América Latina, Coronavirus y Política

Poe José Emilio Ortega y Santiago Espósito

Buscar Por

d

Desde principios de junio, América Latina se ha convertido en el epicentro de la pandemia, superando a Europa en cantidad de casos, acercándose a los tres millones de infectados. La política cruzó al continente, en un amplio ciclo electoral (año 2019) que atizó conflictos y desencuentros que se trasladaron de un país al otro. Frente al Covid-19, la región no muestra articulación, aún a pesar de estar atravesando la mayoría de los Estados, graves (y en cierto modo parecidos) cuadros sociales, económicos e incluso institucionales.

El retraso y la debilidad estructural de los países, frente los grandes actores del mundo multipolar, desencadenó también que hacia el interior de la zona se reproduzcan las tensiones de aquel, estimulándose la fragmentación.

Alberto Fernández, Jair Bolsonaro, Sebastián Piñera, Lénin Moreno y Nayib Bukele.

Haciendo un breve recorrido encontramos que Brasil es el segundo con más casos de coronavirus declarados en el mundo, superando el millón y medio de contagiados. El presidente Jair Bolsonaro, enfermo de Covid-19, soslayó sistemáticamente las recomendaciones sanitarias, reemplazando dos veces a su Ministro de Salud, y continúa confrontando con gobernadores estaduales, jueces, legisladores y otros actores políticos o sociales locales o regionales, sobre la estrategia de abordaje de la enfermedad.

En Chile, después del escándalo que terminó (en junio) con el reemplazo del Ministro de Salud, enfrentado con la corporación médica y en el marco de la peor crisis política que ha sufrido el país trasandino desde la recuperación del Estado de Derecho,se agravaron las críticas al presidente Piñera, por las diferencias entre la cantidad de muertos que el gobierno enviaba a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las cifras oficiales que reportaba en el país. La zona metropolitana de Santiago es uno de los principales focos mundiales de la pandemia (llegó a verificarse un infectado cada sesenta habitantes), aunque después se empieza a observar un descenso de los contagios.

En Bolivia la mandataria de facto Jeanine Añez ha dado positivo de Covid-9. El sistema sanitario colapsó: contagios masivos, hospitales desbordados, autoridades infectadas y ante la indisponibilidad de morgues y servicios funerarios, las fuerzas de seguridad deben recoger muertos de la vía pública. En ciudades importantes como Cochabamba o Santa Cruz de la Sierra, hay listas de espera para enterrar y cremar cadáveres, debiendo muchas familias retener en sus casas a los fallecidos. A esto se han sumado escándalos por hechos de corrupción relacionados a la adquisición de elementos necesarios para combatir la pandemia.

En Ecuador, primero fue Guayaquil la que sufrió la peor crisis humanitaria de su historia, y ahora es Quito. En la capital, el sistema sanitario está rebasado. Perú, pese a ser el primer país de la región en establecer la cuarentena, no pudo impedir un escenario ideal para la propagación del virus: la vulnerabilidad que marca que el 70% de los trabajadores son informales y que menos de la mitad de los hogares peruanos tienen una heladera. El aislamiento, como en gran parte de la región, es imposible de cumplir. Recién ahora parece haber alcanzado la tan esperada meseta para revertir la curva de contagios.

Colombia tuvo un repunte de casos que está afectando seriamente a su litoral con el Caribe. Venezuela, en la que se analiza una probable falsedad de datos comunicados, confirma 64 muertos hasta la fecha, con el referente chavista (titular de la Asamblea Constituyente) Diosdado Cabello, padeciendo la patología. En Nicaragua,el presidente Daniel Ortega organiza cotidianamente actividades sociales y recreativas, ocultando los números de contagiados y muertos. Los países del espacio centroamericano, particularmente los fronterizos, están exigiendo a Nicaragua más control y han cerrado o limitado la circulación de las fronteras al máximo, generando represalias en Managua.

Paraguay y Uruguay, han logrado un mejor desempeño, hasta ahora, en la contención del Covid-19, reaccionando rápidamente a la pandemia y construyendo consenso en torno a las medidas adoptadas. Se señalan desde Asunción, no obstante, dificultades en torno a la preparación del sistema y la disponibilidad de insumos.

Mario Abdo Benítez, y Luis Lacalle Pou en Uruguay.

La preocupación cunde ante la inexistencia de enlaces o instancias regionales de intercambio de experiencias y estrategias. No ha surgido una diplomacia sanitaria visible. Tampoco se conoce de cumbres presidenciales o encuentros que permitan dimensionar en una instancia multilateral la problemática que se atraviesa. Se conocen reuniones bilaterales, como también las que establece el cronograma institucional de algunos bloques, por caso el Mercosur. Pero no hay percepción de conjunto, como ha ocurrido en otros espacios.

