Latinoamérica: intenso bienio

Serán el que pasó y el que viene, años determinantes en la región. Tan interesantes para analizar, como especiales para sobrellevar.

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Personalidades. Sobresalen en 2018 López Obrador y Bolsonaro. De ambos se habló mucho. El primero, tras el accidente aéreo y muerte de la gobernadora de Puebla, Marta E. Alonso, que enlutó sus primeras semanas, deberá enfrentar tormentas diversas. Desde Brasilia, asoma aquel que arrancó con menos de diez puntos de intención de voto, y un discurso que lo puso siempre al borde. Aunque el ex capitán se ha moderado y tiene crédito. Nos dice un taxista, en las calles de Foz de Iguazú: la expectativa es similar a la generada por el primer gobierno de Lula.

Los triunfos de AMLO y JB señalaron aprendizajes para analistas y consultores. Un paralelo entre ambos los muestra en distintas veredas, generando en el votante análogo impulso: primero, el país ¿Se resignifica el sentido de “nación”?

El mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y el brasileño Jair Bolsonaro (JB) Las figuras de 2018

Escenarios. Venimos señalando la dominante gravitación de Asia. En el Atlántico, sobran los problemas: el primero de ellos tocará la puerta en marzo, con la aún irresuelta salida del Reino Unido de la Unión Europea. Son datos sensibles para nuestra región, aunque sigue resultando esencial seguir la evolución de los principales commodities. Aún en países con economías más diversificadas e industrializadas, los valores del petróleo, el cobre o la soja marcarán la macroeconomía, y su influencia en la política (comercio, divisas, endeudamiento, gasto público, inversión social, etc.).

Centroamérica. Trump insiste con su dique. Guerrea adentro y presiona afuera, para combatir las oleadas de extranjeros. En México se confunden migrantes propios y en tránsito. Y aflora la crisis institucional generada por la corrupción complicada con el crimen organizado. Los países centroamericanos más cercanos a esa órbita (El Salvador, Guatemala -ambos de elecciones presidenciales en 2019- Belice y Honduras) atraviesan crisis profundas, con dificultades sociales e institucionales que impiden consolidar agendas locales.

Daniel Ortega, presidente de Nicaragua. A la derecha los candidatos independientes en Panamá: Dimitri Flores, Ana Matilde Gómez, Ricardo Lombana y el empresario Marco Ameglio.

Costa Rica, Nicaragua y Panamá se exhiben históricamente con mayor nitidez y personalidad. El primero, siempre el más estable, acomoda la proa tras el inusitado ballotage de mediados de año. Managua vive horas oscuras, y preocupa: Daniel Ortega se encuentra en su peor momento, reconcentrado en su autoritarismo. La dirigencia panameña, que afrontará elecciones presidenciales en 2019, se desprestigió por el escándalo Odebrecht, aunque no pareciera que dará la nota, por una crisis más profunda. Respecto a la América insular, Cuba, ya sin los Castro en la conducción, quizá empiece a mostrar la apertura sugerida desde hace varios años. Habrá elecciones generales en Antigua y Barbuda y la más lejana Dominica.

Sudamérica. Colombia viene dando sus primeros pasos en la gestión Duque, hasta aquí sin mayor estridencia y encerrando una incógnita respecto al efectivo liderazgo del presidente en el marco de una alianza que -se dice- lo condiciona. Venezuela, que comparte fronteras con Colombia y Brasil, transita la zozobra del ocaso chavista: aislamiento y camino hacia la autocracia. Perú intenta salir de los conflictos institucionales por corrupción que enrevesaron su presente, sin mella importante en su floreciente economía.

El Estado Plurinacional de Bolivia -otra economía que ha crecido-, con elecciones presidenciales, se prepara para el fin de una etapa: la de Evo Morales, líder de un movimiento social que evolucionó a político y cuyo futuro es un enigma. Chile redondeó un año importante, participando del G 20, creciendo a buena tasa y presentándose como el modelo más ordenado de la región, aún con asignaturas pendientes, como lo muestran ciertos movimientos sociales. Uruguay ratificó su rumbo estable y se apresta también a renovar Poder Ejecutivo; sus candidaturas principales están por definirse.

