Despedidas republicanas y Albertismo que no acaba de nacer

Entre la noche del domingo y la mañana del lunes, el politólogo Mauricio Gioino hizo en caliente un análisis sobre el resultado electoral. Una mirada desde Córdoba.

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Tremenda polarización en Córdoba, con 61% para Cambiemos y 29% para el Frente de Todos (acumulando 90% de los votos entre ambos). Al mismo tiempo, excelente elección de Cambiemos a nivel de diputados (51%). Pero también la mejor elección del Frente de Todos (22%) y una mejoría con respecto a las PASO de Hacemos por Córdoba (17%). Si se suma todo el peronismo, con el 39% tienen el mejor resultado en años (más aún que el 35% de 2011 cuando fueron juntos).

Córdoba sigue siendo el fuerte macrista, pero se consolida la oposición. Veremos qué lograrán Alberto, Schiaretti y LLaryora en la primera alineación vertical desde 1983-1989 (me refiero a Alfonsín, Angeloz, Mestre, momento que en parte logró la hegemonía de la UCR en Córdoba y su firmeza hasta hoy en varios municipios del interior provincial. La última alineación peronista fue la de 1973 Perón, Obregón Cano, Ávalos/Coronel).

Ojalá la Córdoba amarilla en la foto del voto sea una razón para que en la estrategia política apunten a las inversiones en obras, las modificaciones en el sistema de transporte para la Ciudad y el desarrollo de todos los rincones de la provincia que venimos necesitando.

Mauricio Macri cerrando en Córdoba la campaña, con Mario Negri y Juliana Awada.

A nivel nacional, inteligentísima escena política la de las 20:59 del domingo de elecciones. Frigerio muestra un logro político personal (comparando su 60% escrutado vs el 9% de 2015), y deja la foto de un 47% vs 41%. Si bien se va a matizar el resultado al cargarse los datos del distrito pesado (Buenos Aires), lo cual va a mostrar el respaldo fuerte a Fernandez, esta pantalla quedará en la memoria afectiva de ambos lados, reforzando a un Cambiemos debilitado e incomodando al Frente de Todos.

Para los adalides del republicanismo, alegría. Mayor tensión entre un oficialismo que gana cómodo y una oposición que no se muestra débil, se supone generará políticas públicas con más control.

Macri pierde con la menor diferencia con respecto al ganador en relación a todos los resultados desde la vuelta a la democracia (exceptuando la no-elección de 2003).

Primera reunión de la transición entre el Presidente Mauricio Macri, que termina su mandato, y el Presidente electo Alberto Fernández, en la Casa Rosada.

Rompe la maldición de ser “el fracasado” y en su discurso post elecciones, uno de sus últimos gestos como presidente, muestra templanza y razonabilidad. Llama y coordina encuentros con Fernandez, dando muestras de la intención de una salida ordenada, esfumando fantasmas de adelanto de traspaso o helicópteros.

Este lunes sí durmió bien, parece. De cara a su futuro político y el del PRO, esta campaña y este discurso fue importante para lavar la desgastada imagen afectada por lo económico, con un republicanismo que acepta resultados, recorre el territorio y congrega multitudes. El PRO se consolida como partido de oposición, lo que será un desafío para Alberto, que seguro no se achica y dará muestras de su gran cintura política, para construir a futuro.

En estas elecciones, para el electorado que puede aceptar a Macri se adelantó el ballotage (sentían y pensaban que era la última chance de ganarle al kirchnerismo) y para el resto se votó en elecciones generales. Así, con el 88% de los votos concentrados entre los primeros dos candidatos, se llegó al máximo nivel de polarización desde 1983 (52 vs 40).

En Argentina se gana las elecciones con el 45% y si se ganara con el 50% (como en la mayoría de los sistemas electorales con doble vuelta), tal vez esta victoria de Fernandez con gusto amargo (dada la expectativa de un resultado superior a 50%) sería distinta.

En un eventual ballotage, Fernandez tal vez hubiera logrado un porcentaje mayor al 54 de Cristina, pero esto hoy no importa en tanto gana -cómodo- con 48%. Sí deja esto una sensación de “hay que consolidar poder”, lo que hará relucir las habilidades de armador que ya mostró luego del 22% de Kirchner en 2003. La grieta persiste, pero no va a ser Alberto el que insista en ella.

Alberto gana por segunda vez, luego de la victoria simbólica de las PASO, que le dio su primera luna de miel y le obligó a hacer sus primeras acciones de gobierno aún sin gobernar. De cara al 10 de diciembre, su segunda luna de miel va a ser menos dulce, a pesar de haber logrado una victoria notable de 48% (el segundo mejor resultado del kirchnerismo).

Alberto Fernández vuelve a ingresar a la Casa Rosada después de muchos años para entrevistarse con Mauricio Macri.

Creo que este resultado poco cómodo frente a la expectativa (+50%), pero que muestra su caudal propio por encima del kirchnerismo (saca 11 puntos más que Scioli), va a sacar lo mejor de él: mesura y claridad frente a los pronósticos que envalentonan, acompañado por su habilidad para mostrar que la política requiere construir consensos, lo que pondrá en práctica desde mañana en el desayuno.

Mauricio Gioino

Lic. en Ciencias Políticas / Docente Escuelas ProA Córdoba / Adscripto en la UNC / Estudia Maestría en Administración Pública en Instituto de Investigación y Formación en Administración Pública