Realistas utopías

Para vacunar contra el caos neoliberal
(Por Darío Gómez Pucheta)

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En la primeras décadas del siglo XXI, la proliferación de expresiones culturales distópicas y apocalípticas se han irradiado de manera semejante a lo que lo hacen las nuevas tecnologías y el acceso que tenemos les ciudadanes.

En el mismo periodo de tiempo, el neoliberalismo resiste a su decadencia radicalizando sus posiciones de financiarización de la economía y externalización por apropiación de costos sociaoambientales, expulsando (o descartando) personas fuera del sistema.

La expansión de las ideas neoliberales han profundizado la construcción de subjetividades individualistas y competitivas para sobrevivir en una suerte de darwinismo social, mediante la lógica meritocrática que se apoya en una supuesta “objetividad” tecnocrática.

Algo semejante al fin de la historia de la que hablaba Francis Fukuyama en los 90: sin memoria, sin futuro y con un presente de sobrevivencia signado por la autoayuda y autofotos que fuerzan rostros felices en segundos que son como gotas de agua en el océano infinito del tiempo.

Rebelión popular en Ecuador

Chalecos amarillos en París

La literatura distópica nos refleja un mundo con imágenes del presente en el que la libertad se restringe, con concentración de poder en gobiernos autoritarios (como en 1984 de George Orwell) o ciudades anárquicas (como acurre en la taquillera película “Guasón”). El imaginario neoliberal que se representa en la sobreestimación de la vida individual ante el abandono del Estado de la vulnerabilidad social (recorte de gasto y ajuste) o la idea de gobiernos que pueden controlar todos los aspectos de la vida (como la ciudad transparente de la novela Rendición de Ray Loriga, en la que ¿todo? estaba resuelto), es parte del dispositivo de poder cultural que despliegan los actores del mercado para resistir en su gubernamentalidad financiera.

Este género cultural tanto en la literatura, el teatro o el cine, en definitiva los discursos sobre posibles realidades, son construcciones que radicalizan algunos aspectos que nos perturban, que nos alertan que esto puede salirse de los que limites que intersubjetiva deseamos.

El imaginario neoliberal en el caso argentino, mediante el discurso del cambio pareció instalar la distópica idea de que si la alegría que reinaría en nuestro país no fue lograda, la población debe sacrificarse en un presente de sobrevivencia para arribar a un futuro que no es previsible. En la subjetividad cultural la victoria de Cambiemos es lograr que un tercio de la población se resigne a la supervivencia, se encierre en su individualismo o comodidades ganadas y vea en el otro un competidor, a un enemigo.

La disputa de imaginarios tiene sus representantes en la elección presidencial. Desde el Frente de Todos se ofrece un imaginario que contrapone un discurso con expectativas (aunque reducidas) dentro del marco de lo institucionalmente posible; con matices, el resto de las fuerzas políticas intentan hacer lo mismo.

Sin embargo, existe toda una realidad intersubjetiva que está construyendo un mundo alternativo en la búsqueda de sustentabilidad socio ambiental e igualdad en derechos (basta con ver las protestas en Ecuador y Chile), que busca contar con tiempo para compartir con el otre, que trabajan cooperativamente en una economía sin especulaciones, que producen sus alimentos agroecológicos, que defienden y recrean ecosistemas naturales, que usan medios sustentables para movilizarse, que reivindican los saberes ancestrales sin descartar los valorados positivamente de la modernidad, que recurren a las redes sociales (no sólo de internet) para resolver problemas, están quienes reciclan y crean nuevos objetos, quienes hacen arte, hacen música, escriben poesías, hay todo un mundo que se anima a las utopías viviéndolas, accionando sobre la realidad, sin resignar el presente.

El neoliberalismo cruje en occidente, y la alternativa requerirá de recuperar y reciclar todo lo que sirve, de apelar al realista equilibrio de la diversidad, a la armonía y seguridad que da la comunidad, la contención de los otros humanos.

Ante las distopías urbanas que nos permiten asomarnos al producto apocalíptico del neoliberalismo, se requiere contraponer discursos utópicos no solo para imaginar un futuro mejor, sino para seguir caminando en el presente. La disputa a la que nos asomamos, no se reduce a la elección de presidente, ni de un partido de gobierno; se trata de construir intersubjetivamente un mundo con espacio para todes.

Las manifestaciones populares de Chile (foto principal) y Ecuador, la manifestación electoral de Argentina, la liberación de Lula en Brasil (a pesar del golpe de Estado en Bolivia) nos muestran que como otras veces, volvió a ganar la política (cuando pierde, como está sucediendo en Bolivia, todo vuelve atrás).

Esa innata condición humana por vivir en sociedad, pensar y construir una realidad que nos contenga a todes. La política, esa construcción que empieza en imaginar una sociedad diferente y que se equilibra en el arte del uso de la palabra, implica hoy apelar a la emergencia de esas experiencias que fueron ausentadas por carecer de lógica “comercial” y facilitar la emergencia de las nuevas miradas de la realidad. Por suerte las sociedades siempre acuden al mundo de la vida, sólo hay que correr la cortina, está ahí, ya podemos verlo.

Darío Gómez Pucheta
Dr. en Administración y Políticas Públicas- IIFAP- UNC
Lic. en Trabajo Social- UNC