Literatura posdictadura para la generación de hijas e hijos

A 45 años del golpe cívico-militar, UNCiencia explora cómo libros, argentinos y chilenos, recrean las memorias de quienes vivieron esos acontecimientos. La investigador Laura Fandiño hace un recorrido por estas renovadas lecturas que articulan la violencia política, la memoria y la literatura.

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La literatura de posdictadura en Argentina y otros países de Sudamérica –marcada por el recambio generacional y las renovadas lecturas del pasado– realizó un giro en el nuevo milenio, a partir de la intervención de las hijas e hijos de quienes fueron protagonistas de los acontecimientos históricos de la última dictadura cívico-militar (1976-1983).

Motivada por este extenso campo de investigación, Laura Fandiño, investigadora de la Facultad de Lenguas de la Universidad Nacional de Córdoba, rastreó la dimensión afectiva de los textos en torno a la herencia política y familiar que, con matices, se diferencia de las producciones literarias de la generación anterior.

“Se trata de una literatura que comparte la necesidad de una relectura del pasado traumático como legado en el presente, cuyos autores y autoras crecieron en coordenadas históricas, políticas y culturales muy diferentes a las de sus progenitores”, define la especialista.

Sobre las razones de esta producción, Fandiño conjetura: “Los hijos e hijas de esta literatura construyeron una vida sobreponiéndose y superando el tono melancólico y de derrota imperante de la generación anterior, sin negar la base estallada por la catástrofe histórica sobre la que se asienta. Este pasado traumático y sus memorias son la herencia ineludible para esta generación”.

Los textos analizados no se caracterizan por ser un conjunto de estéticas convergentes. Son intervenciones enunciativas que pueden pensarse como una tendencia significativa en el campo intelectual y artístico con impacto en la vida cultural.

Laura Fandiño

“En cada uno de los textos, el tratamiento del legado asume derroteros diversos en función de las particularidades de cada historia de vida, de cómo es interpretada y elaborada a partir de la subjetividad de cada autor y autora”, sostiene Fandiño.

“Así, la impronta afectiva como dimensión colectiva –característica de la épica militante de la generación anterior– se desliza hacia un acento más individual e íntimo, un giro subjetivo relacionado con las escrituras del yo y las autoficciones”, completa.

Fotografía gentileza del Espacio para la Memoria y la Promoción de los Derechos Humanos ex CCD “La Perla”.

La generación de la posmemoria

La investigación de Fandiño recupera categorías y debates que provienen del Holocausto, un acontecimiento a partir del cual la memoria se convirtió en un campo definido de estudio que atraviesa las ciencias sociales y humanas.

Aun así, el enfoque propuesto por la especialista atiende las relecturas del concepto de memoria surgidas a la luz de las particularidades que tuvo el terrorismo de Estado en la región, como también a las características distintivas de la literatura de hijos e hijas en Argentina y Chile.

Para analizar estas singularidades, recurre a la categoría de “posmemoria”, propuesta inicialmente por Marianne Hirsch (1997) y que alude a las memorias producidas en el ámbito artístico por la generación siguiente a la que vivió un evento traumático.

“Se trata de una memoria de segunda generación, a la que se le asignan propiedades de fragmentarismo, mediación y conexión viva, afectiva, con el pasado. A causa de esta conexión emotiva de la segunda generación, se llega a una memoria no profesional, más bien íntima y personal”, explica la investigadora de la UNC.

Nuevos abordajes

Tapa del libro “Acomodar la vida sobre esa arena tan movediza. Las memorias de los hijos en la literatura de Argentina y Chile“, de Laura Fandiño.

A partir de la segunda mitad de la década del noventa e intensificado en el nuevo milenio, es posible advertir el dinamismo latente del concepto de memoria en las producciones artísticas, culturales y discursos académicos referidos a las últimas dictaduras de la región.

“Comencé a notar –en el tratamiento de la violencia política de los setenta– una serie de cambios y rupturas en relación con la generación anterior, pero también con lo que la mayor parte de la ciudadanía escucha y dice sobre ese periodo”, advierte Laura Fandiño.