Evo Morales y al vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, como binomio de candidatos del oficialismo para las primarias de enero de 2019; habilitados por el Tribunal Supremo Electoral.

Argentina mantuvo visibilidad durante 2018; la cumbre del G 20 de Buenos Aires es el hito resonante; aunque no faltaron improvisaciones y errores, como la seguidilla de gaffes sobre Malvinas -que exhiben la dificultad del gobierno de Cambiamos para comprender al argentino de a pie, en cualquier aspecto-. Sin una completa agenda exterior, los traspiés seguirán apareciendo. Macri -presidente y candidato- dará examen en Brasilia a mediados de enero: esperemos que para aprovechar un viento de cola representado por la ansiada recuperación económica del gigante vecino.

Derechas e izquierdas. En antiguos pero reconocidos parámetros, se profundiza la crisis de liderazgos progresistas “bolivarianos”, sin Chávez ni Castro (muertos en 2013 y 2016), ni Lula (preso).

Quizá para el sector valga aquella confesión de Perón a Esteban Peicovich, en 1965: hacer crecer, al lado del tronco carismático ya viejo, un tronco joven, que tome la posta ante el fin del ciclo personalista (tal como finalmente el argentino logró, al perpetuarse el liderazgo justicialista por varias décadas a su muerte, en 1974).

El ex presidente Juan Domingo Perón

Fracasó el modelo regional propuesto por los referentes del llamado “socialismo del siglo XXI”: el relanzamiento de la “patria grande”, la cooperación técnica, financiera y cultural, etcétera. El desarme de la Unasur muestra cómo aquel proyecto finalmente se vació de contenido, por insuficiencia de bases y acciones en concreto.

Para el espacio que podríamos encuadrar en términos de “derecha” se abre una oportunidad. Piñera, Duque, Bolsonaro, el propio Macri, ocupan la escena aunque aún no están claros los puntos de una agenda. Por ahora, son más nítidos los cuestionamientos a lo dado o hecho por administraciones anteriores, que las iniciativas propositivas. Al culminarse las renovaciones presidenciales pendientes, se determinarán afinidades y vinculaciones territoriales, como también los objetivos de una eventual agenda. La recuperación económica y política del Brasil, octava potencia mundial, quinta en territorio y cuarta en población -la mitad de la sudamericana- será esencial en los próximos años, tanto para otorgar consistencia a esta mirada desde el centro a la derecha, como para consolidar espacios y programas en la región.

Pragmatismo. Hoy se proponen y actúan otros esquemas de relacionamiento, hacia adentro y hacia afuera de los países. La ciudadanía, en particular los jóvenes, son protagonistas de estos cambios hoy significativos, pero no necesariamente definitivos. Se están abriendo otras maneras de mirar el mundo, el país, la ciudad, la familia, la vida. Los ciudadanos latinoamericanos toman opciones, impulsan la alternancia democrática, y felizmente lo hacen de modo regular y estable, lo que no ha sido tan normal en la región como lo es hoy.

La profunda mediación de la tecnología, libera a las personas de fuentes o criterios “sólidos”, más tradicionales, fundando y dinamizando decisiones prontas y “líquidas”. Se agilizan procesos, se aceleran los tiempos.

Den Xiaoping, ex presidente de China

Decía el estadista chino Deng Xiapong: “no es tan importante el color del gato como que cace ratones”. Así lo interpretan ciudadanos de todo el mundo, también de nuestra región. Los apegos, atrasan. Son los tiempos del pragmatismo. Mínima distancia entre el ensayo, el acierto o error y el cambio. Menos doctrina, más “big data” y algoritmos; los objetivos son más cortos -“quick wins”-.

Pero cuidado: independientemente del color, seguiremos necesitando a un gato. Entrenado, sano. La tragicomedia del Brexit, que hasta podría terminar resolviéndose con otro referéndum, o en un tribunal de justicia, así lo demuestra.

José Emilio Ortega