Sector VIP, un espacio con altos costos

Por Manuel Sánchez Adam

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La sigla VIP (VeryImportantPerson), que traducida al castellano significa persona muy importante, podría definirse de la siguiente manera: grado de exclusividad, o trato especial que se recibe por pertenecer a un determinado ámbito de poder o jerarquía. A priori, ingresar en este grupo selecto, de elegidos, es lo que la mayoría quisiera obtener, ya sea por obra del destino o por una tarea específica.

Sector Vip, la película recientemente estrenada en la plataforma Cine.ar, condensa deseos, aspiraciones de poder y frustraciones; en relación a dos historias que transcurren en paralelo y se articulan en un momento dado.

Santos (Luis Machín) es un periodista que ha tenido un considerable reconocimiento en la década de los noventa, sobre todo por su compromiso con los hechos y por poseer conciencia social, pero en la actualidad su programa de televisión Toda la verdad, no obtiene aquellos resultados del pasado; todo lo contrario, se encuentra rezagado dentro del medio y el contenido que elige para sus emisiones no vende ni genera el rating que antes obtenía.

En la otra parte de la historia, se encuentra Genny (Martina Krasinsky), una chica de pueblo que quiere cumplir un sueño: convertirse en bailarina y actriz. Con esta premisa como bandera, no es realmente consciente de los escollos que deberá sortear para formar parte de aquel mundo idealizado.

La joven participa en un concurso de bailarinas que se realiza en su lugar de origen y que, en teoría, deposita a la ganadora en un concurso provincial, pero los resultados de la elección no son los esperados para ella: Paul (Joaquín Berthold), un hombre poderoso e influyente dentro del mundo del espectáculo,no la selecciona en el primer puesto.

Al finalizar el concurso, Genny le exige al representante una explicación sobre su decisión, considerando de antemano que debería haber sido elegida y, con un grado de inocencia y arrebato, se escapa esa misma madrugada de su casa junto a Paul, quien le ofrece ser su representante en Buenos Aires. En este sentido, el filme se desarrolla según este argumento: representantes poderosos y una chica incrédula, recién llegada al ambiente artístico, aspirando a ser incluida en una marquesina de la calle Corrientes.

Luis Machín y Carlos Portaluppi

El director Eduardo Pinto en pleno rodaje (Telam)

Ahora bien, Santos, el periodista que intenta repuntar en su trabajo, se ve acorralado por la gerencia del canal y lucha contra él mismo para no caer en investigaciones de bajo rigor, de índole amarillista; no obstante, el apremio económico y la necesidad de ser nuevamente reconocido, tanto por su familia como por el mundo periodístico en general, lo llevan a ventilar una noticia turbulenta que involucra a altos funcionarios del Gobierno. El problema mayor que enfrenta Santos radica en las pruebas que tiene en sus manos, pues se trata de documentos poco confiables, todos facilitados por el mismo Paul que, por otra parte, se codea con gente mafiosa.

Dirigida por Eduardo Pinto, la trama, más allá de algunos lugares comunes y estereotipos que acrecienta, logra una intensidad desde el comienzo, con interpretaciones de alto calibre, manteniendo el vértigo desde el inicio y visibilizando la soledad y la violencia que en ese ambiente, aparentemente brillante, se vive a diario y pocos se atreven a revelar.

 

Manuel Sánchez Adam

Periodista y crítico cultural