quien nunca en su vida resistió no sabe de qué estoy hablando. Quien siempre estuvo en contra de las resistencias, tampoco.

Se fueron los años ´70. Y, como corresponde, se fueron a su manera.

Además de otra gran grieta que supimos conseguir, dejan, eso sí, una enseñanza invalorable. Ahora sabemos que este no es el mejor país del mundo ni nosotros los argentinos los mejores. Ahora también sabemos que cada vez que nos enfrentamos entre nosotros (nosotros el pueblo, nosotros los trabajadores, nosotros los estudiantes, nosotros los don nadie) terminamos peleándonos entre pobres. Y cuando nos peleamos entre pobres, allá en los ´70 o acá en el 2018, alguien en algún lugar se nos está cagando de risa y ganando mucho dinero.

Nos guste o no, ahora les toca a nuestros hijos y a los hijos del útero de la internet. Esos chiques preocupades por la igualdad de génere tendrán ahora la palabra y el protagonismo. Elles deberán saber que el desafío más grande por delante no es bajar la inflación ni llegar a pobreza cero como prometió Macri y difícilmente pueda cumplir sino la transición entre aquel tiempo y este.

Por si las moscas, dejo aquí por escrito para les chiques una advertencia que a su vez es una gran lección de vida sobre las personas dada magistralmente por José Saramago: “Los fascistas del futuro no van a tener aquel gesto de duro militar. Van a ser hombres hablando de todo aquello que la mayoría quiere oír sobre bondad, familia, buenas costumbres, religión y ética. En esa hora va a surgir el nuevo demonio y muy pocos van a percibir que la historia se está repitiendo”.

Donald Trump y Jair Bolsonaro

José Saramago

Quiero decir que el triunfo de Bolsonaro en Brasil confirma la probable muerte de los años ´70. El tiempo dirá si Saramago estaba equivocado o no. Pero no hay que confundirse. Bolsonaro no es un profeta ni un estadista. El nuevo Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, es populismo de derecha. Más de lo mismo que nos llevó al fracaso pero de la vereda de enfrente. Es otra grieta u otra de las venas abiertas en nuestra Latinoamérica. Y si a pesar de todo los años ´70 se resisten a partir, es por su naturaleza rebelde y porque a pesar de su templanza y sabiduría adquirida después de dos guerras mundiales y dos bombas atómicas allá y de ofrendar las mejores miles de vidas de acá porque murieron por sus ideas y no por plata, no es justo quedarse sentado a contemplar cómo pasa el siglo.

Además a nadie le gusta un destino de abono.

En Córdoba, en la primavera de 2018.

Alejandro González Dago

Periodista y escritor