Y un día, el dios mercado…

Por Francisco Rivera

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Al principio el ser humano creó la oferta y la demanda. La tierra estaba poblada, los campesinos eran dueños de los frutos de su trabajo, aunque rendían tributo a cambio de seguridad. El miedo a lo desconocido, la guerra santa y el pastoreo de las almas, llenaron de tiniebla los abismos sobre los que Dios aleteaba en las superficies de las aguas, inmiscuyéndose claro, castigando por igual a impíos y piadosos.

Y llegaron las luces, la excedencia, el regocijo, la creencia en la voluntad creadora, potente, capaz de auto-producirse y transformar el mundo, el mismo mundo que al principio Dios había creado en 7 días.

Entonces, en el cielo y en la tierra “que Dios había creado”, un banquero dijo “Haya Luz” y hubo usura. Luego el banquero vio que la luz era buena y la separo de las tinieblas. A la luz la llamó “Ganancia” a las tinieblas “Carencia”. Y atardeció y amaneció el día Primero.

Dijo el banquero: “Haya un mercado que distribuya premios y beneficios, que separe el capital del trabajo y que se rija por leyes universales”. Hizo entonces la relación salarial en la que separó a los campesinos de sus tierras haciéndolos seres libres de contratar, y se llamó al esfuerzo “mérito” y a la improductividad “vagancia”.

Las Espigadoras. Jean Francois Millet.

Y así sucedió. Y atardeció y amaneció el día Segundo.

Dijo el banquero: “Júntense la libertad de contratar y la propiedad de los medios de producción”. Y así fue. El banquero llamó: a la libertad “trabajo” y a la propiedad privada “empresa capitalista”. El banquero dijo: “Produzca el trabajo bienes y estos sean comercializados a cambio de moneda, a la vez, llamemos al grupo de propietarios ociosos encargados de escribir teoría a que expliquen en “términos científicos”, “el origen del valor”. Y así fue. El comercio produjo intercambio, la moneda ahorro con especulación insolvente y la teoría del valor, economía política liberal. Y vio el banquero que esto era bueno. Y atardeció y amaneció el día Tercero.

Dijo el banquero: “Haya Estados Nacionales con gobiernos democráticos que garanticen la libertad y la igualdad de individuos-ciudadanos capaces de pelear por sus propios intereses. Sirvan las constituciones escritas como signos para distinguir el delito de las acciones lícitas, los que gobiernan de los gobernados, la tiranía del derecho soberano” Y así fue. Hizo el banquero, pues, la república como gobierno de la ley: la misma aplicada a “los grandes” se llamó libertad de comerciar, derecho a la propiedad y seguridad de las transacciones, aplicada a “los pequeños” robo, barbarie e incivilizada adecuación a los principios de la buena cultura. También creo las cárceles y los manicomios. Así, el dueño y creador de los flujos financieros puso en lo alto al “dios mercado”, con su hijo el “dios dinero” uno y trino con el “espíritu de expansión”. Y vio el banquero que esto era bueno. Y atardeció y amaneció el día Cuarto.

Dijo el banquero: “Llénense los bancos de ahorros y estos transfórmense en préstamos a cambio de ganancia que luego se volcara en inversión y ésta en más producción” Y creo el banquero los grandes monopolios que habitan las grandes naciones y el resto del planeta. Y vio el banquero que estaba bien. Los bendijo diciendo: “Crezcan, multiplíquense y llenen el mundo de mercancías”.

Y atardeció y amaneció el día Quinto.

Dijo el banquero: “Produzca el capital valor por sí mismo y dominaras las más remotas partes del mundo y llevarás este capital en forma civilización, ofreciendo a las bestias y animales salvajes las herramientas para su salvación”. Y así fue. El banquero hizo las clases sociales, la dependencia de los pueblos débiles y el colonialismo. Y vio que esto era bueno.

Dijo el banquero: “Convenced a los políticos de reforzad sus fronteras y aumentar sus ejércitos, haciendo de la Nación y el amor a la tierra la imagen y la semejanza del hombre libre, capaz de dominar el mundo, hecho por Dios para su antojo y satisfacción” Y creo el banquero el imperialismo a su imagen y con su ánimo de competencia y maximización, con su afán de dominio, con su potencial de auto destrucción, a su imagen lo creo.

A imagen de Dios lo creó.
Macho lo creó.
Dios lo bendijo, diciéndole: “sea fecundo y multiplíquese. Llene la tierra y sométala. Manden a las mujeres, a los esclavos, a los inválidos, a los niños, los ancianos y cuanto animal o ser que viva en la tierra”.

Dijo Dios: “Yo le entrego, para que usted se libere”, toda clase de instrumentos de dominación, guerras, hambrunas, invasiones, dictaduras, medios masivos de comunicación y consumo, para manipular a los animales salvajes y a los débiles e incapaces”. Y así fue. Vio Dios que todo cuanto había hecho era muy bueno. Y atardeció y amaneció al día Sexto.

Así fueron hechos el “mundo libre” y todo lo que hay en él. El banquero y Dios terminaron su trabajo al Séptimo día, el segundo descansó de todo lo que había hecho, el primero no descansara hasta poder dominarlo todo, incluso el universo que Dios creó. Bendijo Dios a éste último, por su honradez, su espíritu emprendedor y por ser un “Hombre de bien” abocado a un arduo trabajo de creación.

Este es el origen de la miseria planificada organizada en mercado, de cuando el banquero creo su in-humanidad que habita la extinción de la especie humana, cuan santa resultó su tarea.

Francisco Rivera

Estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras de  la UNC

Ilustración principal:  http://visionesdelamatrix.blogspot.com/