El “cordobesismo”: Menem, de la Sota, Macri.

Carlos Menem: su tiempo, el mundo y Córdoba (III)
Por José Emilio Ortega

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Las políticas doméstica e internacional de Menem impactaron especialmente en Córdoba. Sus vínculos con la provincia se entremezclan en los orígenes mismos de su historia de vida. Se formó en la Universidad Nacional de Córdoba y mantuvo a través de los años lealtades personales, dentro y fuera del justicialismo, en un círculo que comprende dirigentes de la más diversa extracción, figuras del empresariado, jerarcas del clero, académicos reconocidos o colegas del ámbito jurídico.

Desde 1983, su relación con la ortodoxia peronista fue importante, aunque más lo haya sido, probablemente, el entendimiento con “Pocho” Angeloz, su compañero de Facultad. Su posición de respaldo a la lista “oficial” de los convencionales justicialistas, en la elección de convencionales constituyentes provinciales de fines de 1986 (frente a la que comandaba de la Sota y que se valió del sello de la Democracia Cristiana para obtener el segundo lugar en aquél comicio), se explica mejor por esa correspondencia.

El Menem presidente, no sólo privilegió a la Provincia; estuvo atento a su rutina, su dinámica, sus instituciones más representativas. Su think tank económico más dinámico, la Fundación Mediterránea, reemplazó al provisto por Bunge & Born al inicio del gobierno, fallido al no poder contener la inflación. En el ámbito industrial, la radicación de multinacionales encontró en Córdoba a uno de sus principales destinos, en rubros muy diversos (destacando el automotriz). La expansión económica que produjo el Mercosur, también benefició a Córdoba, pues desde entonces Brasil es el principal destino de las exportaciones de la Provincia.

Carlos Menem y Ramon Bautiista Mestre.

Domingo Felipe Cavallo y Carlos Menem.

Mantuvo relaciones institucionales muy fluidas no sólo con gobernadores (el vínculo cordial prosiguió con Mestre) sino también con intendentes de toda la Provincia. Y no descuidó su vínculo con el sector eclesiástico (en especial en tiempos de Monseñor Primatesta) y su interés por la Universidad Nacional de Córdoba. A modo de ejemplo, en 1991, con el edificio de la Facultad de Derecho clausurado por peligro de derrumbe, recibió a una comitiva encabezada por el entonces Decano de la unidad académica, Prof. Rafael Vaggione, y accedió a otorgar un subsidio que los memoriosos ubican en la suma de dos millones de dólares, que financió la completa restauración de la sede de Obispo Trejo 243.

Poco tiempo después, ofrecería al propio Vaggione (finalizada su gestión en el Decanato, elegido como legislador provincial del delasotismo) un espacio (la coordinación universitaria) en el Ministerio de Educación de la Nación, que sería ocupado por Eduardo Mundet (quien fuera el segundo de Vaggione en la Facultad). El querido “Yoyo” se mantuvo hasta el fin del segundo gobierno menemista, fue un activo protagonista en las reformas educativas universitarias del período, particularmente la ley 24.521, aún vigente, y con los años llegó a la cartera de Educación en la Provincia (segundo mandato de José Manuel de la Sota).

Los gestos de Menem para con la U.N.C. no se agotarían allí. En su segundo mandato, condonó la deuda de los Servicios de Radio y Televisión para con los organismos fiscales, por más de veinte millones de pesos/dólares. La decisión fue crucial para la supervivencia del medio de comunicación.

En cuanto a los dirigentes, ubicó de entrada a miembros de su estrecha confianza, como el empresario Gostanian (titular de la Casa de la Moneda), mientras iba sumando renovadores con prudencia desde 1989 (algún actor de aquel momento recuerda la frialdad de sus apóstoles, especialmente del fallecido Corzo) Menem abrió primero la puerta a Cavallo, que había llegado al Congreso en 1987, de la mano de José Manuel de la Sota. Fue su Canciller hasta 1991, y su ministro de Economía hasta 1996. En los equipos del sanfrancisqueño, además de los cuadros de la Fundación Mediterránea y docentes de la U.N.C. (entre ellos Roque Fernández, Carlos Kesman, Carlos Sánchez), se sumó el propio Juan Schiaretti, primero en Exteriores y luego en Industria, para hacer su primera experiencia de gobierno como Interventor de la Provincia de Santiago del Estero. Por esos equipos desfilaron numerosos cuadros que a su tiempo fueron puntales de los gobiernos provinciales justicialistas que se continúan desde 1999: Oscar González (Subsecretario de Comunicaciones, Presidente de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones, Secretario de Acción Social, entre otros cargos), Germán Kammerath (Secretario de Comunicaciones), Osvaldo Giordano, Carlos Gutiérrez, entre otros.

