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En el mundo vivimos una fuerte crisis de falta de empleos. Este fenómeno tiene al menos dos causas: las nuevas tecnologías y las nuevas formas del capitalismo. Es evidente que gracias a los avances tecnológicos se redujeron las horas semanales que trabajamos. De hecho, desde comienzo del siglo XX las horas trabajadas en los países desarrollados se redujeron de 70 a 45. Y en las próximas décadas el progreso tecnológico podría reducir esas mismas horas a la mitad. Según datos del Banco Mundial, la proporción de empleos amenazados por la automatización alcanza el 69 % en India, el 77 % en China y el 60% en América Latina. En nuestro continente los trabajadores son de una calificación media y media-baja, que es precisamente el tipo de trabajo más fácilmente sustituible por la tecnología. Cuando esa tecnología llegue, se agudizará el problema del empleo.

Por otra parte, mientras que a lo largo del siglo XX el sistema económico mundial estuvo basado en la producción de bienes durables como automóviles, electrodomésticos, textiles, acero, etc., en la actualidad está asentado en la especulación financiera y en los servicios informáticos, dos áreas que generan muchos menos puestos de trabajo. Alejandro Bercovich, periodista y economista argentino, dice que uno de los puntos más flojos de este capitalismo digital es el empleo. Comparó la cantidad de puestos de trabajo que generaban las empresas más grandes del mundo en 1960 con la cantidad de empleos que generan las actuales empresas tecnológicas. En 1962 General Motors empleaba a más de 600 mil personas, AT&T a más de 500 mil y EXXON a más de 150 mil. En contraste, las empresas digitales que lideran actualmente la tabla de facturación, encabezadas por Facebook, Google y Apple, generan en conjunto 195 mil puestos de trabajo, lo que equivale al 15% del total de mano de obra que tenían mediados de siglo, General Motors, AT&T y EXXON.

El tercer dato, fundamental para que se entienda el planteo, es que el progreso tecnológico genera una abundancia mal repartida. Produce mucha riqueza pero para muy pocos, porque si bien aumenta la productividad y bajan los costos de producción, esto eleva los ingresos únicamente de los dueños de las máquinas, el robot o el programa informático. Para que lo dimensionemos, de marzo a julio de este año 2020, mientras que la economía mundial cayó cerca de un 10%, la fortuna de las 8 personas más ricas del mundo creció en promedio un 20%, con casos extremos como el de Jeff Bezzos, dueño de Amazon, cuya fortuna prácticamente se duplicó. Según OXFAM, la ONG más prestigiosa en materia de pobreza y desigualdad, la fortuna de las 73 personas de latinoamérica que tienen un patrimonio superior a los mil millones de dólares, aumentó en 48 mil millones de dólares desde que comenzó la pandemia. En contraste, según la misma ONG, a fin de año en la región habrá 52 millones de nuevos pobres. La economía mundial es cada vez más rica aunque esa riqueza se concentra en un pequeño número de personas y empresas.

La propuesta del ingreso ciudadano universal consiste en tomar parte de la renta del progreso tecnológico y transferirla, por medio de impuestos, a todos los ciudadanos. Con esos recursos el Estado pagaría a todas las personas un ingreso monetario, mensual, en forma incondicional y universal, en una cantidad que les permita satisfacer las necesidades básicas. Es incondicional porque no se exige ninguna contraprestación para recibirlo, y es universal porque se abona a todas las personas, sin distinción de sexo, estado civil, riqueza o situación laboral. No importa si la persona tiene empleo o si está desocupada, si está casada o soltera, si es varón o mujer, rica o pobre. Para muchos esto puede resultar sorprendente pero no lo es tanto si pensamos que políticas como la educación pública y la salud pública tienen principios muy similares. El hospital público debería recibir a todas las personas de manera incondicional y gratuita, lo mismo que la escuela pública. No se le podría negar al hijo o a la hija de una persona millonaria asistir a una escuela estatal o atenderse en un hospital estatal. De hecho, sería recomendable que lo hicieran porque de esa forma tendrían más interés en que la calidad de los servicios sea la adecuada.

Por supuesto que surgen muchas dudas en torno a esta propuesta, que me gustaría que pensemos juntos:

Si le damos un ingreso económico a todos, nadie querrá trabajar: Algunos creen que una transferencia económica desalentaría a las personas a trabajar. Pero es justamente al revés. Sí las transferencias se realizan sólo a favor de quienes no tienen trabajo y mientras dure esa situación, se fomenta el empleo no registrado (en negro) ya que al conseguir trabajo se perdería el aporte del Estado. Pero si todas las personas, aún aquellas que trabajan, reciben un ingreso y lo conservan por más de que tengan empleo, la gran mayoría se preocupará por mejorar su situación económica a través del mercado laboral, pero sin depender exclusivamente de él.

