No es contra el FMI, es contra AF

La renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque oficialista y la oposición sin alternativas de La Cámpora al acuerdo, obligó al gobierno a ceder ante el macrismo.

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En las últimas horas del miércoles 9 de marzo, cuando el gobierno aceptaba las condiciones de los que (sin consultar con nadie) habían endeudado a la Argentina con el FMI en casi 45 mil millones de dólares, uno se preguntaba ¿dónde está el enemigo: adentro o afuera?.

Hasta bien entrada la tarde, el macrismo y La Cámpora insistían en votar en contra del acuerdo alcanzado para poder refinanciar los vencimientos impagables del préstamo, por razones diferentes pero con un resultado idéntico: empujar al default. Parece mentira aunque es absolutamente real…

(Finalmente el PRO bajó un cambio tras lograr que se sacaran los fundamentos del proyecto que se vota, donde quedaba claro su responsabilidad en la toma del préstamo, y la “letra chica” del acuerdo, quedando el gobierno como único responsable por la suerte de lo que viene).

Fue tal la debilidad en que quedó el oficialismo, que termina “salvando” la aprobación en el Congreso Nacional con una fórmula ideada por una de sus archienemigo/as Lilita Carrió: darle vía libre al acuerdo sin meterse en cómo hará el ministro de Economía Guzmán para cumplir. ¿Capitulación se llama?.

Hay que decir que también los legisladores del bloque federal, entre ellos los cordobeses, hicieron su aporte a fin de destrabar la cuestión.

El consenso con la oposición lo terminó hilvanando Sergio Massa, uno de los más acuerdistas con el FMI (aliado de EEUU en el gobierno, como el Jefe de Gabinete Juan Manzur) y quién es el dirigente no kirchnerista del FdT más cercano a Máximo Kirchner…

El presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, el diputado nacional Máximo Kirchner y el ministro del Interior, Eduardo de Pedro, a fines de febrero en Chubut, junto al gobernador Mariano Arcioni, en el aniversario de la ciudad de Comodoro Rivadavia. También estuvieron el presidente de YPF, Pablo González, y el director ejecutivo de Pan American Energy Group, Marcos Bulgheroni.

¿Qué quiere entonces La Cámpora para haber tenido en vilo no sólo al gobierno sobre si caíamos o no en default o si estallaba o no la economía en los meses que vienen? No es precisamente la gobernabilidad del país y ni siquiera el futuro electoral del FdT (más allá de su reducto provinciano de Buenos Aires).

De los 118 votos del oficialismo en Diputados, ante la actitud de los ultra K, AF solo contaba con la seguridad de 90 y con eso no alcanzaba ni quórum ni aprobación. Y debió conceder casi todo a la oposición frente a la defección de una treintena de ¿los propios?.

Al rechazar el acuerdo con el FMI, los camporistas y sus aliados nunca dijeron como enfrentaríamos la cesación de pagos con todas las naciones que integran el FMI (incluida la coqueteada China) ni la disparada del dólar, sin reservas para aguantar en el Banco Central. Se aferraron al discurso épico de un supuesto “antifondomonetarismo”. Obviamente inconducente.

Al parecer lo que más les interesa es desgastar al  presidente Alberto Fernández, al que consideran un “ocupa”. No es la primera vez que ocurre ¿Es que alguien se ha olvidado lo que sucedió con Daniel Scioli en la campaña del 2015, nunca digerido  como candidato a presidente por el mismo sector?.

Aquí van algunas pruebas al canto

El Frente de Todos se esmera en mostrar que es una coalición de gobierno que está pegada con mocos. Vive haciéndose zancadillas en cada área de gobierno y su parsimonia en la resolución de situaciones impostergables es moneda corriente. Ni siquiera se pone de acuerdo en cuanto hay que actualizar las tarifas de gas y luz durante el 2022,  por ejemplo.

La Vicepresidenta ventila sus críticas al Presidente en cartas públicas que son como exocets a la línea de flotación de la credibilidad y la autoridad presidencial. Y su hijo renuncia como titular del bloque oficialista en diputados porque no está dispuesto a pagar los costos que sin dudas habrá tras el acuerdo de refinanciación de la monstruosa deuda de 45 mil millones de dólares con el FMI que Macri y Juntos por el Cambio tomaron en 5 minutos sin consultar al Congreso Nacional.

