El abecedario del diablo

Por Alejandro González Dago

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Haciendo honor a ciertas incumbencias teológicas anque teorías religiosas que aseguran que el mayor talento del diablo consiste en haberle hecho creer a la gente que no existe, en la capital del principado de Asturias, la ciudad de Oviedo, España, entre niños de la escuela primaria se ha puesto de moda un juego que no es un juego porque no existe como juego sino como tormento al que se le llama El Abecedario Del Diablo.

Minga de abecedario.

En verdad, la novedad no es el juego en sí mismo porque no constituye primicia alguna ni exclusividad regional ya que también en nuestro país solía practicarse por lo que formó parte del nomenclador escolar de maldades violentas denominado bullying cuyo génesis continúa en discusión. Lo nuevo, lo que llama la atención, es que el supuesto juego de los púberes españoles ha comenzado a preocupar a especialistas en juegos diabólicos entre los que se destacan algunos sacerdotes exorcistas. A partir de allí, los chavalines le llaman juego, los padres de los chavales le llaman maldito juego, y los exorcistas ceremonia.

Se dice que El Abecedario del Diablo tiene mucho en común con La Tabla Ouija que es un método de invocación espiritista, y lo común es que a ambos se les denomina juego y que ambos tienen abecedario.

El Abecedario del Diablo se juega así: Son dos jugadores por juego. El jugador número uno (un niño) pone sus manos abiertas con las palmas hacia el suelo, comienza a decir el abecedario desde la a hasta la zeta y a pronunciar una palabra que empiece con la letra que está pronunciando, mientras el jugador número dos (otro niño) con sus uñas le rasca la parte superior de su mano (el anverso de las palmas) hasta que finalice de hablar que es cuando termina el juego. Según la velocidad con que el primer jugador hable son las heridas y las llagas que le quedan. Gana el que lastime más. Pierde el que menos resista. La Tabla Ouija por su parte, consiste en formar un círculo con el abecedario, los números del 0 al 9, y las palabras SI y No. En el centro de ese círculo se coloca un vaso sobre una Tabla, se hace una invocación a los espíritus y se gira el vaso como una perinola. A medida que el vaso va deteniéndose frente a cada letra forma una palabra. Esa es la palabra del espíritu invocado de un muerto.

A La Tabla Ouija nadie la toma para la chacota porque hubieron casos muy graves e inexplicables que produjeron cierto grado de locura y hasta la muerte, pero a El Abecedario del Diablo todavía siguen diciéndole un juego cuyo peligro consiste sólo en lo violento.

Sin embargo, los sacerdotes exorcistas están haciendo horas extras por este asunto. Dicen los que siempre dicen cosas que algunos niños cambiaron su conducta después de jugar a este supuesto juego. Pero el cambio no fue como consecuencia de la violencia sino de las palabras que ellos mismos pronuncian con cada letra del alfabeto cuando juegan.

Como siempre sucede en casos que carecen de una explicación racional, han comenzado las habladurías y los sucedidos sobre niños poseídos. No hay una sola autoridad que dé crédito a este asunto que para ellos, las fuerzas vivas, no son otra cosa que violencia escolar, bullying, o modas de los niños hijos de una época donde se vive con la violencia incorporada.
Lo que no tiene explicación, es la palabra que pronunció un niño en una escuela mientras jugaba como jugador número uno con los ojos cerrados y soportando el dolor.

El niño de apenas siete años, cuyo nombre ha sido reservado, cuando llegó a la segunda letra del alfabeto dijo Belcebú.
Los veinte días siguientes el niño no habló ni dijo una sola palabra.
Se dijo que su risa generaba cierto miedo.
Mientras la prensa habla de bullying y de padres descuidados, el niño abre y cierra ventanas y puertas sólo con la mirada.

El hecho sucedió hace dos años. La cuestión es que aún hoy, en 2019, nadie ha dado una explicación al asunto. Del niño nada se sabe. Sus padres se mudaron de barrio. Las puertas y las ventanas de la casa donde vivían ya no se abren y cierran solas como antes. Al inmueble lo alquiló una mujer que vive sola. Nadie sabe cómo se llama porque la nueva vecina es callada y no se da con nadie. Según se dice, todos los días pasa por la puerta de la casa un curita que disimuladamente tira un poco de agua bendecida.

Alejandro González Dago
En la Córdoba de la Nueva Andalucía