“La alfabetización mediática e informacional es fundamental”

En diálogo con la periodista y Defensora del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual, Miriam Lewin, analizamos cómo leer la desinformación, los discursos de odio, la infodemia y los datos, el acceso a la información, el lugar de las audiencias y la perspectiva de género.

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En 2021 el tema del Día Internacional de la Libertad de Prensa fue “la información como un bien común” y puso énfasis, especialmente en el contexto de pandemia, en el rol del periodismo y de los/as trabajadores de prensa en la producción y distribución de información verificada, ética y de interés para el conjunto social.

Bombardeo informacional y mediático mediante, estos últimos meses ha estado en el centro de la escena pandémica y comunicacional, cómo conjugar la difusión de pensamiento y opiniones sin limitar el derecho a la expresión, garantizando la diversidad de voces y el empoderamiento de los sectores más vulnerados junto con el objetivo de fortalecer los valores democráticos que aseguren una vida ciudadana plena.

Sin embargo, no son las únicas preocupaciones en el debate sobre el derecho a la comunicación que en consecuencia pone de manifiesto las dificultades en el acceso en igualdad de condiciones a otros derechos humanos como la educación, la salud, el trabajo, el desarrollo de una vida digna.

–¿Cuáles son los desafíos actuales en torno a libertad de expresión desde la perspectiva de los DD.HH y del respeto a los valores democráticos? Y en este sentido, ¿cómo contrarrestar los discursos de odio que proliferan en el mapa mediático sin que esto implique habilitar cuestionamientos acerca de la libertad de prensa?

(ML): La vigencia de la libertad de expresión es uno de los pilares de un sistema democrático. Pero que se respete, implica que beneficie no solamente a quiénes tienen posibilidades mayores de acceso a un medio de comunicación, sino que se garanticen distintas miradas, que exista pluralidad y diversidad. En este sentido, garantiza que no hable solamente el fuerte, el poderoso, sino que todos y todas puedan expresarse libremente.

No hay un consenso en cuanto a lo que constituye un discurso de odio, su peligrosidad depende de quién lo exprese y la convocatoria a pasar a la acción violenta, es lo que determina que pueda ser sancionado penalmente. Sin embargo, es evidente que los grupos más vulnerados y vulnerables, por ejemplo, migrantes, diversidades, entre otros, pueden resultar silenciados y hasta expulsados del debate público cuando se los estereotipa, los estigmatiza, los criminaliza. Y en contexto de pandemia, en medio del aislamiento, la selección de un grupo como chivo expiatorio de todos nuestros males –a saber: la falta de trabajo, la inseguridad, o hasta la transmisión del coronavirus–, resulta más factible.

Por ejemplo, recibimos en la Defensoría del Público, reclamos y pedidos de asistencia de la comunidad china y de comunidades mapuches, de la comunidad romaní. En cuanto a esto, podemos decir que desde la Defensoría, siempre que el discurso de odio no implique una violación a una ley, está entre nuestras preocupaciones promover un cambio cultural y una concientización social para contrarrestarlo. Porque el prejuicio en el que se basan los discursos violentos, está basado en el desconocimiento y en la ignorancia.

–Estamos ante un nuevo paradigma comunicacional que representa al mismo tiempo un cambio cultural en los modos de construcción de los relatos sobre la realidad, ¿cuáles son tus aspiraciones y líneas de trabajo desde la Defensoría en relación a estas problemáticas?

-(ML): En el curso de nuestras vidas, y con más intensidad en los últimos 25 años, las audiencias se tornaron no sólo en receptoras, sino también en productoras. En muchos casos, los dispositivos y las tecnologías permiten la generación de contenidos con mucha facilidad. El llamado periodismo ciudadano provee de audios y videos a los canales de televisión y según los monitoreos de la Defensoría, esto constituye un porcentaje creciente de lo que se emite. Pero, ¿con qué lógicas producen las audiencias esos contenidos? ¿Reproducen las lógicas de los medios concentrados o generan nuevos relatos de la realidad, más críticos? ¿Y cuáles son los criterios que usan los grandes medios para tomar y emitir en general desde las redes sociales, esos contenidos?