Menem, en 1984, participó del Rally de la República Argentina, en Córdoba, con un Peugeot 504 (Olé).

Carlos Menem y Leonor Alarcia, en San Francisco, recorrida de campaña  (Diario La Voz de San Justo).

Otros peronistas cordobeses que pasaron por los elencos menemistas, fueron la incondicional Leonor Alarcia (diputada nacional y persona de extrema confianza del Presidente), Julio César Aráoz (secretario de Energía, Ministro de Acción Social, Interventor en Tucumán entre otros cargos), Alejandro Mosquera (embajador en Chile y otros destinos), María Teresa Puga (funcionaria del PAMI y participante en la normalización de la Provincia de Tierra del Fuego, junto a Matilde Menendez), Carlos Caserio (Subsecretario de Mercado y Alimentos), para nombrar algunos. Visto a la distancia, parece una contribución menor frente a diez años de gobierno y numerosas posiciones a cubrir; pero el desfile de dirigentes locales, veteranos o jóvenes, por diferentes funciones de mayor o menor responsabilidad, fue constante (se estima en un centenar) y redundó en una experiencia muy útil para los gobiernos peronistas iniciados al fin de la década. En el Congreso, figuras como Humberto Roggero (presidente del bloque de Diputados desde 1995), entre muchos otros cordobeses, sumaron un significativo aporte al oficialismo de entonces.

Finalmente, su contribución a la política cordobesa termina siendo crucial hacia el fin de su segundo mandato. La participación activa de Menem, comenzando por la inclusión en la fórmula de su “delfín” Kammerath, paradójicamente ucedeísta, suponía un final feliz para la compleja relación entre el riojano y José Manuel de la Sota. Las dificultades entre ambos, se remontaban a tiempos pretéritos. Hubo un acercamiento cuando el ofrecimiento de la embajada en Brasil: probablemente el cordobés se sintió muy cerca de su admirado Cárcano. Entre 1993 y 1995 el distanciamiento fue crítico.

Se recuerda la famosa interna de 1993 (para elegir candidatos a diputados nacionales, con tres listas, una encabezada por de la Sota, otra por Schiaretti y Roggero -victoriosa con respaldo de Cavallo- y otra liderada por Aráoz) y la fórmula para las provinciales de 1995 (Guillermo Johnson-Oscar González) que es derrotada por Mestre.

Schiaretti, Menem y de la Sota.

Menem, de la Sota, Schiaretti y Kammerath: el riojano fue decisivo para que el PJ triunfara. 

Hacia 1998, el desgaste del gobierno radical y la posibilidad de una reinvención que impactara en el propio destino político del riojano, sumada a la experiencia acumulada por muchos cordobeses en los sucesivos gobiernos menemistas, fue generando consenso y respaldo en torno a un nuevo intento de José Manuel de la Sota por alcanzar el sillón mayor de la Casa de las Tejas. La actitud de Menem fue explícita: tanto en su propia actuación durante la campaña como en el trabajo de sus referentes en la provincia. El peronismo de Córdoba alcanzó el triunfo en diciembre de 1998; la distribución de Ministerios mostró la firmeza del acuerdo. Un juez federal de la Docta, a pedido del justicialismo local, dictaminó que Menem podía ser candidato en las elecciones presidenciales de 1999.