Al comienzo de la investigación, la propuesta fue trabajar en base a tres novelas. Sin embargo, al profundizar en este campo literario, el corpus se amplió a catorce. (Ver: Corpus de la investigación)

“La novela es el género predominante, pero también me encontré con poesía y relatos que fueron un parteaguas en el tratamiento de las formas de representación de la memoria. Textos que rompen con la tradición sacralizadora de los relatos previos, la cuestionan y proponen nuevos modos de abordaje”, cuenta la autora del estudio.

“Lo primero que me llamó la atención –recuerda – fue cómo convivían en esta literatura la reivindicación del valor de la generación de la militancia, junto con la utilización de tonos paródicos y jocosos. Esta generación se permitió el uso del sarcasmo, el chiste o el cuestionamiento a las decisiones de los padres”.

Fotografía gentileza del Espacio para la Memoria y la Promoción de los Derechos Humanos ex CCD “La Perla”.

El trauma aún vigente

En el transcurso de la investigación surgieron textos donde se visibilizan las vidas de quienes son descendientes del horror, pero que no se agotan en las perspectivas de las víctimas directas, sino que se amplían al incorporar también a hijos e hijas de colaboracionistas, represores, y de familias sin vínculo directo con la dictadura.

Como vía de ingreso para organizar y recorrer este territorio complejo y heterogéneo de las memorias, Fandiño decidió recuperar la noción de series para construir diversos ejes de lectura. “Las series me condujeron a transitar aspectos que cada texto elabora de manera particular. Cada una posibilitó explorar diferentes particularidades”, apunta.

Así, “La serie de los juegos y juguetes” partió de indagar la inscripción del pasado en las dinámicas lúdicas de la infancia y en los objetos propios de esa etapa. La investigadora destaca que las recreaciones de la experiencia infantil son mediaciones clave para leer la historia traumática y su permanencia en el presente de quienes narran en la adultez.

En ese sentido, explica: “La impronta histórica contenida en la memoria de las personas protagonistas por medio de las referencias a juegos y juguetes, involucra subjetividades y cuerpos marcados por la experiencia traumática, a la que se retorna en un proceso de reconstrucción de identidad”.

En “La serie de los tonos”, se rastrean algunas entonaciones de las memorias que resultan inéditas. “Aparece en estos textos una perturbación que resquebraja la uniformidad de los relatos heredados, de los mandatos transferidos, donde la sacralización del pasado y su tono solemne predominan. Se encuentran, incluso, algunos tonos que interpelan directamente a la generación anterior y a los vínculos paterno y materno (filiales)”, detalla Fandiño.

En esta serie, se puede ver cómo el nuevo discurso recrudece y evidencia el conflicto de la transmisión intergeneracional y para ello recurren a la utilización de registros humorísticos, paródicos e irónicos.

En las series siguientes, el trabajo apunta a las perspectivas de los hijos e hijas que ocupan un lugar distinto.

De este modo, “La serie de las ¿otras víctimas?” recupera las memorias de hijos e hijas de victimarios. “Si bien la figura del represor no es novedosa en la literatura de la violencia política, sí lo es la posición de su descendencia. En este sentido, me resultaron claves algunas propuestas que plantean posturas escasamente abordadas en la literatura y sirven para declausurar un tema incómodo”, observa la investigadora.

En este apartado, quienes llevan el estigma de ser hijos o hijas de represores, redefinen su posición identitaria por oposición e impugnación del complejo vínculo familiar y, en ese proceso, cumple una función central la formación y la labor intelectual.

Corpus de la investigación: Soy un bravo piloto de la nueva china. Ernesto Semán. Argentina. Mondadori, 2011 / Pequeños combatientes. Raquel Robles. Buenos Aires. Alfaguara, 2013 / Space Invaders. Nona Fernández Silanes. Argentina. Eterna Cadencia, 2014 / Diario de una Princesa Montonera –110% Verdad. Mariana Eva Pérez. Argentina. Capital Intelectual, 2012 / Una muchacha muy bella. Julián López. Bs As. Eterna Cadencia, 2013 / Fundido a Blanco. Manuel Soriano. Montevideo. Criatura Editora, 2013 / Los topos. Félix Bruzzone. Bs As. Mondadori, 2008 / Una misma noche. Leopoldo Brizuela. Bs As. Alfaguara, 2012.

