Amazon y Malvinas

Por José Emilio Ortega y Santiago M. Espósito

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En estos días, fue noticia el intercambio que la empresa Amazon, a través de su Comunity Manager (administrador de redes) mantuvo con un usuario residente en las Islas Malvinas. Interesado éste en un servicio que la empresa brindaba en promoción a los habitantes del Reino Unido que le había sido denegado en razón del domicilio, la empresa le manifestó que según su interpretación, Malvinas o Falkands no son parte de aquél.

El anuncio tuvo repercusión en medios nacionales – no así en la prensa internacional – y es interesante por el peso global de Amazon, una empresa con potencialidad de llegada a cada domicilio del planeta, que posee más de 200 sedes en todo el mundo, no menos de 50.000 empleados (toda la administración de la UE) y un valor superior a los 150.000 millones de dólares (comparable al PBI de un país de desarrollo medio/alto como Nueva Zelanda).

La pandemia le sentó bien: facturó cerca de un 30% más que el año pasado y las acciones superaron los 3 mil dólares, un valor muy alto. Recorriendo algunos medios especializados, arriesgamos la interpretación de la empresa: al tratarse de un territorio de ultramar en los hechos administrado por Reino Unido (que lo ocupó en 1833) pero supervisado por el Comité Especial de Descolonización de la ONU (creado en 1961, y que ha forjado un sistema de control sobre los territorios no autónomos y elaborado una serie de principios generales sobre la descolonización que han sido aceptados por los Estados miembros de Naciones Unidas como auténticas normas de Derecho internacional) ha reclamado una solución negociada desde 1965, pero sus habitantes no poseen los mismos atributos que los nacionales británicos.

Explicamos: El Reino Unido es un estado cuya conformación actual no reniega de su antigua condición imperial. Inglaterra se unió con Gales a principios del siglo XVI y con Escocia en 1707. A partir de entonces podemos hablar de Gran Bretaña, haciendo referencia a la isla que contiene a las tres naciones, aunque a veces se confunde “británico” con “inglés” por el predominio de Inglaterra sobre el resto. Desde 1800, cuando Gran Bretaña se fusionó con la otra isla, Irlanda, se la denomina Reino Unido, nombre que se sigue usando a pesar de que en 1921 se separó la República de Irlanda (perfeccionado en 1949) pero quedó conformando, como parte del estado británico, la Irlanda del Norte. Por ello, cuando nos referimos a Reino Unido hacemos referencia a Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

Como se sabe el imperio británico, que tuvo su apogeo en el siglo XIX, se extendió mediante un fuerte protagonismo militar y comercial a todos los continentes: subsistiendo aún hoy diversas modalidades de vinculación con muchas de sus antiguas colonias. Una forma que se profundizó en la larga transición de imperio a estado fue la Mancomunidad de Naciones o Commonwealth, fundada en 1926 -perfeccionada en 1931 y reestructurada en 1949-, que es un acuerdo entre la corona británica (no Inglaterra en particular) y más de 50 estados en todo el mundo que presenta diversos capítulos en lo que se refiere a circulación de nacionales, asuntos comerciales, aspectos de seguridad, migraciones, etc.; y que en lo institucional determina que en esos estados soberanos, la monarquía británica ejercerá la Jefatura de Estado, lo que se complementa con un funcionario llamado “gobernador general” (generalmente la Corona designa a un hombre o mujer propuesto por las autoridades civiles del país de que se trate) que representa a la corona para todo asunto cotidiano. Se encuentran países tan diversos como Pakistán o Australia, Canadá o Uganda, Jamaica o Malasia. La Mancomunidad -que The Crown recupera, en los diálogos protagonizados por Thatcher, como “una pérdida de tiempo” para Inglaterra en particular- representa más de treinta millones de kms2, y supera los 2.500 millones de habitantes.

Y luego tenemos los territorios británicos de ultramar, que son colonias aún no independizadas o que han votado mantenerse bajo la administración del Reino Unido. No tienen representación en el Parlamento, poseen diversos estatutos en cuanto a su condición de nacionales o ciudadanos, manejan diversas magnitudes monetarias y 10 de estas 14, están en la lista del Comité Especial de Descolonización de la ONU.

Es útil la definición que da de ellos la Unión Europea, una demostración de su hipocresía para intentar conjugar atavismos y su presunta superación; pues a pesar de autoproclamarse modernos paladines del Estado de Derecho, admiten estas figuras y en lo que refiere a Malvinas, apoyaron al Reino Unido en 1982 con un embargo de armas, prohibición de importaciones y respaldaron a Thatcher (incluso con emplazamientos a la Argentina para que retire tropas de las islas).

La reina Isabel II es la Jefa de la Commonwealth, que agrupa estados y territorios que formaron parte del Imperio Británico. (Reuters / Suzanne Plunkett)

El príncipe Carlos de Gales, en un encuentro de la Mancomunidad de Naciones (Commonwealth), en Buckingham, Londres, 19 de abril de 2018.

Dice la UE que los TU dependen constitucionalmente de cuatro Estados Miembros (Dinamarca, Francia, Holanda y RU). Los nacionales de esos territorios son ciudadanos europeos; pero estos espacios no forman parte del territorio o jurisdicción europea. No son objeto directamente de la legislación pero se benefician del estado de “asociados” que les otorga el Tratado de Lisboa. El objeto de estas medidas, siempre según las páginas oficiales de la UE es contribuir a su desarrollo económico y social (21 en total, entre ellos los 14 los del Reino Unido -hoy en proceso de salida de la UE-). Para poner ejemplos, citamos Aruba (Holanda) Polinesia Francesa o Groenlandia (Dinamarca).

