La experiencia virtual de los docentes

Casi la mitad afirma que la actividad no formaba parte de sus prácticas habituales. Los datos surgen de una encuesta realizada por un grupo de investigación de la Facultad de Ciencias de la Comunicación (UNC). Destacan su interés por capacitarse y diversificar su formación en tecnología educativa.

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Más de 14 millones de estudiantes en Argentina no pueden asistir a clases presenciales a causa de la pandemia provocada por el COVID-19, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

La interrupción del encuentro en las aulas obligó a todas las instituciones formativas a modificar su modalidad de enseñanza. Docentes de todos los niveles debieron adaptar su ritmo de trabajo y estrategias pedagógicas a un nuevo contexto donde la virtualidad, el uso de Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs) y los escenarios digitales son los protagonistas.

Con el objetivo de relevar y analizar cómo vivenciaron este proceso quienes ejercen la docencia en la provincia de Córdoba y qué prácticas implementaron, el grupo de investigación “Experiencias de Comunicación Transmedia Social/Educativa”, de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UNC, realizó un estudio exploratorio.

La encuesta se distribuyó de manera aleatoria, del 1 al 18 de mayo de 2020, entre educadores y educadoras de nivel primario, secundario y superior/universitario, tanto del sector público como privado. Recibieron 333 respuestas, procedentes de diferentes localidades de la provincia, principalmente Córdoba Capital, Villa María y San Francisco.

Claudia Ardini

Los resultados del relevamiento fueron publicados recientemente en el informe “Docencia en tiempos de coronavirus: una mirada al trabajo docente y la experiencia educativa en entornos virtuales en el marco del ASPO por la pandemia COVID-19”.

Sobre el propósito del estudio, Claudia Ardini, directora del equipo de investigación, remarcó que al comienzo de la crisis sanitaria, las y los docentes recibieron información de toda índole, por ello salieron a preguntar y detectar qué experiencias, necesidades y demandas tienen lugar en este nuevo contexto. “Indagamos en lo que se gana, lo que se pierde y lo que queda de una experiencia tan abrupta como inesperada”, sintetiza.

Uno de los datos más significativos del estudio indica que un 88,3% de las y los docentes percibieron que su jornada laboral se extendió de manera considerable. Un 1,8% señaló que dedica el mismo tiempo, y el 9,9% restante respondió que invierte menos tiempo que antes.

Entre las causas de esta sobrecarga de trabajo, el documento señala el desconocimiento en cuanto al uso eficaz de recursos digitales pedagógicos, la planificación de estrategias metodológicas adecuadas y la construcción de secuencias didácticas para entornos virtuales. También menciona los recurrentes cambios en la dinámica de transición de la presencialidad a la virtualidad, junto a la falta de un adecuado acompañamiento de las gestiones institucionales.

Formación para entornos virtuales

Tras el análisis de los datos, el informe concluye que las condiciones en que las y los docentes de Córdoba desarrollan su tarea son atípicas, complejas y desiguales.

“El salto de la educación presencial a los entornos virtuales abrió una puerta a nuevas oportunidades de aprendizaje, pero también a problemas, algunos ya existentes en la presencialidad que se evidenciaron y/o profundizaron en la virtualidad, y otros propios de la nueva modalidad”, sostiene el texto.

Para casi la mitad de las personas encuestadas, la experiencia virtual no era parte de sus prácticas educativas habituales. Y si bien la otra mitad ya tenía experiencia en estos entornos, lo atípico de la situación se localizó en la aparición de problemáticas no contempladas hasta el momento.

La encuesta también indagó con qué herramientas pedagógicas cuentan para trabajar en el contexto actual, desde elementos tecnológicos (dispositivos, conectividad, plataformas, herramientas digitales) hasta capacidades, conocimientos y destrezas propias de la modalidad virtual, pasando por materiales didácticos, actividades e instrumentos de evaluación.

De estos datos se desprende que mientras que un 38,7% respondió disponer de tales recursos, un 21,9% señaló carecer de los mismos y un 39,3%, consideró que tal vez posee esas herramientas.

Respecto a la autopercepción que tienen de su nivel de formación tecnológica, casi un 40% lo consideró entre regular y malo. Y más allá de esas respuestas, casi la totalidad (96,7%) se expresó positivamente al ser consultados sobre la necesidad de capacitación y formación en el uso y gestión de las TIC.

“El hecho de que un gran porcentaje de trabajadores y trabajadoras de la educación manifestó no contar (o contar escasamente) con herramientas óptimas para realizar su labor y que casi la totalidad expresara la necesidad de capacitación, evidencia falencias heredadas de la presencialidad”, subraya el documento.

En ese sentido, el informe destaca la necesidad de un “esfuerzo de los Estados (municipal, provincial y nacional) que se materialice en una política pública eficiente y constante para la alfabetización digital de docentes en los diferentes niveles”.

Para Ardini, otro aspecto a destacar es el sentido que las y los docentes le atribuyen a la experiencia de clases en la virtualidad.

