Jangadera de Coplas

Marita Londra en Alfonsina, por Alejandro González Dago. En la Córdoba de Argentina. En un febrero lluvioso ideal para los barquitos de papel y las jangadas que no se hunden porque están hechas de coplas.

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No importa lo que Marita Londra cante, siempre lo hará desde el paisaje sonoro del litoral porque de allí le viene la coloratura de su voz y su cadencia para decir.

Es inevitable. Es su origen. Son sus raíces. Es su destino. Es su gloria.
Todos la disfrutan y la aplauden, pero a nosotros los mediterráneos nacidos y criados lejos del agua inmensa, además, nos transporta a un paisaje desconocido de grandes árboles verdes, pájaros de trinos únicos, peces de todos los colores, y el gran río que nunca vimos cuando niños pero siempre presentimos y necesitamos cuando grandes.

Como a diferencia de los litoraleños los mediterráneos nacemos con el horizonte limitado porque podemos verlo ahí nomás a tiro de piedra de una mirada mientras que ellos cuando miran desde la costa miran el infinito, cada vez que Marita Londra canta en Córdoba sucede lo mismo: como si tal cosa, nos lleva a dar un vueltita por el Paraná en su jangada de coplas. Para ella es natural porque ella también es lo que canta y su paisaje, mientras que para nosotros es necesario dejarnos llevar por su voz para trasponer el horizonte cercano como único modo de seguir soñando despiertos. Los sueños no saben de límites y Córdoba lo sabe. Bendito sea entonces su canto que nos transporta más allá de una frontera natural y benditos sean los pájaros que anidan en su garganta y ella saca a volar cada vez que canta.

El jueves 14 de febrero de 2019, Marita Londra llenó de gente Alfonsina. No cabía más un alma en el histórico templo del centro del país creado por Valerio Mazsza. Esa noche, lo hizo de nuevo. Nos cargó a todos en su jangada de coplas y nos llevó a pasear por su querido litoral. No fue por azar que tal cosa sucediera la noche de San Valentín, se sabe que ella es la enamorada de más.

Mientras todos los días una buena parte de cordobeses busca por Internet un referente con el que puedan mirarse como en un espejo y el propio gobierno en su campaña proselitista para su reelección les dice que el wifi es el nuevo derecho social en este siglo XXI y que una ciudad sin wifi libre no es una ciudad, es bueno que se vaya sabiendo que esta mujer no es una moda pasajera de esas que nacen con un emoticón que sonríe o hace morisquetas o un “me gusta” que después muere con un bloqueo.

Marita Londra es mucho más que eso.

Tiene una jangada hecha de coplas, de chamarritas, litoraleñas, estilos, milongas sureñas y de las galponeras, cuecas, y también de tonadas cuyanas a las que canta con la suavidad y la ironía criolla con que deben cantarse las tonadas. Pero más allá de una canción o de las síncopas (que en música es una estrategia compositiva destinada a romper la regularidad de un ritmo acentuando una nota débil para arrastrarla a lo fuerte, o sea un contratiempo) ella canta desde el litoral así como el Polaco Goyeneche cantaba desde la ciudad y Gal Costa desde su Brasil natal.

La universalidad de su canto está en cómo canta lo que canta porque no lo canta sino que lo cuenta. Y contar cantando lo que otros sólo cantan, es un privilegio reservado sólo para los elegidos.

Supongamos que algún día a Marita Londra se le diera por cantar algo de Edith Piaf. Que nadie dude desde dónde lo hará. Es inevitable. Son sus raíces. Es su destino. Es su gloria. Pero debe quedar en claro que no se trata de una limitación sino de una identidad; demasiado infinito son el cielo y el horizonte en el litoral como para que alguien pretenda limitar su paisaje.
Personalmente me gustaría escucharla en algún tema de Caetano Veloso o de Gustavo Vergara que es la reencarnación del mininho bahiano en Traslasierra. Y que le cante a otras gentes que también la necesitan.

En el universo argentino de las cantoras, es la mejor. La que más transmite. La que más llega. La que más advierte que el río está por crecer y entonces se llevará todo. La que más reclama. La que mejor se para ante las injusticias. Por lo tanto, es posible que haya llegado la hora que amplíe su jangada para sacar a pasear otras realidades de otros lugares y otros ríos porque en cualquier parte del mundo donde los dolores sean el paisaje de la gente, contar cantando lo que sucede es tarea del arte, de los cantores. En cambio los cantantes, todos lo sabemos, están para alegrar los cumpleaños.
Ella puede hacer que las cosas de otros pueblos se sepan. Quizás hasta deba hacerlo. La cuestión es saber si lo hará.

Para quienes nunca la escucharon cantar hasta ahora, es bueno que sepan que Marita Londra no canta como cantaba Era Fitzgerald; canta como Marita Londra. Sin embargo tienen algo en común: las dos cuentan cantando lo que le sucede al ser humano por dentro.

Que los poetas escriban poemas, los escritores escriban, los escultores esculpan, los pintores pinten, los cineastas filmen, los actores actúen, el teatro siga siendo el teatro, y que Marita Londra cuente cantando. Así, tal cual, lo hizo la otra noche en Alfonsina. La gente y algunos artistas presentes (Gustavo Vergara, Silvia Barrios, Martín Oliva, entre otros) la aplaudieron de pie. Todos la aplaudimos de pie.

Ya que Borges solía decir que “ escribir es plagiar a conciencia o sin proponérselo” y que “la única explicación de este robo interminable comenzado hace treinta mil años es inventar autores que no existen y atribuirles lo que no escribieron”, es oportuno recordar que alguien dijo que se debe cantar en el idioma en el que se dicen las malas palabras porque ese es el auténtico. Nadie insulta con ira en un idioma que no le pertenece. Por eso, en nuestro idioma, nada como un pensamiento borgiano para que la gran cantora argentina Marita Londra tenga presente que esta es su hora y que tal vez deba tomar la decisión de también ella cruzar sus propios límites. Después de todo “Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”.

Alejandro González Dago /

escritor y periodista