La potencia política de los activismos artísticos

Por Baal Delupi

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Me pregunto por las posibilidades políticas que emergen de los denominados “activismos artísticos”. No faltan ejemplos en el mundo de activistas que pujan por una agenda política determinada, lo novedoso es cuando estos grupos emplean recursos artísticos para construir un decible político. Me interrogo entonces por los sentidos que se pueden (de) construir a partir de estos recursos.

Leyendo el texto de Maristella Svampa, en la reciente publicación argentina “La fiebre”, me di cuenta de que hay preguntas que no nos estamos haciendo y que no penetran en el campo de lo decible. ¿Cuál es el verdadero origen del virus? ¿De qué manera se puede terminar con la destrucción sistemática del planeta? ¿Cómo pensar una batería de políticas públicas que subviertan una matriz productiva que elimina cualquier oposición? Evidentemente, los gobiernos del mundo no están dispuestos a revisar algunas cosas, y es lo que denuncia el Colectivo Fin de Un Mundo con el video reciente “Larreta sacaste el tapa ojos”.

Pienso entonces que esta coyuntura demanda de grupos de personas que hagan preguntas incómodas, y que interroguen a los poderes del mundo sobre las barbaridades que nos asechan. Sin ir más lejos, en las últimas semanas Córdoba fue protagonista de lamentables incendios producidos por aquellos que sacan rédito de la tierra quemada y con la complicidad del gobierno de turno que lejos de tener políticas ambientales sólidas, mira para otro lado.

La acción social en las calles -y en esta época en las redes sociales- es fundamental. De esas posibilidades políticas, hay una que me resulta atractiva y que creo puede subvertir cierto orden despótico: me refiero a los denominados activismo artísticos o artivismos: ¿qué permiten estos colectivos? ¿Qué sentidos construyen sus prácticas? ¿Qué significantes intervienen en la constitución de cierta subjetividad?

Entiendo que el denominado artivismo (acrónimo construido por la vinculación de la palabra activista y arte, con un contenido social explícito) refiere a grupos que denuncian la sociedad de consumo, la publicidad, la desigualdad social, etc. a partir de algunos recursos artísticos como el arte callejero.

Hay algunos grupos en el mundo como Crass (1977), Yomango (2002) o En medio (2009), que crearon una nueva forma de hacer política intentando “interrumpir el relato dominante y crear nuestro propio relato es la política que nos interesa” (2013, entrevista con el colectivo Enmedio, eldiario.es)”.

Como han planteado algunos grupos artivistas argentinos como Grupo de Arte Callejero o Iconoclasistas, la protesta a partir del arte nació para ellos como un “desgarro”, en tanto había una imposibilidad de encontrar espacios tradicionales que brinden herramientas subversivas para reclamar en la esfera pública.

Es por esto que me interrogo sobre la potencia (micro) política que tienen acciones concretas como las del grupo Enmedio interviniendo Bankia (haciendo una fiesta con humo, bola de boliche y música cuando las personas entraban al edificio a cerrar una cuenta bancaria) o las de Grupo de Arte Callejero cuando hicieron intervenciones de los “ñoquis trabajando”, es decir, formas de acción política no tradicionales que desterritorializan ciertos significantes…

Reflectantes es un grupo nacido de unas jornadas del activismo creativo “Cómo acabar con el Mal” y en las que se trataba de transmitir prácticas y experiencias a gente más joven, politizada con el 15-M en España.

¿Se pueden pensar estas intervenciones artísticas como desterritorializantes de ciertos sistemas despóticos? ¿Hay un corrimiento de los significantes clásicos sobre la protesta? Para el filósofo francés Félix Guattari la potencia desterritorializante se encuentra en la niñez, la locura y el arte, la verdadera posibilidad emerge del denominado “sin sentido”; por otro lado, el antropólogo Viveiros de Castro, en un sentido parecido, nos habla de la potencia que tienen ciertas sustancias en las comunidades indígenas del Brasil, más precisamente la de la ayahuasca en tanto pre-significante político. Esto es: hay nuevas posibilidades de acción política si se piensa desde otras (no) lógicas.

En otro sentido, dice Toni Negri en su libro “Arte y multitudo” que “el arte siempre se ha anticipado a las determinaciones de la valorización: así pues, se hizo abstracto recorriendo un desarrollo real, creando, a través de la abstracción, un nuevo mundo”.

En suma, emplear recursos artísticos en la protesta posibilitaría nuevos horizontes, nuevos mecanismos desterritorializantes que permitirían la creación de nuevos mundos de posibles. Como dice Guattari: “el arte lleva a su punto extremo una capacidad mutante de invención de coordenadas, de engendramiento de cualidades de ser inauditas, jamás vistas, jamás pensadas”.

Es el verdadero “novum” del que habla Marc Angenot, eso que puede considerarse novedoso en el discurso social, que no debe ser confundido con lo residual y que siempre “pisa con pies de paloma”; el arte en la acción política, entonces, nos conectaría con otras revoluciones moleculares, no solo a partir de resistencias de los procesos de serialización de la subjetividad, sino también de la producción de modos de subjetivación originales y singulares.

Baal Delupi

Profesor / investigador (Centro de Estudios Avanzados (CEA) -Universidad Nacional de La Pampa (UNLP) y periodista.