En 1994, había por un lado, una gran esperanza con respecto al poder democratizador de Internet y por otro lado, una gran desconfianza por quiénes detentaban y aun detentan el poder en el sector, sus intereses y sus alianzas. Es indudable que hay un costado luminoso y otro oscuro en la potencia de Internet y de las redes sociales. Se usan para convocar a movimientos sociales a la calle, como en el caso del Ni Una Menos y también para hacer circular discursos violentos e información falsa.

Por nuestra parte, estamos desarrollando junto a UNESCO una línea de trabajo para promover la inclusión en programas de educación formal de la Alfabetización Mediática e Informacional, una vía de poner a disposición de la ciudadanía, desde edad temprana, las herramientas necesarias para navegar este nuevo mar comunicacional tan complejo y contradictorio.

-Hablamos de audiencias activas y derecho a la comunicación, de promover la pluralidad de voces y la diversidad de contenidos en términos federales pero las principales señales de TV y emisoras de radio federalizan una perspectiva de centro. Sumado a que el contexto socio-sanitario ocasionado por la pandemia exigió mayores niveles de digitalización en la producción y distribución de la comunicación, lo que visibilizó las grandes brechas de acceso a la información por parte de la sociedad. ¿Cuáles son tus preocupaciones sobre esto y cuáles son los caminos para transformarlo?

-(ML): Hay varios caminos. La promoción de la comunicación comunitaria, que está contemplada por la Ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual tuvo incidencia en sus primeros años de vigencia en cuanto a la federalización, pero muchas FM´s y canales que nacieron al calor de la ley, tienen dificultades para subsistir. Casi todas estas experiencias, se sostienen con trabajo voluntario. En la última audiencia pública de la Defensoría, se manifestó claramente este problema y se presentaron pedidos de acceso a la pauta oficial. Y debo decir que hay proyectos legislativos en este sentido. Tal vez, pensando en voz alta, habría que idear fuentes adicionales de financiamiento.

Por otra parte, la cuestión de la falta de accesibilidad a Internet es central pensarla para el ejercicio del derecho a la comunicación, que es garantía, asimismo, del ejercicio a otros derechos como educación, salud y trabajo. El Decreto 690, reconoce que tener Internet ahora es tan básico como tener agua o electricidad. Pero más allá de que este decreto determina que Internet, telefonía móvil y tv por cable, son servicios esenciales y que por ello debe facilitarse su acceso a un precio bajo, lo real es que hay zonas del país e incluso del conurbano bonaerense, que no tienen acceso. Esto, debe ser tan urgente de resolver como si no tuvieran agua.

-Este cambio cultural del que hablamos está atravesado fuertemente por el lugar de participación de las mujeres e identidades de género en los medios de comunicación, ¿cuáles son tus reflexiones sobre estas transformaciones y en qué aspectos trabajará la Defensoría en torno a la equidad en la representación de los géneros en los medios?

-(ML): Desde antes de asumir como Defensora, en mi lugar como integrante del Colectivo Periodistas Argentinas, participé en un proceso que continué promoviendo desde el organismo junto a un equipo sólido: el de la aprobación de una ley de Equidad de Género y Cupo Trans en los medios. Si las mujeres y diversidades faltamos, la comunicación no puede considerarse democrática. Desde mis inicios como periodista, el escenario no ha cambiado demasiado: seguimos observando que las mujeres estamos en la base de la pirámide, siempre lejos de los puestos de decisión y circunscriptas a un rol subalterno con respecto a los compañeros varones; dedicadas a temas «blandos», excluidas de las columnas editoriales y de opinión. Al mismo tiempo, estereotipadas en cuanto al aspecto y vestimenta en la televisión. La ley a la que me refiero, tiene ahora media sanción en el Senado, y esperamos que se apruebe en Diputados. Regirá en principio, para medios públicos, pero se piensa generar una suerte de certificación de equidad para los privados.