El azul de las abejas. Laura Alcoba. Argentina. Edhasa, 2014 / El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Patricio Pron. Buenos Aires. Mondadori, 2012 / Aparecida. Marta Dillon. Argentina. Sudamericana, 2015 / Formas de volver a casa. Alejandro Zambra. Barcelona. Anagrama, 2011 / Historia del llanto. Alan Pauls. Argentina. Anagrama, 2007 / La edad del perro. Leonardo Sanhueza. Chile. RandomHouse, 2014.

En “La serie de los extraterritoriales”, la autora analiza la literatura escrita desde otras coordenadas culturales y geográficas y cómo la inmersión en otras culturas se imprime de diversas maneras en los textos.

“En su mayoría son textos autoficcionales, donde el diálogo intergeneracional está muy presente. Se trata de hijos e hijas que recuperan la historia heredada, pero planteándose encrucijadas y preguntas: cómo recordar y cómo narrar la vida de sus padres y madres, quienes no pudieron hacerlo, cómo contar una experiencia colectiva de forma individual o cómo escribir la propia historia”, precisa.

En “La serie de los retornos”, en tanto, se recupera la problemática de hijos e hijas apropiados/as y restituidos/as, y la aparición de los restos de sus progenitores desaparecidos. En este apartado se presta atención a las formas en que se relata el duelo, el ritual del velorio y del enterramiento, así como las conversaciones intrafamiliares.

Para Fandiño, las experiencias relatadas en estos textos ensanchan y complejizan el campo de la memoria, visibilizando los efectos actuales de un pasado inconcluso que opera atravesando las subjetividades y la cultura. “Los textos de esta serie muestran la complejidad de los efectos devastadores de la violencia dictatorial que, a más de cuarenta años, pervive como herida sobre vidas particulares y en el imaginario cultural”, asegura.

Por último, “La serie de las familias sin historia” repara en algunas novelas que desarrollan perspectivas de personajes provenientes de “familias sin historia” o “familias sin apellido”, es decir, de familias comunes, ajenas a toda épica que no son hijos o hijas de personas desaparecidas, sobrevivientes ni de colaboracionistas o represores.

Se trata de relatos que exploran la dictadura ya no desde el núcleo duro del horror, sino desde su pregnancia y extensión en distintos aspectos cotidianos de la vida familiar, social y cultural. “Son libros que suman otra experiencia de la infancia en dictadura –explica la investigadora- y logran capturar el plano afectivo de la vivencia (desprotección, miedo, culpa), al punto que visibilizan la condición microscópica del poder represivo extendida en la cultura y la vida de toda la sociedad”.

“El caso de Chile es paradigmático –apunta Fandiño- porque no hay víctimas directas entre quienes escriben. Me pareció importante porque da cuenta de la insistencia de ese pasado en el presente. Nos demuestra que la violencia política no es un tema cancelado ni a cancelarse o un asunto de poca gente. Es un pasado que aún nos habla y frente al cual no hay respuestas definitivas sino más relatos”.

El trabajo de investigación sostiene que más allá de las diferencias enumeradas (víctimas directas o indirectas; recreaciones de experiencias de escritores y escritoras o no; relatos heredados o transmisión), estas ficciones ponen de manifiesto hasta qué punto la dictadura significa una impronta en las subjetividades de hijos e hijas y en la construcción de sus identidades.

“La triada experiencia de infancia, saber y memoria es un nodo clave en el seno de la formación generacional de escritores y escritoras (hijos e hijas) y cada texto aporta, desde su particular elaboración ético-estética, diversas maneras de leer el pasado en el presente, dinamizando el amplio campo de las memorias”, concluye la especialista.

Por María José Villalba
Redacción UNCiencia
Prosecretaría de Comunicación Institucional – UNC
maria.jose.villalba@unc.edu.ar