Juventud en época de pandemia

El límite del lenguaje y la posibilidad de rebeldía frente a un mundo desigual.

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Salvador Allende supo decir alguna vez que “hay jóvenes viejos y viejos jóvenes”, y que él se sentía parte del primer grupo. Con esto intentaba dar cuenta de la importancia del espíritu joven en toda construcción de lo social. Ser joven hoy, como en cualquier otro tiempo histórico, presenta múltiples avatares: ser subestimado, ser tratado como ingenuo y siempre ser señalado con la afirmación “cuando seas grande….”, es decir, ellos nunca “están siendo” sino que “algún día serán”. Como dicen mis alumnos y alumnas de secundario: “lxs adultxs creen que somos una ruina”.

Es en este contexto de COVID-19 que me interesa reflexionar sobre la juventud para (re) pensar un mundo más justo e igualitario. Sin generalizaciones ni planteos ingenuos, pretendo remarcar que es este grupo de personas quienes generalmente intentan subvertir el orden establecido, decostruyendo los postulados más arraigados, desmontando eso que aparece como “obvio” en todo estado de discurso y que no parece tener fisura alguna. Es por esto que durante cientos de años se ha acorralado y excluido a lxs jóvenes de la opinión pública, estigmatizando y cuestionando sus intenciones.

Son muchos los estudios científicos que dan cuenta del fenómeno del lenguaje: es en la primera infancia, cuando aprendemos a hablar, que vamos dejando de hacer preguntas. Más aprendemos, menos preguntas hacemos. Jimena Lozano (2017), psicopedagoga, estima que entre los 2 y 4 años hacemos la mayor cantidad de preguntas de toda nuestra vida. Otros especialistas, inclusive, dicen que el 70 por ciento de los interrogantes que elaboramos se producen en los primeros 10 años de edad. Y es que, si bien el lenguaje posibilita un mundo cognoscible, también nos limita a una estructura lingüística que, en algún punto, nos somete. El filósofo Félix Guattari (2013) hablaba ya en los años ´90 de la “dictadura del significante” refiriéndose a cómo hemos construido nuestras estructuras basadas en un signo déspota que comenta al resto de los signos encadenados en una semiosis infinita. Haciendo una fuerte crítica al psicoanálisis postula que hay que buscar otras formas de (re) pensarnos tanto en lo individual como en lo colectivo. Creo entonces que, así como el arte, la juventud propone nuevas maneras de reflexionar sobre el mundo que nos rodea.

En suma, si bien lxs jóvenes tienen ya una imagen de sí previa (ethos previo dirían los lingüistas) construida desde la niñez, es en la adolescencia y en su etapa posterior donde el sentido que le dan a los objetos que los rodean todavía tiene esa pizca de emoción y creatividad que en muchos casos con el tiempo desaparece. La juventud es definida por Kustrín (2017) como “el periodo de la vida de una persona en el que la sociedad deja de verle como un niño pero no le da un estatus y funciones completos de adulto”. Es considerada una etapa de transición. La adultez, el “hacerse cargo” tan arraigado que tenemos por la tradición judeocristiana y el capitalismo tardío que hoy nos atraviesa y nos vigila, hacen que ya no tengamos tanto entusiasmo por buscar eso nuevo que puede producir un cambio radical.

Una característica histórica de la juventud es la denominada “rebeldía”, algo que caracterizó a diversos colectivos como el punk, el hipismo o el rap/trap en nuestra contemporaneidad. En sus distintas versiones, la idea de rebeldía lleva a pensar en “un cambio”, en modificar cierta situación. Algunxs artistas y pensadorxs jóvenes hablan de la problemática de las drogas, del género, de la familia, del dinero; también crean pintadas sobre la desigualdad social y la estigmatización. Todxs ellxs, en mayor o menor medida operan como un franco tirador (Said, 1996) que denuncia aquello que siente como opresión.

Fue el poeta Arthur Rimbaud quien produjo la totalidad de su obra antes de los 20 años. A esa edad, Bertolt Brecht escribía su primera obra de teatro y a los 31 el “Che” Guevara participaba de la Revolución Cubana. En suma, la juventud ha podido más de una vez modificar el orden establecido cambiando las estructuras déspotas que nos oprimen.

Protesta en Chile (Foto: Pedro UGARTE/AFP)

Los estudiantes de Corea del Sur luchando por el cambio climático

Si una característica tuvo el año 2019 fue la recurrencia de las protestas de los movimientos sociales que lograron disputarle sentido a los poderes dominantes: la revuelta de octubre en Chile, los chalecos amarillos en Francia, la protesta estudiantil en Corea del Sur contra el cambio climático, el ya famoso “cómo se atreven” de Greta Thunberg y el feminismo en Argentina, dan cuenta de un año propicio para la acción colectiva revolucionaria de la juventud.

En contraposición, el 2020 viene signado por una etapa de suspensión del sentido a partir del coronavirus en todo el mundo. Un momento singular en la historia del planeta nos hace tambalear las estructuras clásicas y las posibilidades del hacer. ¿Qué lugar tiene entonces la juventud movilizada en este contexto de encierro y contagio sistemático?

Son lxs jóvenes del colectivo La Garganta Poderosa o de Nuevas Mayorías que salen con barbijos y alcohol en gel para llevarle alimento a cientos de personas en distintos lugares de Argentina. Otrxs artistas han leído, tocado música y hasta realizado campañas solidarias por el Instagram o el Facebook. La tecnología puede, en algún aspecto o carácter, acompañar el espíritu joven y emancipador de muchxs que intentan desde su habitación, baño o cocina “hacer mundo con gestos”, parafraseando a la filósofa Marie Bardet.

Lejos de desaparecer de la agenda, las cuestiones vinculadas al medioambiente, el maltrato animal, la desigualdad social, el género, la discriminación, entre otros temas, sigue estando presente durante el COVID-19. Y es la propia juventud la que se encarga de estos tópicos, difundiendo y proporcionando nuevas herramientas y lenguajes para (re) pensar el mundo. El coronavirus nos ha detenido en el intento de modificar, a partir del encuentro de cuerpos, el mundo que los más grandes destruyeron durante décadas, pero también nos permite pensar posibles líneas de fuga y fueguitos que no se apagarán ni con el contagio más masivo del planeta. ¡La juventud está alerta y puja por el cambio!

Baal Delupi

Profesor/investigador (Centro de Estudios Avanzados (CEA) -Universidad Nacional de La Pampa (UNLP) y periodista.