El valor de la ciencia

"Es casi imposible imaginar lo que puede lograr la ciencia, si se invierte correctamente en ella" dice Valeria Canto-Soler, quién dirige una iniciativa que desarrolla terapias para el tratamiento de enfermedades que producen ceguera, con un financiamiento inicial de diez millones de dólares.

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En junio de 2014, un equipo científico de la universidad norteamericana Johns Hopkins publicó en Nature el desarrollo de una metodología para formar tejido retinal humano a partir de un tipo particular de células madre, llamadas “pluripotenciales inducidas”.

El trabajo abrió nuevos caminos para la investigación en este campo, cuyo objetivo último es la posibilidad de realizar trasplantes de retina que les devuelvan la visión a personas que la perdieron como consecuencia de determinadas patologías.

El estudio, y el equipo de investigadores que lo llevó adelante, fue dirigido por Valeria Canto-Soler, una bióloga egresada de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de Córdoba, que actualmente se desempeña como profesora asociada del Departamento de Oftalmología de la Universidad de Colorado (Estados Unidos) y que el año pasado fue nombrada directora de CellSight, un programa de investigación dirigido a desarrollar terapias basadas en células madres para tratar enfermedades que producen ceguera.

Canto-Soler llegó a Córdoba para participar en la XXXIII Reunión Anual de la Sociedad Argentina de Investigación en Neurociencias. En ese marco, dialogó con UNCiencia.

– ¿En qué consistió el trabajo y cómo lograron desarrollar una micro retina en el laboratorio? 

– Desarrollamos una metodología para diferenciar esas células madre pluripotentes inducidas –también conocidas como iPS– de manera que formaran tejido retinal en una cápsula de laboratorio. Las iPS son células madre que, en cuanto a su potencial de diferenciación (en términos simples, su capacidad para convertirse en un tipo de células), son equivalentes a células embrionarias.

La clave está en que es factible reprogramar células adultas obtenidas de la piel o la sangre de una persona, sana o enferma, para que adquieran un estado pluripotente, es decir, para que se transformen en células madre equivalentes a una célula madre embrionaria.

La metodología permitió diferenciar esas células iPS humanas en un tejido retinal humano. Fue interesantísimo ver que a medida que las células se van diferenciando en el laboratorio, van repitiendo cada uno de los estadios que se da durante el desarrollo de la retina en un embrión humano. No solo eso, sino que lo hacen manteniendo el tiempo de cada etapa.

Para decirlo de otra manera, si mientras se desarrolla en la panza de la mamá, a un embrión humano le lleva dos meses de desarrollo llegar a un estadio concreto de la diferenciación de la retina, demora el mismo tiempo en el laboratorio. Básicamente lo que se logra en el laboratorio es muy parecido a cómo se da en el embrión humano.

– ¿Qué avances se lograron desde el desarrollo de esta metodología?

– Hemos hecho avances importantes. Uno de los objetivos es poder desarrollar un trasplante de retina a partir de estas retinitas humanas que podemos hacer crecer en el laboratorio. Hay enfermedades concretas que llevan a la ceguera porque se mueren los fotoreceptores de la retina. Las retinitas que generamos en el laboratorio tienen fotoreceptores y son funcionales: si les das luz, responden a ella de la manera que usualmente lo hacen los fotoreceptores en la retina humana.

Nuestro objetivo es poder usar ese tejido retinal o mini retinas para desarrollar un trasplante de retina. Las esperanzas son poder mover esto lo más rápido posible para poder llevarlo a la clínica. Pero la ciencia a veces va un poquito más lerda de lo que uno quisiera.

– ¿Y en qué momento se encuentran ahora?

– Hemos podido establecer un prototipo de lo que sería un trasplante de retina. En la primera parte de 2019, vamos a comenzar con los estudios preclínicos en un modelo animal. En cerditos que tienen degeneración en la retina, vamos a trasplantar nuestra retina derivada de células madres y evaluaremos si se trata de un tratamiento seguro, es decir, que no implica riesgo para el paciente. Y también evaluaremos si es eficaz, si el trasplante logra integrarse en la retina del animal y restablecer la función visual.

Una vez que comprobemos eso en los animales –y asumiendo que se puede comprobar que funciona–, el siguiente paso, una vez aprobado por la Food and Drug Administration (FDA) de los Estados Unidos, sería evaluarlo en pacientes, ya en el contexto de un estudio clínico controlado.

– ¿Estiman alguna fecha para estos estudios clínicos?

