FAdeA: Cómo sobrevolar la pandemia

La fábrica de aviones de Córdoba debió establecer una esquema de continuidad en su producción durante la cuarentena por COVID-19. Cómo transita esta experiencia y a qué medidas recurrió una empresa que pertenece a un rubro que combina alta tecnología con mano de obra intensiva.

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Hay varias tácticas para que una aeronave sortee una tormenta capaz de derribarla. Una de las más usadas es ir más alto que la tempestad, sobrevolarla. Las aeronaves, a su vez, modifican la configuración de sus superficies de control (alerones, timones, flaps) para enfrentar diferentes disposiciones de la atmósfera o momentos del vuelo. Incluso, puede cambiarse el equipamiento y partes estructurales para responder a las exigencias de diferentes misiones o entornos. La Fábrica Argentina de Aviones “Brigadier San Martín” (FAdeA) debió recurrir a una analogía de todas estas acciones adaptativas para sortear el desafío de seguir produciendo en medio de la cuarentena forzada por la pandemia de COVID-19.

TSS hizo un recorrido virtual vía teleconferencia, a fin de mantener las estrictas medidas de bioseguridad que ha implementado la firma, junto con responsables de la empresa ícono de la industria aeronáutica nacional, que logró mantenerse productiva en medio de las restricciones que paralizaron a la mayor parte del país.

Una ruta nunca antes transitada

El 19 de marzo de 2020, el presidente de la Nación, Alberto Fernández, mediante el Decreto PEN N° 297/2020 estableció el “aislamiento social, preventivo y obligatorio”. La Argentina se sumaba a un hecho inédito en la historia mundial: una cuarentena sanitaria establecida a escala planetaria, más allá de las diferencias locales de implementación.

Todas las actividades consideradas no esenciales se paralizaron y hasta la movilidad de las personas quedó restringida al espacio de sus hogares con la salvedad de los desplazamientos imprescindibles más allá de ellos. Al día siguiente del decreto presidencial, la Decisión Administrativa N° 429/2020, de la Jefatura de Gabinete de Ministros (JGM), amplió las actividades exceptuadas de la cuarentena, incluyendo entre ellas a la “dotación de personal mínima necesaria para la operación de la Fábrica Argentina de Aviones Brigadier San Martín S.A.”.

La razón de esa excepción no era sólo que FAdeA es una empresa al servicio de la defensa nacional, sino que, en el marco de la pandemia por COVID-19, debía contribuir con varios aportes concretos. Uno sería el de mantener la flota de aviones de transporte militar C-130 Hércules de la Fuerza Aérea Argentina (FAA), destinados al transporte de insumos médicos vitales a las provincias y a la repatriación de argentinos y argentinas. También le correspondería mantener la dotación de aviones de entrenamiento Grob 120 TP, utilizados para el transporte de muestras de personas potencialmente infectadas, especialmente en un puente aéreo entre la Ciudad de Córdoba y Río Cuarto. Y, además, entregar una serie de helicópteros AB-206 traídos hace varios años atrás desde Italia y que debían ser revisados, puestos en servicio y algunos de ellos modernizados, como parte de un contrato suscripto con el Ejército Argentino (EA).

El desafío de mantener a FAdeA en marcha en medio de una pandemia fue enorme. La primer decisión apuntó a minimizar la cantidad de personal en planta. “En ese momento (en el inicio de la cuarentena) no teníamos prevista una modalidad de teletrabajo así que tuvimos que elaborar una y los gerentes de área debieron reorganizar las actividades para cumplir con lo esencial”, le dijo a TSS Silvia Acuña, gerenta de Recursos Humanos de la firma.

Para enfrentar el nuevo y adverso escenario se estableció un comité de crisis integrado por el directorio de la empresa, los gerentes de área, y las áreas de Medicina del Trabajo, Higiene y Seguridad e Informática. La evaluación de la situación y las decisiones a implementar saldrían de ese espacio a través de una interacción constante con todas las demás áreas de la fábrica.

Reconfigurarse

FAdeA cuenta con dos grandes grupos de trabajadores y trabajadoras: la mano de obra directa (MOD), integrada por Ingeniería y quienes trabajan en las aeronaves en las líneas de producción o mantenimiento; y la mano de obra indirecta (MOI), conformada por las áreas de soporte como administración, recursos humanos, comercialización, entre otras.

De un total de 858 empleados con los que cuenta actualmente la empresa, 273 pasaron a teletrabajo, casi la totalidad de ellos pertenecientes a las áreas de MOI (Finanzas, Compras, Recursos Humanos, Recursos Humanos, entre otras), y entre 250 y 280 quedaron en actividades presenciales en la planta. El resto fue enviado a aislamiento en sus domicilios. Algunas áreas concretas, como Informática, quedaron con parte de su personal en la fábrica y el resto en forma remota.

