El fin del sueño americano

Francisco Felipe Yofre

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El escenario internacional dominado por la pandemia, está en pleno desarrollo aún, por lo que resulta complicado arribar a conclusiones definitivas, pero si podemos trazar algunas directrices que terminarán conformando los nuevos ejes del poder mundial.

Si detenemos un instante nuestra mirada para analizar la situación de EEUU, podremos apreciar una pérdida de poder y de prestigio ante las demás naciones por causas políticas, económicas y sociales, agravada por la irrupción de la pandemia.

El primer factor de índole político que podemos destacar refiere al comportamiento errático, arrogante y provocador de su presidente Donald Trump. La forma de conducirse en el ejercicio de la presidencia es impropia en tanto recurre con frecuencia a la descalificación de sus adversarios, haciendo de ella su principal estrategia política.

El presidente Donald Trump dejó con la mano tendida a la demócrata Nancy Pelosi en el Congreso de los EEUU y la Presidenta de la Cámara de Representantes rompió el discurso sobre el estado de la Unión como respuesta al desaire.

Dicha estrategia no encuentra límite ni disimulo, todo lo contrario ¿Cómo explicar si no, el desaire presidencial en plena sesión del congreso negándose a estrechar la mano de la líder demócrata Nancy Pelosi? Esta situación motivó que la senadora rompiera el discurso escrito de Trump ante las cámaras de televisión. La escena se convirtió en un escándalo que recorrió el mundo, mostrando la intolerancia que domina la política norteamericana, otrora mostrada como modelo de una república democrática, fundada en las libertades más amplias de la que gozaban todos los ciudadanos por igual, que las democracias occidentales debían imitar.

El espíritu de esa democracia libertaria, tan erosionada, tan asediada, a la que los norteamericanos se han abrazado durante décadas, encuentra un símbolo que lo expresa: la Estatua de La Libertad emplazada a fines del siglo XIX en Nueva York.

La sociedad norteamericana actual está muy alejada de ese espíritu democrático libertario, al punto que todos los días nos entrega imágenes que vulneran sus bases jurídicas.

¿Cómo justificar que en EEUU se respeta la libertad, las instituciones de la República, si se amenaza de muerte por las redes sociales a la gobernadora de Michigan, sin consecuencias penales para su ejecutores?

¿Cómo explicar que en Norteámerica se respeta la constitución, si millones de personas observan atónitos, a decenas de hombres vestidos con ropas de uso militar y armados con fusiles, rodear el capitolio de Michigan de manera desafiante, obligando con su accionar a suspender la sesión legislativa que tenía previsto extender la cuarentena a la que ellos se oponían?

¿Cómo podrá EEUU seguir proponiéndose como ejemplo de un orden democrático que asegura a sus ciudadanos la igualdad ante la Ley, si las fuerzas policiales conformada en su mayoría por “ blancos” son capaces de asesinar en plena vía pública a un afroamericano por el sólo hecho de cometer una falta menor?

La respuesta de la comunidad afroamericana ante la discriminación racial permanente y extendida a lo largo del territorio nacional, suele explotar cada tanto como un volcán que libera energía acumulada durante años, arrasando con todo lo que encuentra a su paso que sólo podrá ser contenida por la intervención militar como ocurre en estos días en Mineapolis, resistencia, movilizaciones, disturbios y saqueos que se han extendido a distintos estados del país.

Este cuadro de la trama política de norteámerica dominado por el racismo, el hostigamiento a los inmigrantes, el enfrentamiento abierto de sus principales actores políticos debilita la cohesión social y aumenta la conflictividad en la que están inmersos los estadounidenses.

Las decisiones contradictorias de Donald Trump para enfrentar la pandemia y detener el avance del virus ha deteriorado aún más el esquema institucional. El presidente mantiene enfrentamientos con algunos gobernadores originados en las diversas visiones de como conducirse ante la crisis sanitaria y la forma de distribuir los recursos federales en materia de salud. La nación carece de un mando unificado que derivó en situaciones de gravedad institucional imposible imaginar que podían suceder como el día en que un gobernador debió enviar sus fuerzas policiales al aeropuerto para evitar que los recursos sanitarios obtenidos por su estado fueran requisados y enviados a otro estado.

Si dirigimos nuestra atención a la ciudad de Nueva York, considerada como la “capital de occidente”, observamos que ha sufrido los embates más severos del virus, al punto de dejar sin aliento a los norteamericanos.

En el corazón de la ciudad se erige Wall Street, con sus edificios elevándose al cielo, expresión del poder financiero que domina el mundo. En esas pocas manzanas por las que se extiende Wall Street, tiene el centro de operaciones el capital financiero mundial, que se desplaza libremente, sin ninguna regulación que lo contenga, pasando por encima de las fronteras de los estados.

