Hoy: #TuEspacioAfuera

Son sitios de nuestra vivienda que resignificamos: balcones, terrazas, ventanas, patios, jardines, hasta las fachadas se vuelven ámbito para la expresión.

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A unos días de cumplirse dos mes del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio para evitar la propagación del virus Covid-19, nos encontramos adaptando toda nuestra cotidianeidad a las nuevas circunstancias y medidas.

Queda claro que las restricciones para salir de nuestras casas ponen en evidencia la necesidad de encontrar modos alternativos para expresarnos y relacionarnos con otres.

Navegando el espacio

La escena actual otorga especial protagonismo a las tecnologías de la comunicación: videollamadas, redes sociales, memes, teleconferencias, teleterapias, entre otras. Pero… ¿esto es suficiente? ¿cuál es la conexión que necesitamos?

A pesar que la tecnología posibilita la comunicación con familiares, amigues y compañeres de trabajo, al disolver fronteras concretas, no alcanza. El espacio público físico, el de la corporalidad, el cara a cara, no puede ser reemplazado por el espacio virtual donde el otro parece ser un poco más que una conjunción de caracteres e imágenes.

No se trata de plantear la dicotomía espacio público físico vs. espacio público virtual. Uno de tantos pensadores contemporáneos que reflexionan sobre el tema, Manuel Castells, sostiene que “las nuevas formas de comunicación dadas a través de internet hacen que el espacio público coquetee entre lo físico y lo virtual y se alimente de ambos espectros. Así las protestas públicas que comienzan en un espacio público virtual tienen su respuesta en un espacio público físico o al revés”. La cita deja en claro que estos espacios se complementan más no se suplantan. Así, podemos incluir a ambos dentro del ámbito público, en donde un debilitamiento de cualquiera de estos dos, significa un debilitamiento de las esfera que construyen en conjunto.

Espacios intermedios

En este contexto emergen nuevos espacios a los que llamamos espacios intermedios, como medio de contacto con les otres y con la ciudad. Pero… ¿cuáles son?

Son sitios de nuestra vivienda, que si bien no son “nuevos”, los resignificamos, les otorgamos un valor y sentido distinto, ya que funcionan como un nexo entre lo privado y lo público. En concreto pueden ser balcones, terrazas, ventanas, patios, jardines, hasta las fachadas se vuelven ámbito para la expresión. Por ejemplo, los aplausos que se hacen colectivos, colgar banderas y pañuelos en las ventanas, se convierten en formas distintas de habitarlos.

Estos intermedios no sólo cumplen una función para la expresión simbólica, también nos permite reafirmar la existencia corporal de les otres. Habitar los jardines, mirar por la ventana, sentarse en el balcón, nos da la posibilidad de entablar diálogo con nuestros vecines, sostener las redes fundamentales para garantizar la fortaleza de los lazos comunitarios y, en definitiva, cuidarnos entre todes.

Quédate en casa…

Más allá del ámbito de lo simbólico, hay un mundo material, donde existen entramados sociales. Al debilitarse el espacio público, nos encontramos en la necesidad de suplirlo con el privado, nuestra casa.

Reflexionar sobre el espacio público, adquiere más relevancia para aquellas personas cuyos espacios privados no garantizan condiciones de habitabilidad óptimas.

Esto nos da pie a retomar innumerables análisis en torno a las condiciones reales de vivienda, que involucran, ni más ni menos, al derecho a una vida digna. Nos referimos al acceso, habitabilidad, disponibilidad de servicios, materiales, instalaciones e infraestructura y asequibilidad.

En tiempos de crisis cobra mayor visibilidad la insuficiencia de viviendas adecuadas, la extrema desigualdad y la vulnerabilidad del hábitat.
¿Es más seguro el hacinamiento dentro de un hogar que mantener la distancia en una plaza?

Mucho hay para reflexionar y desarrollar en torno a estos tópicos. Probablemente, previo a la cuarentena, no éramos tan conscientes de la importancia que tiene la posibilidad de salir a caminar, ir a la plaza, encontrarnos con otres. Es allí donde creamos el sentido de comunidad, de identidad colectiva, el reconocernos a partir de un otre, reconocer las desigualdades sociales y económicas, el poder expresarnos y protestar.
Este tiempo en cuarentena, nos permite reflexionar sobre la relevancia que adquiere el espacio público para cada persona y para la comunidad en general.

JUNTAS, mujeres por el derecho a la ciudad

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