– Nuestro plan es que dentro de los próximos cuatro o cinco años estar en condiciones de tener aprobación de la FDA para iniciarlos. Dependerá de si podemos comprobar que es seguro para el paciente y tiene, por lo menos, cierta capacidad de restablecer la visión. Asumiendo que todo salga bien, nuestro plan es empezar a testear esto en los pacientes dentro de los siguientes cuatro o cinco años. Pero todo dependerá de los resultados.

– ¿Cómo evalúa la formación de grado que recibió en la UNC?

 Siempre me enorgullecí muchísimo de la formación que recibí en las escuelas y en la universidad argentina. Cuando llegué a los Estados Unidos, me di cuenta que no teníamos absolutamente nada que envidiar. Mi conclusión fue que la formación en la universidad argentina era, en ciertos casos y en ciertos aspectos, aun mejor, más completa, más comprensiva que la formación de un grado equivalente en universidades de los Estados Unidos.

Pienso que porque no tenemos todos los recursos al alcance de la mano, desarrollamos una capacidad creativa mucho más poderosa que la que se desarrolla en otros lugares. Cuando vos combinás la formación a nivel de conocimiento junto con esa capacidad creativa, el darle vueltas a las cosas y encontrarles la manera alternativa, el resultado es muy bueno. Hay una sinergia muy particular entre conocimiento y creatividad.

– ¿Cómo ven los científico argentinos que trabajan en el exterior a la ciencia del país?

– Los argentinos que estamos en el extranjero nos mantenemos muy al tanto de lo que sucede en el país. Nuestras raíces están acá y seguimos muy de cerca y con mucho interés lo que pasa. Tenemos relaciones muy estrechas con investigadores en Argentina. Todo lo que afecte a las posibilidades de desarrollo de la ciencia en Argentina, y su posibilidad de seguir creciendo y generando conocimiento, nos preocupa. La única manera en que la ciencia argentina puede alcanzar su potencial es si hay una verdadera inversión de recursos canalizados hacia la investigación. Pero hace falta visión a largo plazo, porque la inversión en ciencia no da resultados al día siguiente, es un proceso de varios años, donde la inversión de hoy potencia la inversión de mañana y en cinco, diez años es casi imposible imaginarse lo que puede ser el resultado si se ha invertido de manera correcta.Como argentinos nos preocupa lo que puede llegar a ser la falta de recursos o la falta de inversión en la ciencia. De todos modos, es algo que hemos sufrido siempre.

– ¿Te fue más complicado avanzar en tu carrera científica en el exterior por ser mujer y extranjera?

– Personalmente, no encontré barreras que no se pudieran superar. No encontré barreras o limitaciones muy marcadas, ni por ser mujer, ni por ser extranjera. Cuando me fui a Estados Unidos, en general me decían que era probable que no pudiera hacer una carrera, que podía ir y formarme, pero que tendría que volver porque las oportunidades para los extranjeros no son las mismas que para el americano nativo.

Yo no lo viví, no me encontré con situaciones así. De todos modos, aunque no se me hayan cerrado las puertas, o no haya podido acceder a lo que buscaba, creo que como en cualquier cultura, a veces el ser mujer sí te pone en desventaja. Existe una tendencia en los hombres en considerar a otros hombres más capaces que las mujeres. Es muy interesante porque es algo, hasta te diría, inconsciente.

Me he encontrado en situaciones donde se les da crédito por descubrimientos o avances a colegas hombre y no se me ha dado el crédito que se me debería haber dado por haber hecho algo parecido o similar, o aun haber llevado la ciencia un poquito más adelante. En una charla, conferencia o artículo se le da crédito a un colega hombre y no al trabajo de mi laboratorio. En cierto modo, en situaciones más sutiles, sí lo he experimentado, pero nada que no me haya permitido seguir adelante, avanzar y acceder a las cosas que me proponía.

Sobre Cellsight

” CellSight – Ocular Stem Cell and Regeneration Program” es un programa de investigación implementado con el propósito de desarrollar terapias basadas en células madre para el tratamiento de enfermedades que producen ceguera. La iniciativa comenzó en 2017 y cuenta con un presupuesto inicial de diez millones de dólares.”Nuestro objetivo es desarrollar trasplantes retinales para poder curar o restablecer la visión en pacientes que se han quedado ciegos como consecuencia de una enfermedad degenerativa. Estamos trabajando codo a codo, no solo los investigadores en el laboratorio, sino también con los oftalmólogos cirujanos, que son quienes harán los trasplantes, primero en los animales y eventualmente, una vez aprobado, en los pacientes”, apunta Canto-Soler.