El objetivo era que “la empresa debía seguir funcionando como habitualmente lo hace. Incluso, con una carga superior porque esta situación hace que todo se complejice en todos sus aspectos”, enfatizó Acuña. “A nivel operativo –señaló Tamara Gerde, coordinadora de Seguridad e Higiene Laboral–, lo que se buscó fue dar respuesta, con la dotación disponible, a todos los trabajos que ya estaban programados”. Las tareas no eran pocas, ya que, a las citadas anteriormente, se sumaban el compromiso de entrega de conjuntos de partes (shipsets) para el avión de transporte militar KC-390, de la brasilera EMBRAER.

Otro desafío fueron los controles efectivos en una fábrica cuyo predio tiene 200 hectáreas. “Hay muchas fábricas dentro de esta fábrica. Eso hace que tengamos una gran dispersión que minimiza las posibilidades de contagio pero nos incrementa la dificultad para controlar”, comentó Sebastián Ugarte, gerente de Comunicación y Relaciones Institucionales.

Trabajo en uno de los talleres con los elementos de protección personal. Foto: Gentileza FAdeA.

Teletrabajo

“No todo el que quiera va a tener teletrabajo”, enfatizó Acuña. Para decidir qué puestos y roles eran susceptibles de esta modalidad se establecieron una serie de procedimientos. En una instancia inicial, los gerentes de cada área evalúan quienes pueden llegar a tener teletrabajo. Posteriormente, se completa una solicitud sobre cada caso, que se envía a Recursos Humanos. Se establecen que necesidades informáticas va a tener ese puesto y el acceso a los sistemas que requerirá. La última decisión la tiene el área de Organización, que cuenta con la definición de los puestos y sus requerimientos.

Finalizadas las etapas anteriores, se generan dos acciones: avisar a la Aseguradora de Riesgos del Trabajo (ART) de las nuevas condiciones laborales de cada empleado o empleada que hará teletrabajo, y hacer lo mismo con Informática para que provea los servicios necesarios.

El teletrabajo ha generado nuevos problemas que resolver con relación al régimen laboral. Uno de ellos es el manejo de los tiempos, que se desdibujan con respecto a las jornadas de trabajo presencial bien establecidas. “Estamos aprendiendo, a nosotros mismos nos cuesta ordenarnos en la demanda de trabajo en cuanto a horarios y objetivos”, dijo Gladys Muñoz, responsable de Seguridad e Higiene Laboral de FAdeA.

El trabajo en forma remota requiere, en gran parte de los casos, el uso de VPN (red privada virtual, por sus siglas en inglés) para mantener la confidencialidad de la información que se transmite o recibe, pero esto añade una vulnerabilidad extra en cuestión de seguridad informática, algo muy sensible para una empresa que trabaja en el rubro defensa. Por esta razón, se han debido extremar los cuidados para el teletrabajo en la firma.

Puertas adentro

Para quienes han debido continuar sus tareas en la planta de la empresa, los cuidados se han extremado. La consigna principal es evitar el contacto interpersonal que pueda facilitar el eventual contagio del COVID-19. En las líneas de producción y en los talleres de mantenimiento, el trabajo en las aeronaves, por sus dimensiones, se realiza en espacios reducidos, con mucha proximidad entre quienes allí trabajan.

Para maximizar la protección se ha provisto a ese personal de trajes especiales de bioseguridad. A su vez, el comedor de la fábrica fue cerrado, para evitar la concentración de personas, y el servicio fue reemplazado con viandas que provee la empresa. Si hay que hacer reuniones se trata de que sean virtuales. Las presenciales se realizan con el menor número de personas posible, a la distancia reglamentaria de dos metros y con barbijos.

“Cada puesto y sector de trabajo que se incorporó (al trabajo presencial) en FAdeA tuvo una capacitación, un seguimiento, y se vieron sus condiciones. Nadie volvió a su puesto de trabajo en este nuevo contexto sin recibir el apoyo de la organización para ver cómo iba a realizar sus actividades”, enfatizó Muñoz.

“Lo que hicimos –continuó Muñoz– fue armar pequeños grupos de trabajo conformados por gente de Medicina del Trabajo, Higiene y Seguridad y Recursos Humanos, para analizar las particularidades de cada tarea, como la limpieza de superficies y la higiene personal”.

