Dios anda suelto en la Docta

Por Gastón Cossutta

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Las vueltas de la vida, las cosas del destino…
Diego Armando Maradona, Pelusa, El pibe de oro, D10S, el Diego… estará entre nosotros. No son muchas las oportunidades en las que el jugador más grande de todos los tiempos visita la Docta, ciudad que, sospecho, le guarda un cariño mayor al que generalmente se expresa, al menos de parte de los futboleros, claro.

Diego genera, desde hace mas de 30 años, amores y odios.
Los amores los conquistó en la cancha a fuerza de gambetas, de goles, de entrega, de magia… Pero también supo ganarse el amor y el respeto por ser una especie de representante mas fiel de “el ser nacional”.

Rebelde, irreverente, irrespetuoso, nunca callando, siempre adelante a la hora de denunciar, a la hora de pelear, sin medir la magnitud ni el poder del adversario. Casi como en la cancha. Quizás ahí mismo, en el origen del amor, resida también el comienzo del odio que algunos le profesan.

Una vida desordenada fuera de la cancha, excesos, contradicciones, bravuconadas y peleas de todo calibre, hicieron que luego de llevarnos volando a la luna del éxito (el de México ’86) comenzara un derrotero deportivo y personal que llevó al pueblo, o a una parte, a olvidarse del hombre que nos regaló las máximas alegrías, que nos ubicó en el mapa para muchos y sin pedir nada a cambio.

En Julio de 2014 en Sportivo 9 de Julio de Río III. El equipo de Maradona ganó 6-2 con tres goles del “Luifa” Artime, uno del “Tano” Spallina y dos de Diego. Para el equipo contrario convirtieron Dertycia y “Miliki” Jiménez. Foto: https://442.perfil.com

Decir de Maradona algo no dicho, suena utópico . Todos, con mayor o menor grado de autoridad moral, se sintieron con derecho de opinar sobre el Diego, sobre sus tropiezos de ser mundano; si al fin y al cabo él opinó de todo.

No son muchas, reitero, las veces que Maradona pisó nuestro suelo, pero nunca pasó inadvertido. Jugó con la de Belgrano allá por el 86 en un amistoso contra Vélez. Se vistió de albiazul para despedir a su compadre la Rana Valencia. Una pasada para jugar un partido de Showbol, alguna escapadita por algún spa de las sierras para desintoxicarse, como DT de la Selección en un amistoso y no mucho mas.

Por eso, que Diego vuelva no debería pasar desapercibido, aunque esta vez sea quizás para muchos, como actor de reparto, sentado en el banco del Lobo platense, equipo que no representaría el mas mínimo interés, sino fuera por él.

En tiempos de grieta estructural pedir que nos pongamos de acuerdo respecto al Diego suena pretencioso, pero el tiempo pondrá, seguramente, las cosas en su lugar y el tiempo le otorgará en el imaginario colectivo general el lugar mas alto del podio entre los que mas alegrías regalaron a este castigado pueblo.

Sin pretender un cambio de opinión de nadie sobre nuestro visitante ilustre, quedan todos advertidos: este domingo y el lunes, si andan por la Cañada o pasan por Colón y General Paz estén atentos, D10S está de visita en la ciudad.

Gastón Cossutta

Periodista