Covid-19: reflexiones sobre las políticas sociales

Este artículo del jueves 2 en la web del Colegio de Psicólogos de Córdoba fue premonitorio sobre lo sucedido al día siguiente, donde por una irresponsable operatoria gubernamental cientos de miles de jubilados y beneficiarios de la AUH se agolparon fuera de los bancos.

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Algunas de las medidas de índole económico-sociales, que encara el gobierno nacional en el marco de la situación de aislamiento/cuarentena por la pandemia Covid-19, son ciertamente atinadas, pero también merecen especial atención, en vistas de poder contribuir reflexivamente desde nuestra profesión.

La medida de otorgar un ingreso excepcional de $10.000 para algunos monotributistas y trabajadores informales, pareciera atinada por cuanto estaría favoreciendo a aquellos sectores que por las razones de restricción de circulación, se ven seriamente perjudicadas por cuanto no están pudiendo ejercer un derecho básico que es el del trabajo y su retribución para poder subsistir.

Muchas familias de los sectores más postergados, se ven una vez más en la situación de vulnerabilidad de la que ya son parte y estarían recibiendo un aporte lógico para mitigar esta problemática, planteada por la actual cuarentena obligatoria.

A raíz de los acontecimientos difundidos, en donde podemos observar mediante diferentes medios a personas haciendo largas colas sin respetar el espacio preventivo entre ellas, hacinados en veredas y calles para realizar compras en los centros de venta.

Cabe preguntarse: si existe en el tejido social una representación psíquica de lo preventivo, y en que grado una medida masiva (pensada para el logro de un beneficio), puede traer consecuencias no deseadas al no ser mensuradas y proyectadas adecuadamente en las comunidades destinatarias.

Desde la mirada socio-comunitaria podemos distinguir que el cuerpo social, no es un cuerpo estanco, de respuesta lineal sino que parte de una dinámica construida por el conjunto de inter y retro acciones, que deben contemplarse en consonancia por el conjunto de variables que implica a partir de una decisión, una macro intervención con consecuencias potenciales tanto positivas (mitigar una problemática económica) como negativas (el movimiento en masa a centros de compras, con el potencial riesgo de contagio que esto implica).

Expresado de otra forma, diríamos que las repercusiones de las decisiones tomadas sobre el conjunto social y en especial a las comunidades más postergadas en este caso, no corresponden a la consideración variable económica solamente, sino que de esta se desprenden un conjunto de interacciones a nivel comunitario con posibles consecuencias no deseadas si no son consideradas en el marco de una intervención planificada estratégicamente.

Hasta el momento de presentarse el plan de acción, desconocemos el grado de contemplación de potenciales consecuencias no deseadas y del alto riesgo comunitario, debido a la potencial movilización inter-zonal, en particular las pertenecientes a comunidades de escasos recursos tanto en la provincia de Córdoba como en el resto del país.

Estaríamos de alguna forma, frente de un modelo retroversivo, considerado como una manera de intervenir en la comunidad, en virtud de disminuir, mitigar y regular tensiones por las consecuencias proyectadas, dada la imposibilidad de generación de ingresos.

También debemos recordar que la dinámica comunitaria, se nos plantea como un sistema que supera el concepto de la suma de las partes, ya que guarda en sí, la esencia consecuente del conjunto de interacciones y retroacciones que en ella se conjugan, y que en definitiva deben ser valoradas dialécticamente tanto en el marco de la situación actual de alto riesgo individual y colectivo, como así también en cualquier planificación estratégica que se desprenda del estado.

En este sentido sostengo que la introducción de la variable económica, debe considerar por quienes llevan adelante las políticas de estado, los potenciales factores negativos-positivos que se desprenden de una acción innovativa de estas características, con el potencial riesgo para la comunidad: movilidad mediante diferentes medios de un conjunto social importante (se estiman 3.600.000 de beneficiarios), en particular hacia grandes centros comerciales, y por ende preveer las modalidades metodológicas de implementación, a fin de reducir riesgos implícitos a partir de esta acción de implicancia comunitaria.

Considero que quienes trabajamos desde la Psicología en el campo social y comunitario, debemos plantearnos el alcance de estos datos; señalando la importancia de problematizar, reflexionar, analizar y poner en tensión el conjunto de variables que interactúan entre si, y repercuten en el tejido social a corto, mediano y largo plazo, en procura de generar estrategias que contemplen la complejidad de la comunidad.

Lic. Juan José Zohil (m.p. 3365)

Coordinador de la Mesa de Psicología Social & Comunitaria – Colegio de Psicólogos de la Provincia de Córdoba

(Foto Principal de El Resaltador)

Improvisación y riesgo 

Un día después del caos con jubilados, pensionados y beneficiarios de planes sociales con largas filas frente a los bancos de todos el país, con una ruptura del aislamiento social preventivo obligatorio para evitar el contagio del coronavirus, el presidente Alberto Fernández reconoció una “improvisación” el viernes y que fue por un “acto de confianza”.

Los jubilados que hicieron las colas buscaban cobrar por ventanilla porque o no tienen tarjeta de débito o no están acostumbrados a utilizarla. Es sabido que las personas mayores suelen hacer colas el día de cobro desde muy temprano para retirar todo el efectivo de su cuenta.

A raíz de lo sucedido, el propio Presidente Alberto Fernández adelantó que la cuarentena será levantada “paulatinamente desde el 13 de abril”. Las clases seguirán a distancia y el empleo público continuará con el teletrabajo, más allá de las guardias mínimas en los servicios esenciales. Continuará para los adultos mayores y habrá “mucho cuidado con los servicios de transporte público” (fuente Clarín)