Personal de FAdeA desinfecta en forma preventiva un Grob 120 TP luego de un viaje para transportar muestras potenciales de COVID-19 para ser analizadas en la Ciudad de Córdoba. Foto: Gentileza FAdeA.

De las evaluaciones realizadas, se pasó a limitar la circulación por la planta y establecer circuitos exclusivos vinculados al riesgo potencial de contagio del COVID-19. Estos circuitos se revisan todos los días para verificar que estén siendo los adecuados para el personal que en ellos se desempeña y para las tareas que deben llevarse a cabo. También se pusieron barreras físicas, donde fue posible, para evitar una eventual propagación del virus.

A quienes trabajan en las líneas de producción o los talleres de mantenimiento se les provee un kit de limpieza personal y para las herramientas que usan. En el caso de estas últimas, cuando son de uso individual se prohibió que se las presten sin limpiarlas.

Al ingresar a la planta, se le toma la temperatura a cada persona y hay un médico en la puerta para su recepción. Cuando regresan al trabajo después de haber estado en sus hogares en aislamiento, deben completar una declaración jurada sobre su estado de salud, dando fe de que conocen los síntomas ante los cuales no deberían concurrir a la fábrica. Previamente, se hace una capacitación vía e-learning sobre COVID-19 y las nuevas normas de convivencia en la empresa.

A fin de atender el previsible incremento de consultas, FAdeA amplió el área de Medicina Laboral, instaló nuevos consultorios dentro de la planta y se armó uno para atender posibles casos por COVID-19. En paralelo, se habilitó una línea telefónica directa con el área para responder a consultas sobre la enfermedad. Esta iniciativa, complementa la implementación de un canal de comunicación a través del cual se informa periódicamente a todo el personal en planta sobre las medidas que se van tomando.

FAdeA también ha contratado un servicio de transporte para quienes normalmente utilizaban el sistema público de ómnibus. El servicio contratado hace el mismo recorrido que el transporte público, lo que les brinda a quienes lo emplean la posibilidad de evitar uno de los focos más importantes de contagio del COVID-19.

En el aeropuerto Taravella, de la Ciudad de Córdoba, FAdeA cuenta con un hangar que se emplea para los servicios de mantenimiento de aeronaves comerciales. Si bien hoy en día hay un solo avión estacionado en preservación, lo que lleva a que únicamente sea necesario que una vez por semana vaya personal al lugar, se implementaron allí las mismas normas de bioseguridad que en la planta de la empresa.

Productividad y adversidad

Durante las semanas de cuarentena, FAdeA ha logrado mantenerse bien activa. Desde el 19 de marzo entregó al Ejército cinco helicópteros reacondicionados. En lo que respecta a los conjuntos y subconjuntos que se fabrican para EMBRAER, se terminó con la décima puerta de carga y 10 carenados de flaps, spoilers y lower rack (contenedor interno de equipos electrónicos). También se finalizó y liberó para la FAA el C-130 Hércules matrícula TC-66 que se encontraba en mantenimiento y modernización desde hacía varios meses.

La empresa también brindó asistencia técnica a uno de los Hércules con base en la 1° Brigada Aérea de “El Palomar”, que ha estado realizando los vuelos de repatriación al exterior y el transporte de insumos médicos a las provincias. La operación requirió de especiales cuidados para que el personal de FAdeA no se expusiera a riesgos de contagio innecesarios. Los cinco miembros del equipo viajaron y retornaron a El Palomar en un avión especialmente dispuesto por FAA y los días en los que trabajaron en la base se alojaron en el lugar sin contacto con el exterior.

En un panorama sombrío para el negocio aeronáutico internacional, especialmente en todo lo que tiene que ver con aviación aerocomercial, los trabajos de MRO (mantenimiento, reparación y revisión, por sus siglas en inglés) de aeronaves civiles que estaba llevando adelante FAdeA se cayeron y LATAM, una de las principales aerolíneas a las que presta servicios, no prevé una recuperación del sector antes de 2023. Aunque el negocio de MRO sigue siendo minoritario para FAdeA, durante 2019 representó una facturación por 1,76 millones de dólares. Una fuente de divisas preciosa para una empresa que opera en un rubro en donde la amplia mayoría de los insumos están dolarizados.

El 6 de mayo pasado fue entregado el C 130 Hércules a la Fuerza Aérea Argentina (FAA). Foto: Gentileza FAdeA.

Una parte de esos ingresos quizás pueda ser recuperado con la venta de servicios de parking (guarda y preservación) de aviones. Un negocio que se prevé tenga una gran demanda cuando se comiencen a autorizar nuevamente algunos vuelos comerciales y las aerolíneas deban sacar de los aeropuertos los aviones que hoy tienen estacionados en ellos y que no podrán volvera operar en un futuro cercano. De todas formas, en el caso de concretarse, se tratará de ingresos marginales.

