Un bicicletero en tiempos de Macri

A pesar de la crisis ó porque ésta existe, hay quiénes naturalmente ayudan a que otros puedan superar las dificultades, aunque sea sólo porque "no les gusta saber que existen bicicletas inmovilizadas".

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Esta mañana salí en bici de mi casa, no tanto por arriesgar mi vida en las caóticas calles de la ciudad sino por hacer unas pocas diligencias y, sobre todo, buscar una bicicletería y pedir que me controlen la rueda delantera porque tenía la certeza de que no estaba bien, de que tenía varios desperfectos leves que no le impedían rodar, pero… me encaminé, por cercanía y vocación, a barrio Güemes porque Gabriela Macheret, que es muy observadora, me dijo que estaba segura de haber visto por ahí un establecimiento del ramo.

Llegué a la zona y lo primero que hice fue preguntarle a un naranjita (nombre que reciben aquí los cuidadores de autos en la calle, metonimia que viene del color de la indumentaria que solían usar otrora estos precarizados trabajadores de la intemperie): no supo responderme; muy cerca advertí a un supuesto morador sentado el umbral de una modesta casa: sabe si hay una bicicletería en el barrio, pregunté; no, me dijo; no sabés o no hay, insistí; no hay, respondió. Gracias, dije y recordé que por ahí vivía (vive, pero me da cosa alterar el tiempo verbal) Paco Giménez, que además de ser antiguo morador del barrio, anda en bicicleta.

Me llegué hasta su casa y vi por la ventana entreabierta su silueta con un bolero sonando a buen volumen (no alcancé a saber quién era el cantor, pero me di cuenta de que el propio Paco cantaba encima en dúo perfecto). Vecino, grité y Paco apareció de inmediato: qué haces, me dijo; busco una bicicletería. Me indicó un par por la zona y me contó que a él se le había reventado la cámara de su bici y que, si podía, le averigüe cuánto costaba una rodado 26.

A la primera que me indicó, la más cercana, no la encontré: seguro es otra víctima de las políticas de asfixia a los pequeños propietarios, pensé: no pudo pagar la luz y cerró. A la más lejana la encontré, y abierta. Entré al establecimiento, con bici y todo, y un señor me recibió con un buenos días afectuoso sin afectación. Entonces me inquieté: pensé, eran las 11 AM de este sábado, soy el primer cliente y quiere salvarse conmigo. A continuación transcribo la conversación que mantuve con el profesional:

Yo: creo que tengo la llanta descentrada…
Bicicletero: (a poco de examinarla) no, es la cubierta la que está deformada pero es normal en las de calidad regular.
Yo: bueno, pero además se me desinfla un poco esa goma…
Bicicletero: ¿usas todos los días la bicicleta?
Yo: no, solo los fines de semana
Bicicletero: las gomas de las bicicletas de desinflan… (tomó una herramienta) Pero además tenés floja la válvula (y la ajustó).
Yo: ah, mirá. ¿Por qué no controlás el eje y la maza de la misma rueda delantera? El finde pasado la saqué para ver si estaba pinchada y noté una de las tuercas giraba loca.
Bicicletero: (ajustando las tuercas de la rueda): esta está bien… esta no, está jodida la rosca… hay que cambiar el eje…
Yo: bueno, entonces te la dejo… ¿Cuánto cuesta? (dije lleno de temor)
Bicicletero: $ 200, repuesto y mano de obra.
Yo: bueno te la dejo.
Bicicletero: ¿pero no querés andar ahora?
Yo: Y, sí.
Bicicletero: bueno, ahora te pongo una contratuerca y podés andar tranquilo. Si querés cambiar el eje traela en la semana y lo cambiamos; pero si no, andá tranquilo que no hay riesgo.
Yo: Una cosa más, regulame el freno trasero, que no frena bien.
Bicicletero: es una tontera… girás esta estrellita y regulás el freno.
Yo: ¡gracias! ¿cuánto te debo?
Bicicletero: nada… La contratuerca, $ 10.
Yo: ¡Gracias! ¿Tenés cámaras rodado 26?
Bicicletero: sí.
Yo: vendeme una.

Salí de ahí lleno de energía positiva con la cámara en mi mochila y me dirigí raudo a la casa de Paco. Al llegar, sin bajarme de la bici, le grité como antes, ¡vecino!, pero no respondió. Enseguida lo vi a unos 100 metros, hablando con una mujer. Me acerqué, y para no interrumpirlo en su conversación barrial, le conté de manera sumaria la experiencia con el bicicletero y le dije que cuando le mencioné que un amigo tenía la cámara reventada, me dijo que no le gustaba saber que hubiera bicicletas inmovilizadas y que le mandaba esa cámara de regalo.  Paco me miró con desconfianza y gratitud.

No lo dejé decir nada y me puse en marcha en mi biblicleta curada. No le pregunté el nombre al biclicletero, pero no importa: sé que mi bici y yo tenemos un nuevo amigo y que atiende en su local de Río Negro y Pueyrredón, ciudad de Córdoba, Argentina.

Sábado, 3 de noviembre de 2018

Marcelo Casarín

Profesor-Investigador / Centro de Estudios Avanzados UNC