La subjetividad del sticker

"Permiten decires fáciles y evitan el “martirio” de pensar sobre la respuesta que debemos dar. Símbolos de todo tipo se cuelan en la conversación y acortan una charla que ya desde el comienzo se cimienta en lo impersonal y el sinsentido"

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En la actualidad, la comunicación “mediatizada” por un aparato, cualquiera sea, se encuentra resumida, escueta y deglutida en un mar de símbolos y códigos que trabajan por un objetivo particular: materializar de manera rápida y sencilla lo que queremos expresar. Estas innovadoras formas conversacionales empujan al sujeto a múltiples interpretaciones y tiñen la subjetividad de esta época con ciertas peculiaridades que caben destacar con suma perspicacia.

La revolución comunicacional y tecnológica producida hace algunos atrás, y que hoy sigue dando sus frutos, introdujo nuevas plataformas, espacios y contactos permanentes e inmediatos. Desde los orígenes de esta transformación abrumadora, el ser humano se vio envuelto en una serie de aparatos estrafalarios y gigantescos hasta llegar a dispositivos cada vez más sutiles y específicos. Con la llegada del“mensaje de texto”, el “´Nick´ de Messenger”, el “`PIN` de Blackberry”y hoy el “Whatsapp”, entre otras tantas plataformas que pasaron por manos de millones de personas, la construcción de tramas subjetivantes impactaron de lleno en las relaciones humanas. En suma,no caben dudas que nos encontramos ante uno de los momentos más cruciales de la humanidad.

Los famosos y relucientes “stickers” de Whatsapp representan en este último tiempo lo que dijimos anteriormente. Permiten decires fáciles y evitan el “martirio” de pensar sobre la respuesta que debemos dar. Símbolos de todo tipo se cuelan en la conversación y acortan una charla que ya desde el comienzo se cimienta en lo impersonal y el sinsentido. Estas herramientas, bastantes novedosas por cierto, siguen fomentando una comunicación exenta de compromiso, rápida y líquida, en términos del sociólogo Zygmunt Bauman.

Dicho esto: ¿Las transformaciones comunicacionales, mediáticas y tecnológicas se inclinarán cada vez más por esta manera de vincularnos los unos con los otros? ¿Qué nos depara para los años que vienen? El ser humano, actor fundamental en este proceso, tomará el rol que debe ocupar o seguirá siendo neutralizado por dispositivos cada vez más frondosos? ¿Este progreso multifacético y globalizado favorece el contacto interpersonal?

¿Los cambios que asoman contribuyen y/o contribuirán a discutir seriamente las contradicciones propias de la naturaleza humana o simplemente ayudarán a separarnos cada vez más como especie? ¿No estaremos, en nombre del avance y el progreso técnico, ante una de las trampas mejor planteadas en la era posmoderna?

Preguntas y más preguntas que no se inclinan precisamente por un pesimismo visceral, sino que intentan sembrar reflexiones sobre lo que acontece y por último, brindar algunas vías de escape a la flamante construcción de subjetividades: vínculos fragmentados con vivencias de un presente continuo, resumidas en el “aquí y ahora”, sin proyectos ni relaciones forjadas en el tiempo.

Tal como plantea el psicoanalista argentino Luis Hornstein, “un mundo construido con proyectos duraderos fue reemplazado por productos descartables destinados a una obsolescencia inmediata”.

Conectados en red, pero desabrigados personalmente, nos mostramos superficiales y ostentosos de logros que poco tienen que ver con lo que sentimos interiormente, escudándonos en el quehacer del trabajo diario para no indagar sobre nosotros mismos. Una cultura que nos brinda dos caminos: el éxito o el fracaso individual, la felicidad o la tristeza. Tapamos el dolor con lo que esté a nuestro alcance. Narcotizados para no pensar ni sentir, zambullidos en el ruido, emparchando frustraciones y descontentos, desvalidos ante una realidad que cuesta cada vez más afrontar, nos vemos arrinconados a persistir sobre eso que nos demanda el sistema.

Una era que ofrece recetas mezcladas con binomios, etiquetas y resultados, en la cual el ser humano es el último orejón del tarro. En conclusión: una era que el sujeto está sufriendo, pero en silencio.

Manuel Sánchez Adam 

Periodista