Si no consideramos el territorio antártico que reclama Gran Bretaña, Malvinas es el territorio más grande de los 14 (más de 12.000 kms2), pero está lejos de ser el más poblado. Para dar una idea, la provincia de Tierra del Fuego -la Isla Grande- es el doble de extensa, y posee más de 150.000 habitantes en tres ciudades. Malvinas apenas sobrepasa los 3600 habitantes, posee un solo municipio (Puerto Argentino) que concentra el 90% de los habitantes y el resto son asentamientos (6 en total).

Los territorios de ultramar tienen asistencia militar, financiera, regímenes especiales en diferentes órdenes institucionales, administrativos, fiscales, monetarios, migratorios, etc., pero carecen de estatuto de ciudadanos plenos del Reino Unido, salvo casos en particular como los malvinenses desde 1983 (con sucesivas modificaciones, bajo ciertos supuestos, probablemente no considerado por Amazon desde el punto de vista logístico) y los nacidos en Gibraltar (por ser parte del espacio único europeo, habrá que ver cómo eso impacta además de en la ciudadanía de la UE, en la propia británica). Fue sorpresa enterarse de que RU no cuenta a los territorios de ultramar con “casos propios” para la estadística de Covid y la Organización Mundial de la Salud (OMS) los incluye en sus reportes en la categoría “otros territorios”.

Síntoma del agotamiento: la BBC y Malvinas

El sostenimiento forzado de este dominio muestra señales de agotamiento. Ya en la década pasada, la BBC suspendió sus servicios periodísticos específicos para las Malvinas, lo que generó disputas en Londres sobre su significancia institucional. En esta década, el multimedio estatal ha vuelto a estar en muchas polémicas referidas a las islas. Ha publicado por una parte información relativa a su versión de los hechos. En su momento, la BBC ha tenido grandes enfrentamientos con Margaret Thatcher por las drásticas reformas estructuras que la ex premier impuso desde su llegada al gobierno, con dramáticos recortes de fondos públicos y con lo que se dijo entonces fueron “imposiciones” a la línea editorial del multimedio.

Hay un interesante informe titulado “Cómo la guerra de las Malvinas puso a prueba la imparcialidad de la BBC” que da cuenta de ello del inesperado rol que tuvo el servicio latinoamericano del multimedio y la creación de una frecuencia en AM y FM que se retransmitía en Uruguay y Chile.

Las diversas notas que pueden encontrarse, particularmente a partir del trigésimo aniversario de la guerra librada en 1982, refieren a hechos de significancia histórica como la desclasificación de archivos de la época, que mostrarían que el gobierno británico pudo haber ignorado señales ciertas emitidas desde la embajada en Buenos Aires sobre un inminente desembarco argentino (lo que justifica la renuncia del canciller Carrington a tres días del desembarco), a la vez de mostrar que Reino Unido contó con valioso soporte en el Chile de Pinochet, incluso con visitas de oficiales de alto rango a Londres (de incógnito) en pleno conflicto. Años después, Thatcher abogó por su liberación aduciendo que Gran Bretaña tenía una deuda de gratitud con el dictador por el apoyo brindado durante la guerra.

Otras notas de BBC ponen cierto color sobre la situación actual de Malvinas: una familia galesa que decidió vender su granja (una isla del archipiélago) porque las dificultades para sostenerla, los avances en la tarea de retirar minas en los campos que aún quedan bajo esa condición (y en tal caso si es razonable hacerlo o mantener su inaccesibilidad al humano al estar delimitados), las opiniones de los británicos sobre las islas (partiendo del gran apoyo popular que tuvieron), que si bien muestran que el público sigue apoyando en términos generales la presencia británica en estos territorios, un significativo sector de los consultados no tiene una posición sobre el tema (entre el 24 y el 30% según diferentes encuestas).

También se recuperan opiniones de los isleños en otro informe hecho en Malvinas, en contra de la soberanía argentina que incluso indagan sobre las reales intenciones del gobierno militar de 1982. Se menciona en otro reporte el libro publicado por el uruguayo Juan Ackermann y el argentino Alfredo Villegas llamado “Las Malvinas ¿Son uruguayas?” que desarrolla una tesis a partir de un tratado entre España y Uruguay en 1841. La diplomacia no ha profundizado esta línea aunque despierta indirectamente una vía de análisis: la del “estado tapón” que fue precisamente la tesis inglesa, corporizada por el legatario británico lord Strangford, cuando Gran Bretaña convención a Argentina y Brasil, tras el triunfo argentino en Ituzaingó (1827) de terminar las disputas por la Banda Oriental o Provincia Cisplatina y admitir la creación del Estado Oriental del Uruguay. ¿Explorar una “tercera vía” será política, social, logística, económica y militarmente posible?

Dejamos para el final el escándalo en Tierra del Fuego protagonizado durante 2014, por los entonces empleados de BBC Jeremy Clarkson, James May y Richard Hammond, cuando en el marco de su programa The Grand Tour trajeron a la Isla Grande autos con patentes británicas falsas, alusivas a la guerra. Se impidió por el gobierno fueguino que el programa se filme en espacios públicos y los presentadores, repudiados, se fueron de la Isla insultando a sus habitantes por diversas redes. Con el tiempo los tres presentadores dejaron de trabajar para la BBC. Pero, paradójicamente, hoy son empleados de una firma que invertirá más de doscientos millones de dólares para tenerlos entre sus programas por tres temporadas. Se trata de Amazon (aunque se despegó de los dichos de Clarkson sobre Argentina).

Al final, dan ganas de ser Maradona y hacerles, a todos, los dos goles. Los dos.

José Emilio Ortega

y Santiago Espósito

(foto de cabecera eldia.com)

José Ortega

Santiago Espósito