Un nuevo Chile

Gabriel Montali: "En esa sociedad violentada por la propia violencia del sistema, parece estar presente algo que perdimos en la Argentina: cierta solidaridad interclase".

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Sobre Chile: la comparación no es con el 2013 de la Córdoba delasotista, es con el 19 y 20 de diciembre de 2001.

Hay una pérdida de legitimidad del modelo heredado de la dictadura. Y aquí hay que tener algo en claro: la reflexión sobre la violencia siempre debe supeditarse al análisis de las circunstancias que la hacen estallar.

Veo muchos colegas muy preocupados por los actos de los manifestantes y muy poco atentos a la violenta pérdida de calidad de vida que ha obligado a los chilenos a salir a la calle a romper todo como única (y última, y extrema) forma de visibilizar esas penurias: la penuria de un salario mínimo de 350 dólares, la penuria de tener hasta el agua privatizada.

Lo primero es poner la mirada en los máximos responsables de la crisis: el presidente Piñera y el modelo de Estado neoliberal, que te dice que tenés que alcanzar tus objetivos por tus propios medios, que te bloquea todas las posibilidades para que tus esfuerzos den buen resultado, y que encima te barre a los tiros cuando protestás por lo injustas que son las reglas del juego.

Fotografía de Juan C. Hoppe Ellicker, Chile octubre del 2019. “No hay injusticias buenas o malas ni represiones buenas o malas; hay represiones e injusticias, y ya”, enfatiza Montali en este sintético análisis.

“Morite de hambre sin chistar, porque si te morís de hambre es culpa tuya”, es el mensaje.

Luego, si ponemos atención a la violencia de las manifestaciones (o, para ser más preciso: a la reacción de ciudadanos violentados) se derrumba otro argumento: el de la “brisita bolivariana”.

Aquí erra el mickyvainillismo, que busca atemorizar con el fantasma de la década pasada. Erra también el gobierno venezolano, que busca en Chile un argumento para justificar su propio maltrato al Estado de derecho. Y sobre todo erran quienes hacen lecturas delivery: muchaches, dejemos de mirar la represión y la injusticia según nos convenga. No hay injusticias buenas o malas ni represiones buenas o malas; hay represiones e injusticias, y ya.

Ningún país amanece igual después de vivir algo como lo que estalló en Chile. Ojalá sea el punto de maduración de una etapa de radicalización de la democracia. Porque el problema ya no parece ser la opresión, es decir, la construcción de jerarquías de poder dentro de una sociedad. El problema parece ser el desprecio hacia la vida del otro. Ahí están los candidatos fascistoides que gritan basta de paros, piqueteros, negros, pobres, gays y de que seis millones de supuestos laburantes “mantengan” a otros quince millones de supuestos vagos (a los que entonces, supongo, habría que pasar a degüello).

Por suerte en Chile, esa sociedad violentada por la propia violencia del sistema, parece estar presente algo que perdimos en la Argentina: cierta solidaridad interclase; o por ahí peco de ingenuo por el optimismo que transmiten ciertas imágenes, como estos videos…

En la tercera noche de toque de queda ordenado por Sebastián Piñera, con los militares en la calle para evitar las manifestaciones contra el gobierno, el descontento y la resistencia de los chilenos se pudo escuchar desde los balcones. Desde uno de los edificios de Santiago se vivió una conmovedora escena. Una mujer entonó una emotiva versión de “Te recuerdo Amanda”, de Víctor Jara que se volvió símbolo de la lucha de clases. Los vecinos estallaron en aplausos.

Conmovedor alegato en contra de la represión en Chile y en favor de la libertad y de la lucha del pueblo, por parte de una de las adolescentes perteneciente a una compañía juvenil al término de una función teatral.

Gabriel Montali 

Periodista / Dr. en Estudios Sociales de América Latina de la UNC 

Foto principal: Protesta del 22 de octubre en Santiago de Chile. REUTERS/Edgard Garrido