“Para la mayoría, la tecnología educativa llegó para quedarse. Un número importante considera que no se trata solo de la incorporación de tecnología, sino de un cambio de paradigma en la cultura, que afecta necesariamente los procesos de enseñanza y aprendizaje y hacen pensar en una educación más igualitaria y democrática, en la medida que se generen las condiciones adecuadas”, opina la comunicadora y directora del proyecto.

En este camino de formación docente, el apoyo institucional se torna fundamental. Para Ardini, mientras mayor ha sido ese acompañamiento, mejores fueron los resultados. “Esto habla de la importancia de institucionalizar y formalizar procesos, y no dejar solo librado a la voluntad, creatividad y esfuerzo individual de las y los docentes, es necesario acompañar en todos los aspectos posibles”, puntualiza.

Tecnologías para las clases virtuales

De las 333 personas encuestadas, la mayoría manifestaron tener varios dispositivos tecnológicos. En cuanto a las herramientas, el 11,1% utiliza la entrega de fotocopias con actividades; el 67,6% implementa en sus clases el uso de Whatsapp; el 76,6% emplea las plataformas de correo electrónico; el 6,6% usa algún tipo de plataforma blog; el 22,5% eligieron las redes sociales (Elgg, Thecapsule, Facebook, Instagram, Twitter, Pinterest).

La plataforma de Google Suite y sus aplicaciones específicas para la educación es utilizada por un 48,6% de los docentes consultados y el 66,4% elige emplear aulas virtuales (Edmodo, Moodle, Classroom, entre otras) que suelen poner a disposición las instituciones educativas. Finalmente, un 11,4% utiliza murales digitales (Mural.ly, Glogster, Popplet, Lino, Piktochart, Padlet ), entre otras alternativas.

Según el informe, las posibilidades relacionadas con dispositivos, conectividad y capacidad fueron dispares, lo que “condicionó fuertemente el ejercicio de la práctica y la completa desestructuración y desorganización del tiempo de trabajo en periodo de aislamiento”.

En esa línea, el documento expresa: “La jornada laboral se vio modificada por particularidades privadas de cada educador y por el tiempo extra invertido para adaptarse, capacitarse, comunicarse, vincularse, y mediar el conocimiento con herramientas nuevas, ajenas y en algunos casos escasas”.

Vínculos pedagógicos y escenarios futuros

Uno de los aspectos relevados fue la percepción y calificación que hacen las y los docentes sobre el nivel de respuesta y adecuación de sus estudiantes en esta nueva modalidad. Un 21% las considera las devoluciones estudiantiles como muy buena; el 47,1%, afirma que la respuesta y la adecuación a la modalidad virtual es buena y el 27,6% considera que es regular. Solo el 4,3% respondió a este punto de manera negativa (el 3,9% afirma que la respuesta y adecuación de los estudiantes es mala y el 0,4% dice que es muy mala).

En tanto, para conocer las dificultades que las y los educadores perciben de sus estudiantes, se diseñó una pregunta con multiplicidad de opciones.

Las respuestas se ordenaron de menor a mayor valor porcentual. Así, con un 26,4%, la menor dificultad fue la falta de apoyo familiar en el proceso de aprendizaje. A esa le siguió, con el 33,6%, la falta de formación académica para la resolución de actividades que normalmente se resuelven en la presencialidad y con la mediación docente. En tercer lugar, manifiestan que el 50,8% tiene poco conocimiento de herramientas digitales con fines educativos. Finalmente, con un 75.4%, la principal dificultad que observan, se refiere a la falta de infraestructura o equipamiento para garantizar el proceso de aprendizaje.

Pese a la enorme cantidad de desafíos planteados, la valoración de las y los docentes en relación con cómo consideran que se está desarrollando el vínculo pedagógico con sus estudiantes desde la virtualidad, es mayormente positiva.

En este punto, Claudia Ardini advierte que un dato insoslayable –dentro de las dificultades del alumnado–, es la gran desigualdad en las condiciones socio-económicas para hacer frente a este proceso. “Es un aspecto fundamental a resolver desde los estados, si verdaderamente se piensa en la educación como un derecho y como el ámbito por excelencia para la formación de ciudadanía para el siglo XXI”, sostiene.

“Los Estados (municipales, provinciales y nacionales) en coordinación con la comunidad educativa, tienen la difícil y desafiante tarea de construir y diseñar nuevos proyectos socioculturales -desde el desarrollo de dispositivos, tecnologías, saberes y conocimientos que recuperen las experiencias que venimos transitando- que planteen un avance del proyecto educativo nacional sobre el modelo hegemónico basado en la intervención del mercado en la educación. Será la construcción de nuevos imaginarios sociales, culturales, políticos, organizativos, la que nos permita hacer de esta experiencia educativa en entornos virtuales, un avance para la ciudadanía”, concluye el documento.

Por María José Villalba
Redacción UNCiencia
Prosecretaría de Comunicación Institucional – UNC
maria.jose.villalba@unc.edu.ar