La percepción social del atentado fallido

Un 71% dice que el oficialismo y la oposición deberían moderarse.

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Los argentinos y argentinas tenemos con nuestra historia, al menos con los últimos 70 años, una relación muy particular, una relación audiovisual. Todos nuestros recuerdos políticos están linkeados a imágenes bien específicas. El funeral de Evita, el bombardeo a la Plaza de Mayo, la guerra de Malvinas, la vuelta a la democracia con el triunfo de Alfonsín y ese histórico último discurso de campaña, todos esos eventos y muchos más evocan en nuestras cabezas las imágenes de esos sucesos. Nuestra historia moderna está grabada y registrada en foto y video.

Desde hace poco más de una semana una nueva imagen se agregó a ese registro de nuestra memoria histórica y política. Una imagen trágica y violenta, que puso a la democracia misma en el filo como no sucedía desde hace décadas. Vimos, a través de la TV y todas las redes sociales, como una pistola apuntaba contra la cabeza de la Vice presidenta de la Nación.  Esos pequeños instantes filmados por muchos celulares van a permanecer en la historia. Nadie podría cuestionar esa realidad.

Lo discutible son las causales y efectos sociales y políticos de ese evento y como percibió la sociedad argentina a este atentado fallido.

Sobre ese cuestionamiento

Una primera certeza: un 93% dice estar informado sobre lo sucedido. Pocos eventos en nuestra historia reciente logran ese nivel de conocimiento público. Hay que decirlo sin lugar a dudas: durante los últimos diez días, el país entero no habló de otra cosa.

El 55% cree que el atacante fue parte de una organización o conspiración. Solo un 15% adhiere a la tesis del “loco suelto”. La sociedad acompaña así la que es a estas horas la principal hipótesis de la justicia en la investigación del atentado.

Sin embargo, un 71% no tiene confianza en que la justicia vaya a esclarecer lo sucedido. El Poder Judicial tiene aquí un desafío enorme, que probablemente afecte su credibilidad durante los próximos años o incluso décadas. Las distintas desprolijidades que surgieron al respecto de la investigación, como el formateo del celular del atacante, sin dudas contribuyen y alimentan esta desconfianza.

La investigación judicial y los discursos políticos parecen estar corriendo por carriles separados. Lo que en las primeras horas parecía ser una oportunidad de unir a nuestra clase política y generar nuevos acuerdos democráticos, rápidamente se transformó en otro hecho diluido por la polarización. Todos los sectores se refugiaron en sus núcleos duros.

Eso se ve reflejado también en la opinión pública. Cuando se le pregunta a la sociedad por la responsabilidad y la madurez de los distintos sectores políticos ante el atentado, la mayoría responde de acuerdo a sus sesgos e identificaciones partidarias: quienes votaron por el FDT ven en el oficialismo más madurez y quienes votaron por JxC tienen el mismo sesgo hacia sus representantes. Solo un dato puntual parece romper esta inercia. Cuando se le pregunta a la opinión pública que sector influye positivamente para neutralizar y disminuir los discursos de odio, la primera opción en aparecer es “ninguno” con un 32%.

La sociedad mira el atentado a través de sus sesgos ideológicos, pero eso no evita que también demanden pacificación y acuerdos democráticos. La Argentina sigue esperando de sus políticos que sean capaces de normalizar el debate público.

Un 71% dice que tanto el oficialismo como la oposición deberían moderarse luego del atentado. Un porcentaje prácticamente idéntico afirma que se debería firmar un acuerdo de convivencia democrática. La polarización, aunque exacerbada y agresiva, no elimina el carácter democrático de la sociedad argentina. Ese es un límite que aún no cruzamos, aunque no debemos dejar de alertar que el debilitamiento del debate político y el debilitamiento de la conversación publica ponen en serio riesgo esta democracia que con tanto dolor y esfuerzo cívico supimos conseguir

Sin embargo, no cruzar ese límite, es algo que debe garantizar la política, no la sociedad. Esa es, desde nuestra humilde mirada, la principal reflexión que estos datos deberían dejarnos.

#DomingodeDatos

(Newsletter de investigación de la opinión publica de Argentina / Zuban Córdoba y Asociados)