Y el bombazo no quedo ahí. El impacto se amplió cuando hicieron trascender lo que Máximo le habría dicho a Alberto Fernández cuando pegó el portazo.

“Le hiciste perder las elecciones de 2017 y te ayudó a llegar a dónde estás… Y te aclaro que yo no estuve de acuerdo con tu candidatura así como no apruebo ahora esta negociación. Por eso, creo que te va a ir mejor con ella, que es la jefa de este espacio político”… le habría enrostrado cuando le adelantó que renunciaría a la jefatura del bloque, según Horacio Verbitsky, el periodista que mejor interpreta a los cristinistas.

Como si no bastara, en las horas decisivas de la negociación entre el gobierno y los equipos técnicos del Fondo, La Cámpora  sacó un video con un discurso de Néstor Kirchner, de hace una década y media, donde criticaba duramente al FMI; claro que en otro contexto nacional e internacional.

La encargada de salir a responder a la jugada del video y obviamente del rechazo de Máximo Kirchner fue la vicecanciller Cecilia Todesca, una economista de extrema confianza de AF. “Tenemos una responsabilidad de gobernar, estamos en el gobierno, no somos comentaristas de la realidad”, advirtió y aclaró: “No tenemos los 44 mil millones para pagarle al Fondo y no nos los va a prestar nadie”.

Todesca recordó lo que verdaderamente había hecho el ex Presidente con el FMI. “Hubo un acuerdo con el Fondo y hubo desembolsos. Entre 2003 y 2006, el gobierno argentino le pagó al Fondo Monetario unos 24 mil millones de dólares. Y netos, sacando los desembolsos, unos 17 mil millones”.

Graciela Treber, economista cordobesa e hija de uno de los más prestigiosos de Argentina en la materia, señaló: “Es falso de toda falsedad comparar la situación enfrentada por Néstor en 2003 con la de hoy. Néstor llegó con un default declarado con los acreedores privados, no con el FMI. Al FMI le debía solo 9000 millones, cuando pudo recomponer reservas, lo pagó todo, previo haber firmado un acuerdo bastante peor del que hoy se está tratando. Hoy cancelar la deuda no es posible por el monto de obligaciones contraídas por Macri. En 2022 vencen 19.000 millones de dólares y en 2023 vencen 20.000 millones de dólares”.

“Si bien Néstor llegó con 22 % de votos, él no defaulteo ninguna deuda. Sacó al país de ese default. Son situaciones políticas totalmente distintas. Hoy de no estabilizar la economía mediante algún acuerdo con el FMI, el peligro de caída de este gobierno es inminente y el ajuste que eso traería sobre los salarios de los y las trabajadoras es brutal”, agregó.

Respetar el resultado de la discusión

El ministro Guzman y el jefe de Gabinete Manzur, en la reunion de comisiones de la Cámara Baja.

Obviamente a los que desconocen la autoridad presidencial dentro del oficialismo (y los que disimulan pero ayudan) no les interesan los hechos, sólo les importa el relato que contribuya a sus intereses particularísimos. Y una parte de la estrategia es socabar al ministro de Economia, Martín Guzmán, y quedarse con la caja mayor.

Lo que queda claro con estas actitudes es que no se asume una idea de proyecto conjunto que supone integrar una coalición, ni se está dispuesto a respetar las mayorías en la toma de decisiones.

“Si no se hace lo que yo quiero, no cuenten conmigo… No me hago cargo de lo que no estoy de acuerdo. No creo en la ética de la responsabilidad, sólo en la ética de las convicciones (cuando me convienen)”… podrían constituir parte de un decálogo de  propósitos.

Hace muchos años, creo que en medio de una reunión con jóvenes del FREPASO, donde veía que casi todos se irían con la misma posición con la que habían llegado a ese debate, argumenté: “Hay que garantizar el resultado de  la discusión”.

Y agregué: “No hay postura más liberal (hoy seria libertaria) e individualista que irse de una discusión con las mismas ideas con las que se llegó, sin importar lo que otros enriquecieron al intercambio de ideas y mucho menos las conclusiones a las que arribó la mayoría. Tras el debate hay que salir a defender la síntesis de los pareceres como si fueran todos propios y no continuar sosteniendo en el afuera lo que a uno le parece o le conviene”.

JN