Menem había intepretado al cordobesismo, que mudaba de piel para respaldar por más de veinte años al frente peronista-conservador que la inventiva del gobernador de la Sota denominó “Unión por Córdoba”. El riojano archivó su intento de “re-re”, apurado por el rechazo masivo a la iniciativa y complicado por el propio devenir de su larga gestión. Retaceó su apoyo al postulante presidencial justicialista, Duhalde. Cavallo hizo su propia experiencia como candidato, funcional en definitiva a los planes de Menem. Llegó el tiempo de otro cordobés: Fernando de la Rúa, y el fracaso de la Alianza que encabezó.

Tras su caída en 2001, completará el mandato Eduardo Duhalde (apoyado por Alfonsín), luego de la “semana de los cinco presidentes”. En 2003, bloqueada por el bonaerense la realización de un congreso partidario para dirimir candidaturas, la fractura del justicialismo es un hecho. Tras fracasar su propio intento de erigirse como candidato (con respaldo de Duhalde, quien finalmente elige a Kirchner), José Manuel de la Sota debe retomar las riendas de su gobierno -que había sumado complicaciones en su ausencia- y adopta una actitud cauta frente a los tres candidatos presidenciales resultantes. Menem gana en Córdoba, aunque su 28% está lejos de cifras alcanzadas en sus mejores tiempos. De hecho, el riojano triunfa en la primera vuelta electoral nacional, pero renuncia a competir en el balotaje con Kirchner, quien por esa declinación termina victorioso. En Córdoba, con el 10%, ocupa el quinto lugar que no será el “quinto escalón” del freestyle, sino una pobre performance que resintió por muchos años al santacruceño y su troupe, frente al peronismo vernáculo y cordobeses en general.

Se dice que el kirchnerismo no se entiende sin el menemismo. Cierto es que en la primera década del siglo XXI Carlos Menem era ya una figura de un tiempo anterior; como Luder o incluso Cafiero respecto a él mismo, en la década de 1980. Probablemente el tándem Duhalde-Alfonsín sean una reedición ex post, sólo destinada a cerrar un ciclo. El movimiento que nace alrededor de Néstor Kirchner y que continúa su esposa Cristina Fernández, busca contrafiguras, las necesita. “Los noventa”, el menemismo, ocupan ese espacio, que se completa con el abismo del 2001: el fracaso de la Alianza entre progresistas y radicales. Relato o realidad, el tiempo pondrá las cosas en su justo término. Paradójicamente con los años, el senador Menem se irá acercando al gobierno kirchnerista, hasta ser formalmente un miembro del Frente de Todos desde diciembre de 2019, hasta su muerte.

Alfonsin, Menem, Cristina y Macri ¿Quienes influyeron en Córdoba? Menem y Macri (Foto diario La Nación).

Aquella construcción inicial del kirchnerismo, no cala en nuestra Provincia, donde Unión por Córdoba conduce el gobierno con un perfil de centro-derecha. Sólo Cristina Fernández en su mejor momento, apoyada por el delasotismo (que además retiró su lista de diputados nacionales) en 2011, alcanzará una performance electoral importante. Tras la pésima relación institucional Nación-Córdoba del cuatrienio siguiente, Macri en 2015 pudo aquella audiencia “cordobesista”, que encontró en el líder del Pro (más que en el candidato de Cambiemos), con pasado empresarial en el distrito, al perfil de dirigente nacional que posiblemente desde los tiempos de Menem no calzaba “como un guante” con la idiosincrasia provincial; sin olvidarse de que en Córdoba, la primera escala de aquel ejercicio de tres rondas (las PASO), fue para de la Sota.

Se fue Carlos Menem, un dirigente tan polémico como determinante en los últimos treinta años de historia argentina. No son estas líneas un obituario; tampoco se pretende una reflexión acabada. Sí, un ejercicio en “caliente”, intentando recordar frente al hecho inexorable de la muerte, cómo el mundo de fin de “siglo corto”, que encontró al riojano al mando de la Casa Rosada, impactó en el país y su agenda; recortando específicamente a la provincia de Córdoba, sus dirigentes y ciudadanía, ámbito en el que el legado menemista influyó notablemente.

Por José Emilio Ortega

Portada: Ex Presidente Carlos Menem y ex Gobernador de Córdoba, Eduardo Cesar Angeloz (La Voz del Interior)