EMBRAER también ha suspendido en Brasil buena parte de su producción, lo que ha afectado al programa KC-390 y eso ha repercutido en FAdeA. Los pagos por los shipsets que fabrica FAdeA pasarán de los 90 días de demora, en promedio, a 180 días, un trastorno adicional que deberán afrontar las finanzas de la empresa.

Los proveedores han sido otro frente que atajar. Hay dos tipos básicos: los que brindan servicios como seguridad, limpieza, parquización –casi todos ellos nacionales–, que han tenido una respuesta muy satisfactoria y comprometida, y los proveedores de insumos aeronáuticos, que son, mayoritariamente, compañías extranjeras. El trabajo con éstas últimas ha sido más difícil. Algunas están aquejadas por problemas de producción en sus propios países de origen y la respuesta a los requerimientos de piezas y partes varía mucho de un proveedor a otro. En ciertos casos, incluso, nada se mueve si no se pagan los pedidos por adelantado.

Un tema aparte son los contratos de FAdeA con el Ministerio de Defensa (MINDEF) argentino, núcleo de sus actividades. En abril, se firmaron los nuevos contratos de mantenimiento y modernización que incluyen a los sistemas de armas (aeronaves) C-130 Hércules, Grob 120 TP e IA-58 Pucará. Sin embargo, falta la decisión administrativa de la JGM que habilite los pagos de dichos contratos y posibilite a FAdeA empezar a cobrar sus trabajos.

En lo referido a los contratos, queda aún pendiente la firma del que corresponde a la producción de nuevas unidades del IA-63 Pampa. En FAdeA hay especial preocupación porque salga este contrato dado que del mismo depende el pago a los proveedores nacionales que se lograron desarrollar con mucho esfuerzo, en un rubro dominado casi totalmente por empresas extranjeras. La mayoría de esos proveedores nacionales son pymes tecnológicas que invirtieron capital de riesgo para poder participar del programa Pampa. Si el contrato en cuestión no se firma en breve, todo ese empeño podría perderse y hasta se arriesgaría la sobrevivencia de algunas de dichas empresas.

La respuesta del personal

Entre los elementos más destacados de lo recientemente vivido por FAdeA, se encuentra la positiva respuesta del personal de la empresa ante el desafío de respetar la cuarentena manteniendo la producción. “La reacción ha sido positiva y proactiva, proponen (el personal) nuevas medidas para sus puestos de trabajo y se han sentido realmente contenidos”, recalcó Acuña.

“La respuesta del personal fue muy buena a medida que fue pasando el tiempo. Por ejemplo, el 1, 2 y 3 de mayo estuvimos trabajando en uno de los Hércules. Ha sido un esfuerzo de organización de cada área y algo muy importante, un cambio de cultura fundamental”, expresó Mirta Iriondo, presidenta de FAdeA.

Cuando se le pidió a Iriondo que caracterizara, desde la perspectiva de FAdeA, el momento que se está viviendo con la pandemia del COVID-19, se centró en un concepto: “imprevisibilidad”. Por una lado, proteger a su personal. Y, por el otro, mantenerse productiva. Pero, ¿cuál es el escenario completo que están evaluando desde FAdeA?. Iriondo fue categórica: “Lo que intentamos hacer es que cada área esté lo más separada de la otra posible, porque nos estamos preparando para que aparezca el virus en la empresa dado que eso sería lo esperable una vez que haya circulación comunitaria”. Y agregó: “Si aparece el coronavirus en un área, el objetivo es que pueda ser aislada y colocada en cuarentena, sin parar el resto de la fábrica”.

Sin embargo, la especificidad de muchas de las tareas en una industria aeronáutica y la necesidad de contar con personal con las habilitaciones específicas y conocimientos muy concretos tornan muy difícil reemplazar a quienes puedan caer enfermos. “Hay áreas en las cuales podemos tener recambio de personal pero en otras es muy difícil, especialmente en las operativas directas”, advirtió Iriondo.

“Nadie sabía, cuando comenzó esto, que iba a evolucionar de la manera en que lo hizo. Pero hubo un alineamiento inmediato de todas las gerencias y del personal. Lo más importante ha sido el compromiso que ha demostrado la gente y el cambio cultural. Porque, además, esta forma de trabajo ha venido para quedarse por un tiempo largo”, vaticinó la presidenta de FAdeA.

Por Carlos de la Vega / Agencia TSS