El ingreso ciudadano universal fomentaría la vagancia: Muchos podrían pensar que se estaría financiando a la vagancia. Pero ese es otro mito. El economista argentino Rubén Lo Vuolo, uno de los pioneros en este tema, dice que “si se paga un ingreso que sólo cubra necesidades básicas, para que fomente la vagancia la población sólo debería conformarse con comer, vestirse y tener cubierta las necesidades más elementales. Pero nada en la historia del capitalismo indica que la gente se conforme sólo con eso. Todo lo contrario. El capitalismo existe porque todos los días le está generando a la gente nuevas necesidades y nuevos estímulos, por lo cual la gran mayoría querrá tener más ingresos para aumentar sus consumos”.

No seria justo que cobren aquellas personas que no lo necesitan: Muchos estudios muestran que si sólo cobran quienes están en situación de pobreza o vulnerabilidad se produce una gran estigmatización de los beneficiarios, a quienes se los acusa de vivir a costa del esfuerzo de los demás. Y más allá de la discriminación que esto supone, la vergüenza de ser señalado como pobre desestimula el reclamo del beneficio y acentúa las condiciones de pobreza. Una política que estigmatiza al beneficiario no es una política contra la exclusión social, sino que la consolida.

Por otro lado, Rubén Lo Vuolo dice que vamos camino a sociedades donde la mayor parte de la población va a estar en riesgo de ser vulnerable socioeconómicamente. Cada vez más los trabajos tienden a ser precarios e inestables. Por lo que los que eventualmente hoy tienen una cobertura económica garantizada por el salario, mañana pueden perderla. De allí que es mucho más conveniente tener una red de seguridad en los ingresos que actúe de manera preventiva, antes que estar todo el tiempo buscando a las personas que han caído en la pobreza y necesitan asistencia.

Es muy difícil financiar un ingreso ciudadano universal: En Latinoamérica, entregar a todos los hogares el equivalente al umbral de pobreza tendría un costo para el Estado equivalente al 4,7% del PIB, según un reciente estudio de la CEPAL. Habría que empezar por librar un combate frontal contra la evasión fiscal y la fuga de capitales. También repensar el sistema tributario, reduciendo los impuestos al trabajo e incrementando los impuestos al patrimonio y la riqueza de las empresas y de las personas físicas. Muchos economistas proponen también un impuesto a las grandes herencias, ya que está absolutamente probado que la pobreza y la riqueza, tienen un componente hereditario muy fuerte. La desigualdad comienza, fundamentalmente, por el lugar en el que nacemos. Y no hay mayor desigualdad ni mayor injusticia que el mérito de haber nacido en un determinado lugar como forma de definir las oportunidades de vida. Y, finalmente, la idea es que esta propuesta absorba a todos los programas de transferencia condicionada de dinero que hoy existen en en el país, tanto a nivel nacional, provincial y municipal, con lo cual habría un redireccionamiento de los recursos públicos.

No estamos tan lejos de alcanzar esta idea. En Argentina tenemos una de las mayores redes de protección social de todo el continente. Por ejemplo, casi todos los niños del país reciben una transferencia de dinero por parte del Estado. Las mujeres embarazadas perciben la asignación por embarazo, ya sea que tengan trabajo formal, informal o que estén desocupadas. Los hijos de los trabajadores registrados y los hijos de los trabajadores monotributistas perciben el salario familiar mientras que los hijos de las personas desocupadas o con ingresos menores al SMVM perciben la Asignación Universal por hijo. Por otra parte, el porcentaje de adultos mayores de 65 años que reciben jubilación o pensión se ubica entre el 90% y el 95%. Y, finalmente, para los trabajadores asalariados registrados y despedidos sin justa causa, existe el seguro de desempleo que consiste en un pago mensual, más asignaciones familiares y cobertura médica, por hasta 12 meses, dependiendo la antigüedad en el trabajo.

El ingreso ciudadano no es una programa social sino un cambio fundamental en el modo en que opera el mercado de empleo. Imaginemos que tal como dice el Banco Mundial, el 60 de nuestros actuales puestos de trabajo fuesen ocupados por máquinas, robots y programas cuya propiedad pertenece al 1% de la población ¿Qué pasará con todas esas personas que deban trabajar por menos plata o directamente no encuentren empleo y se queden sin ingresos? ¿Quiénes consumirán lo que producen las máquinas? Y si las máquinas no tienen a quién venderle ¿para quienes producirán? Y junto a ello ¿De qué sirve el progreso tecnológico si el progreso crea abundancia que se concentra en unas pocas manos a las que les sobre de todo? No hay dudas de que la creciente desigualdad en la distribución de la riqueza, las profundas transformaciones en el trabajo que están produciendo diversas innovaciones tecnológicas y el fracaso de las políticas públicas en contra de la pobreza son razones de peso para explorar con seriedad esta audaz medida, cuyo propósito no sólo es repartir los frutos del progreso económico, sino —algo mucho más trascendente— permitir que cada individuo ejerza de manera efectiva su libertad.

Lisandro Lícari / Abogado, periodista, concejal de Cosquín.

El informe completo en el video que sigue (fueradeperfil.com – Parte 12)

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