Polarización

La crisis del coronavirus ha potenciado lastensiones en la política interna.Las expresiones y tendencias ciudadanas se han inflamado; la prudencia de los referentes y votantes centristas (de posiciones más neutras) parece ir quedando en minoría.

Antagonismos recurrentes alimentan confrontación en sociedades impotentes, frente a nuevas brechas socio-económicas; crece la desconfianza hacia los políticos tradicionales, que se proyecta sobre la fiabilidad de las instituciones. Resulta difícil generar acuerdos duraderos para la implementación de políticas. Francesco Rocca, presidente de la Federación internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja (IFR), advirtió que el continente americano está sintiendo los costos de las divisiones políticas y de hacer caso omiso a las recomendaciones de los expertos.

La respuesta efectiva de la ciudadanía a las políticas para contener la propagación del Covid-19, depende en gran medida de la confianza pública. La capitalización de la crisis sanitaria y sus efectos con interés político coyuntural, marcó divisiones en temas centrales: medidas de aislamiento, cantidad de testeos realizados, medicamentos utilizados (vale recordar la crisis generada en Brasil por la autorización dada por Bolsonaro para la utilización del medicamento hidroxicloroquinasin haberse comprobado científicamente suefectividad), políticas económicas o sociales y hasta la reglamentación de la convivencia (más o menos permisiva y sus condicionantes).

¿Cómo terminar con la polarización, cuando son los propios gobiernos las que las alientan? Ofreciendo un ejemplo, el estilo de liderazgo confrontativo de Donald Trump contribuyó a profundizar aún más las controversias subyacentes en la sociedad norteamericana. La pandemia se introdujo en la trinchera política (en año electoral); mientras tanto, el virus sigue expandiéndose (EE.UU. es el país más afectado por la enfermedad). Los estados gobernados por el Partido Demócrata procuran mantener las medidas de aislamiento social. Los republicanos afirman que es innecesario y una forma de autoritarismo. Incluso el uso de tapabocas se ha convertido en parte del debate político. No usarlo implica estar a favor de Trump.

Volviendo a la crisis del Brasil, la falta de coordinación entre el gobierno central y los gobernadores, el hoy paciente de riesgo (por edad) Bolsonaro,vetó parte de una ley que obligaba a usar tapabocas en lugares cerrados. El brasileño y Trump, parecen estar implementando la misma estrategia: fidelizar (fanatizando) sus votantes.

Evo Morales – Jeanine Áñez

En Bolivia, con las elecciones suspendidas por la pandemia, la tensión se acentuó. Los partidarios de Evo Morales, sobre el que pesa una nueva orden de captura internacional por presuntos hechos de subversión, acusan al gobierno transitorio de persecución política y de un trato desfavorable en aquellos municipios gobernados por ellos.

En tanto, el ex presidente, desde su exilio argentino, acusó a la actual mandataria Añez, de usar la pandemia para aferrarse al poder: “El coronavirus llegó como anillo al dedo a la derecha para que pueda postergar las elecciones”.

En México, López Obrador ha debido rectificar su conducta inicial.Sin embargo, al haberse triplicado los contagiados y fallecidos en el último mes, un nuevo escándalo se cierne sobre el gobierno, luego de reiteradas denuncias de medios internacionales por presunto subregistro de las muertes ocasionadas por coronavirus.

En Argentina, el consenso social, político y científico, que facilitó cumplir con las recomendaciones de las autoridades sanitarias y considerar necesarias las medidas de confinamiento se ha ido limando entre diversos conflictos económicos que complican al gobierno y la crisis que la destrucción de puestos de trabajo se ha generado tras el largo parate (la pobreza rondaría el 45% del total de la población según la Universidad Católica Argentina, un aumento de entre dos y cinco puntos en solo un cuatrimestre).

Los niveles de adhesión se plantean hoy en niveles más parecidos a los resultados obtenidos en las elecciones generales de 2019. Una encuesta de Synopsis de fines de junio, marca que el posicionamiento político empieza a ser determinante en la opinión que se brinda sobre la cuarentena. La economía está a la cabeza de las preocupaciones del 64,2% de los votantes de Juntos por el Cambio, mientras que el coronavirus es la principal inquietud del 71,5% de los votantes del Frente de Todos.

El clima de confrontación es tal, con independencia de las propuestas que solo servirán para reavivar las recriminaciones mutuas. Sin percepción de un todo continental, cuando lo único que se comparte hasta aquí es el cierre de las fronteras, se alejan las necesarias interacciones que permitan respuestas coordinadas. Sin divisar que no habrá un día después de la pandemia: los problemas y sus soluciones deben sopesarse hoy.

 

José E. Ortega (Profesor U.N.C., U.C.C. y U.B.P.)

Santiago Espósito (Profesor U.N.C)

José Ortega

Santiago Espósito