Un largo camino al cielo

Por Manuel Sánchez Adam

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Este domingo, Rodrigo Alejandro Bueno celebra 47 años en el corazón de todo un país que, atravesado por sus discos, lo escucha a diario.

El camino de “El Potro” – tal como lo apodaban – estuvo lleno de vaivenes. Comenzó su carrera en Córdoba con el grupo Manto Negro. Sin embargo, al ver que no obtenía los resultados esperados, decidió ampliar su perspectiva. De esta forma, junto a Eduardo Pichín Bueno, su padre, – que hacía de compañero y representante – arribó a la “ciudad de la furia”, a principios de los noventa. Uno de los tantos ejemplos que prueba el dicho popular: “Dios está en todos lados, pero atiende en Buenos Aires”.

Así fue como en Capital Federal y siendo un adolescente – sin documento – con pelo largo, botas texanas y dueño de un magnetismo difícil de describir, Rodrigo conoció a quien sería su representante: José Luis Gozalo. Éste lo apadrinó artísticamente, siempre claro, en compañía de su padre.

No obstante, una tragedia temprana golpearía de lleno al artista cordobés. Apenas comenzaba a dar sus primeros pasos en el terreno fuerte de la industria, “Pichín”, quien hasta ese momento era su referente y guía, fallecía de un ataque al corazón, minutos antes de que su hijo subiera al escenario. Un hecho que marcaría un antes y un después en la vida de Rodrigo.

A partir de entonces, “El Potro” y Gozalo formarían un lazo profesional y personal muy intenso. Tiempo más tarde, el mismo representante diría que su hija tenía celos de Rodrigo por la relación que existía entre ambos.

Por su parte,el éxito de este fenómeno del cuarteto llevaría su tiempo. Luego de transitar por diferentes géneros musicales – entre ellos el merengue y la salsa – Rodrigo lanzaría el álbum “Lo Mejor del Amor”. Aquel disco incluiría un sencillo con el mismo nombre: un tema que, en los años sucesivos, nunca dejaría de interpretar.

Luego de algunas aproximaciones con muy buena aceptación, Rodrigo, con el pelo teñido de azul, rojo o verde, un histrionismo fuera de serie y una vestimenta acorde a su personalidad, grabaría “A 2000”, su disco furor.
Canciones tales como “Qué ironía”, “El viaje” y “Fuego y Pasión”, se escucharían en toda Argentina.

Desde el segundo semestre de 1999 hasta su muerte, “el pirata cordobés” (debido a su fanatismo por el Club Atlético Belgrano) se llevaría por delante a un país entero, realizando maratónicos recitales. Parecería que a pesar de su corta edad, “El Potro” sentía que debía vivir al máximo de sus posibilidades. Un personaje entrañable que escuchó su deseo desde muy chico, abandonando el colegio en séptimo grado para perseguir lo que más amaba: cantar.

Pocos artistas, en el terreno de la música popular, han sabido transgredir la brecha entre Buenos Aires y el resto de las provincias. En este marco, Rodrigo irrumpió en una época compleja: El mercado de aquel entonces no daba demasiadas posibilidades para un artista que llegase del interior a la Gran Ciudad.

Sin embargo, nada hizo tambalear su anhelo más profundo, ya que, sin plataformas digitales ni redes sociales, arrasó con todo y supo rodearse de una gran banda que lo acompañó, dándole el espacio que necesitaba para brillar.

El año 2000 quedará, entonces, en el recuerdo de todos. El gran recital en Mar del Plata, el encuentro con Diego Maradona en Cuba interpretando “La Mano de Dios”, los trece Luna Park vestido de boxeador – su sueño frustrado -, la visita al Hospital de Niños en la Provincia de Tucumán y una promesa trunca de construir una sala para enfermos con leucemia en aquel nosocomio, entre otros sucesos, serían algunas de las tantas huellas que el ídolo dejaría en su legado.

Una vida llena de energía que se apagó demasiado pronto. Con tan sólo 27 años, en el auge del reconocimiento y el estrellato, incluso internacional, murió de forma trágica. Aquel 24 de junio de 2000 quedará grabado como un día frío de invierno y sumamente doloroso. Un confuso accidente automovilístico en la Autopista Buenos Aires- La Plata puso fin a los sueños de un pibe de barrio. Un pibe que, tiempo antes del hecho, sentía los peligros de ese mundo oscuro y tenebroso que nada tenía que ver con la música que pregonaba.

Para diciembre de ese año, Rodrigo había anunciado el retiro. Cansado de hostigamientos y amenazas hacia él y su familia necesitaba dar un paso al costado y retirarse con el título – como bien señaló en la recordada conferencia de prensa, horas antes de subir al escenario del Luna Park -.

Pero diciembre nunca llegó y en aquel fatídico accidente también perdió la vida Fernando Olmedo – hijo del reconocido humorista Alberto Olmedo -. En tanto que el resto de los integrantes del vehículo resultaron ilesos – entre ellos – Patricia Pacheco y el hijo de ambos, Ramiro, que en aquel momento tenía tres años.

Un mes antes de la tragedia, Rodrigo festejaba su cumpleaños rodeado de afectos. Hoy, a veinte años de aquella celebración, nosotros, sus seguidores, lo recordamos en “Un largo Camino al Cielo”.

Manuel Sánchez Adam

Periodista