Desde allí dirige la concentración obscena de la riqueza en el mundo, en la que el 1% de la población detenta el 50% de ella. Sus consecuencias las comprobamos todos los días al circular por las calles de la ciudad y mirando a nuestro alrededor, constatamos acongojados como hombres, mujeres, niños y ancianos, tienen su domicilio debajo de los puentes, en las terminales de ómnibus o de trenes, en los atrios de las iglesias, en los ingresos de los cajeros de los bancos, sometidos al frio intenso, a la lluvia, al calor, sin que nadie se detenga al pasar frente a ellos.

Los efectos de la pandemia sobre la gran ciudad, nos dejará comprobar hasta que punto, la desigualdad social y la pobreza forma parte de la sociedad americana. La existencia de filas de personas que se extienden por más de veinte cuadras, compuesta en su mayoría por afroamericanos, latinos y otras minorías migrantes esperarán con su taper en la mano, y en silencio, su turno para recibir una vianda que será su única comida en el día.

Pero sin duda el mundo se conmovió ante las imágenes desgarradoras que le llegaban desde Nueva York, con las excavadoras construyendo cementerios a cielo abierto que dejaban ver, decenas de ataúdes alineados en filas superpuestas, listos para ser enterrados.

¿ Cómo es posible que la ciudad más rica, más habitada de EEUU, la más cosmopolita de la tierra este sometida a tantas calamidades juntas?.
En este escenario cabe preguntarse ¿ Cómo hará EEUU para proclamar su supremacía mundial y mantener vigente el pretendido liderazgo global, fundado en su poder económico, tecnológico y militar?

El mundo será otro al salir de la crisis sanitaria que lo afecta. En el tablero del poder mundial se consolidará la multipolaridad con un EEUU más frágil para imponer sus aspiraciones hegemónicas. Nos encontramos con una Europa más debilitada por la salida de Inglaterra del bloque. Emerge el liderazgo de Alemania conducida por la estadista más destacada casi única de occidente, Angela Merkel, y desde ya, China con su poderío tecnológico , industrial y económico, que junto al poder militar, e industrial de Rusia, dirigida con mano de hierro por Putin, impondrán todas ellas el nuevo orden de la economía internacional.

En este marco Donald Trump ha extendido al plano internacional su conducta arrogante y provocadora ante aquellos lideres mundiales que desafían el poder y las políticas impulsadas por su gobierno,
Europa le ha infligido serias derrotas a la política exterior norteamericana al negarse a dar por concluido el acuerdo con Irán para la no proliferación de armas nucleares, y especialmente al llegar a acuerdos con China para el uso de la tecnología 5G, desarrollada por ese país.

El dominio del gigante asiático de la tecnología 5G, la más relevante de los últimos años, ha de modificar el mundo tal como lo conocemos dándole una ventaja sobre EEUU.

Es en este contexto que debe interpretarse la negativa de Donald Trump a estrecharle la mano de la primera ministra de Alemania, Ángela Merkel, en ocasión de su visita a la Casa Blanca. No se recuerda en los anales de la diplomacia un agravio de esta magnitud. El desplante a la líder del país más poderoso de Europa, constituye un serio traspié de la actual política exterior de EEUU.

Ante tantas evidencias de la decadencia en la que está inmersa norteamerica le resultará difícil seguir sosteniendo la vigencia de su modelo de capitalismo exitoso, sintetizado en el slogan “el sueño americano” que durante muchas décadas, atrapó la imaginación y la aspiración de millones de personas, de tantas nacionalidades como países hay en la tierra.

“El fin del sueño americano” Protagonistas: Ewan McGregor,Jennifer Connelly,Dakota Fanning

Aquella sociedad estadounidense caracterizada por el alto consumo que tiene entre sus ciudadanos los hombres más ricos del mundo, con una vasta y extendida clase media que se desplaza por las principales capitales y centros turísticos de las naciones, derrochando poder adquisitivo, será confrontada con esta imagen más cercana, más traumática como es el de constituirse en el país con más muertes y contagios de coronavirus, en todo el planeta.

En la actualidad EEUU muestra el rostro de una sociedad castigada por una recesión agobiante que provocó 40 millones de nuevos desocupados y espera una caída del 30% de su economía en el segundo trimestre de este año, convirtiendo la situación actual como la crisis más grave que se tenga memoria desde el siglo veinte a la fecha superando la que provocó la gran depresión de 1929.

Podemos aventurar que el “sueño americano”, posiblemente el mayor capital simbólico del éxito de EEUU en el mundo capitalista, haya llegado a su fin, como consecuencia de la crisis en que está envuelto el país.
Seguramente EEUU ya no será el mismo que conocimos hasta hoy. Será diferente ¿Cuánto?, no lo podemos dimensionar, pero será distinto al que existía cuando se inició la pandemia.

Francisco Felipe Yofre / abogado

Autor del libro: ‘Vivir en los 70’ se puede descargar en el link…

http://franciscoyofre.culturacanibal.com.ar