Otra de las garantías de que la perspectiva de género esté presente en los medios, es la promoción del nombramiento de editoras de género en medios de comunicación. Por suerte, la Argentina tiene varios ejemplos en medios gráficos y televisivos. En este sentido, desde la Defensoría, brindamos seminarios y capacitaciones sobre género para medios. Son espacios para la reflexión sobre una temática que está siempre presente en los reclamos de las audiencias al organismo. Y como nadie nació deconstruido, es muy positivo pensar colectivamente en una redacción sobre la práctica cotidiana.

–Me interesa también preguntarte sobre otra problemática y es que mientras se multiplican a nivel global los niveles de mediación en los procesos democráticos, pareciera inminente intensificar el debate sobre el rol de los medios en relación a la desinfodemia y las informaciones falsas que impactan sobre las audiencias generando dudas sobre cualquier información que reciben. Argentina viene mostrando una situación preocupante en cuanto a este fenómeno en relación a los medios hegemónicos, mientras que los medios independientes y alternativos han estado a la altura de este desafío. ¿Cómo y a través de qué herramientas garantizar una comunicación segura, eficiente y verificada entre los medios y las audiencias que fortalezca los niveles de confianza?

-(ML): Es indudable que los medios de comunicación están en crisis porque la pauta publicitaria migra hacia los territorios digitales donde es mucho más barata y está mucho más dirigida, producto de los algoritmos que permiten hablarle a una determinada audiencia muy específica. Por otro lado, la venta de diarios en papel y el consumo de televisión de aire están en franca decadencia. No hay más que mirar el raiting que tenían los canales de aires hace diez o quince años y el raiting que tienen ahora. El volumen de audiencia ha disminuido porque se ha diversificado claramente el consumo.

Es un desafío encontrar nuevas formas de financiación tanto para los medios hegemónicos, que ya lo están ejecutando de una forma muy potente, pero si queremos multiplicidad de voces y que los pequeños medios sean sustentables, que surjan portales de Internet que también sean sustentables y que reflejen esta pluralidad de voces, tenemos que pensar en formas y soluciones creativas de financiación: porcentajes de impuestos, la generación de cuotas de publicidad de pauta oficial, que ayuden al sustento de estos medios, que muchas veces se sostienen con trabajo voluntario. Ya no se puede pensar en la profesionalización de este tipo de medios o del acceso a tecnología adecuada, sino que muchas veces y más allá de las buenas intenciones, son tales medios los que garantizan la pluralidad pero terminan despareciendo porque no cuentan con recursos.

–Hablas de pensar, en el contexto de pandemia, el poder democratizador de Internet, de las audiencias como productoras de información, del poder de las redes sociales y esto ocurre en simultáneo al llamado fenómeno “extinción de los medios”, producto de la concentración y de la crisis que enfrentan los medios locales y pequeños con el consecuente impacto en la pluralidad de voces, una disminución de la conversación pública, entre otras. ¿Cuánta información sobre el coronavirus somos capaces de producir y de soportar?

-(ML):En pandemia es particularmente necesario que las audiencias cuenten con información confiable, porque a partir de allí toman decisiones referidas a su salud. Por ejemplo, si atendemos que el proceso de vacunación es voluntario y no obligatorio, la información que reciban las audiencias les permitirá tomar una decisión adecuada para que esto pueda tener impacto comunitario. Es decir, el hecho de vacunarse no es una decisión individual, sino que tiene un impacto social: cuánto menos gente se vacune, más difícil será frenar la pandemia de coronavirus.

Por esto nosotros estamos por un lado, recomendando a las audiencias, verificar la información que reciben. Y por otro, estamos construyendo y difundiendo recomendaciones para la “cobertura periodística responsable de la pandemia” en general y del “operativo de vacunación” en particular. En términos más amplios quisiera decir que la alfabetización mediática e informacional es fundamental, es decir, dotar de instrumentos a las audiencias para que puedan evaluar fácilmente si la información que les llega es verídica, confiable, está dada por expertos o esconde otros intereses. Para ello, estamos promoviendo en asociación con la UNESCO una serie de actividades que apuntan a la inclusión de contenidos referidos a la alfabetización mediática e informacional en las currículas educativas.

Por Andrea Sosa Alfonzo

https://riberas.uner.edu.ar | Foto: archivo personal Miriam Lewin